La Lucha por el Centro

La última encuesta de Metroscopia para El País (de 26 de julio de 2015) incide en la construcción de dos ideas básicas: 1) Los españoles son mayoritariamente de “centro” y 2) Los partidos de centro son PSOE, de centro-izquierda, y Ciudadanos, de centro-derecha, mientras que Podemos y PP quedarían escorados a izquierda y derecha respectivamente. Hay otras ideas secundarias, pero importantes: el eje izquierda-derecha es el que sigue sirviendo para dibujar la realidad política; Pablo Iglesias es visto como un líder radical, mientras que Pedro Sánchez y Albert Rivera son moderados; Rajoy y Mas son vieja política, pero Sánchez no; IU sigue viva y merece la pena votarla, etc., etc. PRISA, en suma, sigue trabajando en su proyecto, que probablemente es el de las élites económicas del país, de conseguir en las generales un gobierno de coalición entre PSOE y Ciudadanos, que cambie un poco para que todo siga siendo lo mismo. Las votaciones en la sesión del pasado 23 de julio en la Asamblea de Madrid, en las que Ciudadanos votó en contra del PP o se abstuvo, permitiendo que se aprobaran importantes Proposiciones No de Ley instando al Gobierno Autonómico a la bajada de tasas en FP, Educación Infantil y Universidad, a que se paralice la implantación de la LOMCE y a que se implante universalmente la tarjeta sanitaria, parece que van en la misma dirección de una coalición de centro que renueve el agotado mandato del PP y, al tiempo, desactive la fuerza realmente renovadora de Podemos.

Pero, en realidad, lo que querríamos comentar en este artículo es la idea de que los españoles somos de “centro”, base de todo el proyecto de pseudorrenovación política desde las élites. ¿Somos realmente así los españoles? Y si lo somos, ¿qué quiere decir esto? Habría que aclarar que, en realidad, según muestran sólidos estudios sociológicos, la noción “centro” está cambiando desde hace unos años, incluyendo en el “sentido común” elementos que hasta hace poco se consideraban de “izquierdas”: la defensa de los servicios públicos, y especialmente de los servicios sociales; una actitud crítica hacia la Europa del capital y sus recortes, es decir, una actitud contraria a las políticas de austeridad; el rechazo radical de la corrupción política y social; la necesidad de una efectiva equidad fiscal; la valoración positiva de la colaboración y no de la competitividad y el individualismo; la defensa de la naturaleza; la igualdad entre el hombre y la mujer, también en el mundo del trabajo; etc., etc. Si todos estos “valores” de “centro” se materializaran efectivamente, el sistema político y económico de nuestro país, y de nuestro continente, cambiaría en profundidad, y no sería viable en su actual formulación. Lo curioso es que este sistema está en tal decadencia que, hoy por hoy, ser de “centro” es revolucionario. Así que PSOE y Ciudadanos, si triunfa el proyecto de las élites económicas, tendrán que enfrentar enormes contradicciones entre la espada de las exigencias de Bruselas y los poderes económicos que los amparan y apoyan, y la pared del “sentido común” de “centro” que gracias al 15M y las Mareas, primero, y a Podemos, después, sigue siendo cada vez más mayoritario.

La lucha, por tanto, no es solo la lucha electoral sino también, al mismo tiempo, la lucha ideológica por definir qué es el “centro”, como han explicado los ideólogos de Podemos. En este sentido, en los próximos años nos enfrentamos a una lucha ideológica fundamental que definirá el futuro de los pueblos del sur de Europa. Si estos pueblos admiten la lógica de los recortes y la austeridad, de la privatización de los servicios públicos y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, del individualismo y la competitividad, etc., entonces se habrán convertido en pueblos colonizados, pueblos que no se saben concebir como entidades libres e independientes y se reconocen tuteladas por un poder superior al que necesitan, del que dependen, en este caso el poder de las finanzas internacionales y de las grandes empresas multinacionales. Si, en cambio, los pueblos de Europa entienden que el “centro” implica mantener los valores de la “cosa pública”, y complementarlos con valores de colaboración, de desconexión con las fuentes del capital, de conciencia ecológica cada vez más acusada e intensa, de desprecio del consumismo, etc., entonces se irán constituyendo realmente como pueblos libres e independientes. Y es la lucha por este “sentido común” la que, junto a la lucha electoral, debemos mantener activistas y militantes, y todas las personas que crean en la posibilidad de una vida justa, amable y sostenible.

JUAN VARELA-PORTAS DE ORDUÑA

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

  1. Hola Juan. ¿Y tú por qué mantienes asignaturas sin docencia en italiano? ¿Para ayudar a la Universidad?

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