Cocinando encuestas y tendencias

Es evidente que existe en la actualidad una lucha enconada por parte de los poderes fácticos y políticos, que gobiernan buena parte de los medios de comunicación tradicionales, para preservar el bipartidismo y evitar el auge de nuevos partidos. O, más bien, para perpetuar las condiciones que les son favorables en un sistema tocado y casi hundo por la corrupción, el despilfarro y la ineficiencia.

En los últimos meses, hemos podido ver fallos relevantes en la creación de encuestas, que bien pueden ser explicados desde el punto de vista de la psicología, más que desde una perspectiva sociológica.

Las cifras infladísimas que situaban a Ciudadanos, un partido que partía de la nada a nivel estatal, como una fuerza increíble que se proponía, en apenas un mes, como contrapartida a Podemos, la supuesta recuperación del PP antes de las elecciones autonómicas, el triunfo holgado del PP en el Ayuntamiento de Madrid…

Sin embargo, para comprender esto hemos de remontarnos a estrategias de manipulación mediáticas destinadas, no a analizar la tendencia de voto, sino a crear tendencia de voto. Son planos bien diferentes.

El análisis de tendencia de voto utiliza herramientas objetivas de corrección de datos, busca mostrar la tendencia poblacional y se podría comparar con la observación naturalista del método científico, en la que el investigador sigue una metodología que busca minimizar su impacto sobre el hábitat natural, en este caso, la población y su intención de voto.

En cambio, la creación de tendencias se basa en dirigir el voto de la población, mediante estrategias de manipulación y generando un impacto directo en el hábitat estudiado. No existe método científico de observación imparcial de la realidad, sino que se trata de crear una nueva realidad.

En su momento escuchamos a la banca decir aquello de “hay que crear un Podemos de derechas”. Ante este hecho, se buscó un partido y, sobre todo, una figura con posible repercusión mediática que de pronto inundó los medios y apareció en las encuestas como una fuerza imparable. Hablamos, por supuesto, de Ciudadanos, el partido de Albert Rivera.

La mayor parte de las personas emiten un llamado voto útil; procuran que su voto sirva a un propósito, que tenga posibilidades de gobierno o, cuanto menos, la opción de hacer presión en un posible gobierno. Ante la irrupción de un modelo que no era favorable a las grandes fortunas, se buscó crear una tendencia de voto que fuera útil, inflando en determinados momentos las posibilidades reales del partido de Rivera, que en encuestas más fiables no lograba la posición que se le otorgaba en diversos estudios con muestreos escasos y de mínima validez estadística.

De esta forma, se logró generar la percepción de que el voto a Ciudadanos era en realidad un voto útil, creando una tendencia al alza de voto antes inexistente.

Algo parecido ocurre al situar en la radicalidad el modelo de Podemos, similar en el programa a partidos socialdemócratas que gobiernan en países de toda Europa con grandes resultados. En este caso se busca crear la tendencia opuesta o destruir una tendencia perceptiva. Ante el posicionamiento de Podemos, evitando las etiquetas de la política tradicional, la prensa y las encuestas procuraron situar al partido de Pablo Iglesias en el ala de la “extrema izquierda”, utilizando ese lenguaje incluso en informativos y telediarios supuestamente rigurosos.

Podemos observar también estas tácticas en el intento por frenar la caída del PP y el PSOE, al aparecer en determinadas encuestas con resultados mucho mejores de los que a la postre sacaron, especialmente en el ámbito municipal, y al buscar reforzar la imagen del líder del PSOE, Pedro Sánchez, creando la imagen de un personaje alejado de la política tradicional, a pesar de tratarse de un político de carrera que había tomado decisiones en organismos económicos culpables de la crisis (cajas de ahorro).

Existe una estrategia de manipulación política aplicable a las encuestas. Se trata de distorsionar la información y repetir una y otra vez datos que no se ajustan a la realidad, creando un mantra que finalmente distorsiona la propia realidad y crea una nueva tendencia.

Desde principios del presente año, hemos podido observar ese comportamiento de forma recurrente en diversas encuestas, especialmente encargadas por medios de comunicación afines al PP o al PSOE.

Por otra parte, tratar de ubicar a nuevos partidos políticos en un extremo del espectro político logra también cambiar la tendencia, algo en lo que  están ayudando las últimas encuestas. Sabiendo que la lucha por el gobierno se encuentra en la centralidad, marginar o radicalizar la imagen de partidos emergentes busca el objetivo de ponerles fuera de juego y evitar que la intención de voto de personas menos politizadas derive hacia partidos menos afines al régimen.

Es interesante cotejar  información sobre manipulación de masas (Chomsky, premio Nobel, ha explicado tácticas comunes) y comprobar cómo en las elecciones generales de la mayor parte de los países, esta manipulación se extiende a las encuestas (en la elección de Richard Nixon, tuvo mucho que ver la creación de una tendencia con la política de indultos penitenciarios).

Por supuesto, existen encuestas más fiables, pero éstas finalmente se ven afectadas por la creación de nuevas tendencias elaboradas por encuestas sin validez ni fiabilidad estadística que, sin embargo, obtienen una cuota de promoción en los medios desproporcionada. Ante esta metodología acientífica y que busca el impacto en los resultados finales, la responsabilidad de los medios debiera ser eludir encuestas partidistas o encargadas por empresas con intereses electoralistas.

Por desgracia, es mucho lo que está el juego, y los poderes económicos y políticos buscan la perpetuación de sus prevendas y contratos económicos a largo plazo. Considerando el dinero que otorga un contrato urbanístico en un pequeño ayuntamiento, encargar la cocina de encuestas parece un gasto menor.

Pensar, Disputar, Construir.

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