Política dormida y activismo despierto

Nadie que haya conseguido al menos un éxito defendiendo a la gente podrá decir que la política no es una bella profesión, al tiempo que muy dura. Sin duda, a esto se refieren dos militantes del PSOE en un interesante texto (“Se llama política”), publicado el 18 de julio.

En él, se reprocha a los militantes de Podemos haber diferenciado entre «activista» y «político», y entre «activista» y «casta». Sin embargo, jamás se ha llamado «casta» al PSOE ni, en realidad, a ningún partido político, puesto que «casta» refiere a quienes se aprovechan del sistema para vivir desproporcionadamente bien a costa del pueblo. Un currante de cualquier partido político que vive con lo puesto no es casta. Y merece respeto.

La diferencia con el activista ya es más delicada. Podríamos decir que los activistas han vivido y siguen viviendo sin la gran maquinaria de un partido o de un sindicato, y siempre a pie de calle. El activista surge del olvido del sistema, a diferencia del político profesional.

No dudamos de que haya activistas en el PSOE, además de malos y buenos políticos; aunque, salvo excepciones, les hemos echado demasiado de menos en la asamblea del hospital, de la fábrica, del colegio… Y les hemos visto aceptar demasiado la transformación de sus compañeros «activistas» en consejeros de administración de grandes empresas.

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