El catedrático Gil contra los ultracuerpos soberanos

Suena el despertador en la casa del catedrático Gil y se plantea que “es hora de tomarse en serio lo que hasta ahora parecía un hatajo de aficionados con la cabeza llena de pájaros”. No, no se refiere al gobierno que socializó el plasma, además de la deuda privada. Este será lo que sea, pero no son aficionados y los pájaros los tienen en los ministerios. Se refiere a estos que se creen con derecho a hacer política sin borrarle la pizarra al catedrático; los del círculo y el Demos, los morados, vaya. Más vale gaviota en mano que cien volando.

“Pueden ganar”, se preocupa Gil. Así que se toma el trabajo de ilustrarnos sobre los peligros que esto acarrearía. Que no, que no se refiere a una eventual reelección del PP. Está hablando de aficionados, no de profesionales, de gente seria, bien vestida, con clase. Gente con la que, llegado el caso, uno siempre se puede entender.

Tras describir los tres principales marcos (frames, nos aclara) del Partido del Hatajo de Aficionados con Pájaros en la Cabeza (en adelante, PHAPC), el catedrático Gil nos ilustra con las dos principales contradicciones de la formación morada. Veamos.

La primera es que, para pretender ser regeneradores de la democracia, “a juzgar por la ocupación del poder que realizan los nuevos ayuntamientos podemistas, sus actuaciones pasan por la decidida politización de sus órganos, a los que se llega a intervenir con una suerte de comisariado político para que impulse y vigile el cumplimiento del programa justiciero y rescatador, lo que resulta agravado por la depuración del personal desafecto y la cooptación de personal afín”.

Por fin alguien que dice lo realmente importante. Ni los tuits de Zapata, ni Rita y sus capillas, ni la web en Versión Original bolivariana: la invasión de los ultracuerpos podemistas que corroe las instituciones. ¿Que no presenta ni un dato, ni un ejemplo, ni un nombre propio? ¿Que el diario global no se los pide y le publica igual? Bueno, hatajo de aficionados lectores, estamos ante gente de confianza, institucional, que sabe lo que hace. Ingratos: imaginad en qué pozo de atraso estaríais todavía de no ser por la labor modernizadora que os han regalado.

La segunda contradicción del PHAPC es “la tentación soberanista”. “Se dice que para regenerar la democracia hay que devolver a los ciudadanos la soberanía popular, hoy hipotecada por su sumisión al poder no electo de la troika y los mercados.” Esto es muy bonito en teoría, pero tiene consecuencias paradójicas, dice el catedrático Gil. En democracia, la soberanía tiene que estar controlada por autoridades externas para que se cumpla la ley. Por eso “desafiar esa disciplina externa implica recaer en la degeneración democrática, pues todo poder sin control tiende al abuso de poder, por regeneracionistas que sean sus pretensiones justificadoras”. Buen punto. Ya está bien: a ver si en nombre de la soberanía popular nos vamos a cargar los mercados. No hay nada peor que el no cumplimiento de la ley. Esto no es Venezuela.

Pensar, Disputar, Construir

Deja un comentario