Morir matando: el TTIP y la culminación de la política neoliberal en el Parlamento Europeo.

Antonio Murillo. Analista político.

Europa está en una contradicción: Unos haciendo referéndums y otros, a la vez, cerrando acuerdos transnacionales a espaldas de todos. Y la cuestión de fondo refleja las dos caras del dilema, es decir, el de la soberanía nacional y popular. La tradición liberal siempre se ha sentido satisfecha con las votaciones cada cuatro años, entendiéndolas como meros trámites para alcanzar un poder total. Mientras, otros, partimos de una condición de subsistencia: necesitamos más democracia.

El pasado miércoles 8 de julio coincidió en la cámara del Parlamento Europeo la aprobación del acuerdo comercial con EEUU (TTIP por sus siglas en inglés), y la visita del Primer Ministro Alexis Tsipras, tras su triunfo democrático en el referéndum griego. La ironía está servida, más aún cuando lo segundo dejó en la sombra mediática la votación del acuerdo transnacional.

Negociación ficticia: Apoyos y críticas.

El presidente del Parlamento, Martin Schulz, decidió posponer la votación sobre el acuerdo comercial por falta de consenso respecto a los tribunales de arbitraje para disputas entre inversores privados y Estados (el llamado ISDS). La actualización de los diputados del  partido progresista europeo, el S&D, consiste en la creación de un tribunal internacional de comercio, planteado en un lenguaje ambiguo y que no resta a la idea de que se está creando un organismo de justicia por encima de la justicia nacional de los Estados afectados.

A favor del tratado transatlántico de libre comercio están los 436 eurodiputados del Partido Popular Europeo, el S&D (integrado por los eurodiputados del PSOE, que votaron a favor) y el grupo ALDE (donde se integran Ciudadanos y CiU, a favor, y UPyD, que se abstuvo).

En contra, 241 parlamentarios, compuestos principalmente por los ecologistas y la Izquierda Europea (GUE/NGL), a la que pertenecen formaciones como Podemos e IU. “El Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU es un ataque del gran capital a las democracias estadounidense y europea”, señalaba meses antes Lola Sánchez, eurodiputada de Podemos. A pesar de los intentos de los socialistas por explicar que están en contra del polémico ISDS, la diputada de Podemos afirmó que “ese compromiso es una gran mentira y nace muerto, ya que Estados Unidos ha declarado que no acepta un tribunal público en lugar del ISDS. Intentan lavarse la cara, pero siguen vendiendo la democracia, incluidos sus escaños”.

Lo que nos viene por delante: desempleo, daños al medio ambiente, a la protección de los consumidores y rebajas en derechos sociales y laborales.

Entender la economía como algo ajeno a la política tiene sus consecuencias. Y es que, al igual que el caso del referéndum griego, en la aprobación del TTIP está en juego mucho más que un acuerdo de libre mercado entre dos regiones económicas. Si finalmente es aprobado el TTIP, la soberanía nacional se vería tan socavada por los intereses comerciales de las multinacionales, que poco importaría quién saliera elegido en las próximas Elecciones Generales.

Desde la Campaña del NO al TTIP , señalan al menos tres puntos preocupantes sobre el tratado:

  • La falta de transparencia y de procedimientos democráticos, lo que hace imposible a la ciudadanía y a la sociedad civil seguir las negociaciones para garantizar que los intereses públicos están siendo protegidos.
  • El capítulo propuesto sobre protección de inversiones y en particular la inclusión de una disposición sobre el mecanismo de Solución de Diferencias entre el Estado y el Inversor (ISDS).
  • La creación de nuevas estructuras antidemocráticas de gobierno, y de procedimientos que tienen como objetivo “armonizar las regulaciones” como el Consejo de Cooperación Regulatoria. Estas estructuras permitirían que las decisiones tomadas en el marco del TTIP sean constantemente presionadas en secreto por burócratas no electos y grandes lobbies empresariales.

Los detractores del TTIP temen que al aumentar la competencia con EEUU, los derechos laborales, más consolidados en la UE, se resientan. Al fin y al cabo Estados Unidos solo ha ratificado dos de los ocho convenios básicos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El tratado, además, amenaza a importantes principios y protecciones existentes en salud pública, así como la protección de otros servicios públicos que pueden entrar en un proceso de privatización.

Aún queda por ver que ocurrirá finalmente. La posición del Parlamento Europeo no tiene carácter vinculante para los negociadores, pero su aprobación final es un paso necesario para que el proyecto transnacional salga adelante. También, en su caso, de tumbarlo.

Pensar, Disputar, Construir

  1. Conozco a personas, DE PENSIENTO SOCIALISTA Y HUMANISTA, que TODAVÍA no ven AMENAZAS con todas estas AGRESIONES UNIVERSALES.
    Recibirán COPIA.
    Y allá sus CONCLUSIONES.

    Salud y GRACIAS, coherentes.

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