Sin nosotras no hay democracia

Clara Serra

Publicado en eldiario.es el 28 de Enero 2015

Cuando presentamos Podemos hace ahora un año muchos no lo entendieron. Y es que no elegimos el camino fácil. Nunca hemos cedido a la comodidad que supone resguardarse detrás de etiquetas ideológicas. Tenemos la firme convicción de que compartimos con la gran mayoría de la gente nuestros principios, aunque no tengamos siempre las mismas etiquetas. Éste fue nuestro diagnóstico, y lo cierto es que nuestro corto año de vida nos ha dado la razón. Por más que el nuevo tablero resulte incómodo para quienes –ya sea para defender el status quo, ya para hacer oposición– siguen anclados en la vieja política, resulta ser un tablero donde no cabe la resignación y sí la esperanza.

Precisamente porque éste es nuestro camino, conocemos sus dificultades. Sabemos bien que el baile de disfraces de las etiquetas ideológicas es infinitamente menos problemático que la pugna cara a cara con la necesidad de transformar nuestra realidad. Y ésta no se transforma con banderas. La realidad es, muchas veces, fea y terca. No la cambiaremos con brindis al sol ni peroratas identitarias. El momento político requiere astucia, cintura, agilidad y muchas ventanas abiertas. Entendemos que desde el calor, tan reconfortante como paralizante, de las etiquetas convencionales esto se quiera juzgar como ambigüedad, pero nuestros principios y líneas rojas no se negocian. Cada paso que damos nos permite demostrarlo.

Los compañeros de Syriza, cuya histórica victoria celebramos el conjunto entero de la Europa del cambio, han presentado un equipo de gobierno sin mujeres al frente. Todos los ministros son hombres y la etiqueta “izquierda radical” –verdadero bálsamo de fierabrás contra las ambigüedades– por desgracia parece no haber servido de mucho en este caso. En Podemos estamos convencidos de que si la política no la haces, te la hacen. Y nosotras sabemos demasiado de que otros te hagan la política. No necesitamos viejas banderas para defender lo que es de sentido común: que no habrá democracia mientras quienes estén igualmente obligadas a cumplir las leyes no sean igualmente partícipes a la hora de discutirlas y decidirlas.

El de la igualdad es un compromiso firme, nítido e insobornable de Podemos, con el que no sólo nos hemos comprometido programáticamente sino también materialmente. Porque creemos en la igualdad, sabemos que allí donde la política la hacen los hombres y no las mujeres, ello no puede responder sino a determinadas inercias y dinámicas que es preciso corregir. Porque sabemos que esas inercias nos atraviesan a todos, hemos hecho de la igualdad una línea roja organizativa, apostando por listas en cremallera y paridad en los órganos. No somos perfectos: porque somos reales. Seremos mejores: porque el proyecto de país que queremos y que compartimos con la inmensa mayoría de la ciudadanía es bueno y merece el esfuerzo.

Avanzamos paso a paso, pero caminamos con la convicción de que la discriminación de las mujeres no solo es injusta, es también ineficaz. Un Gobierno donde estemos todos es el único que puede garantizar que la totalidad de las demandas sociales se sitúe dentro de la agenda política. Somos también nosotras quienes sufrimos los dolores de estas políticas salvajes y quienes, además, los sufrimos de forma más silenciada. Las que vivimos en el interior de los hogares los efectos del saqueo de nuestras guarderías, nuestros colegios, nuestras residencias, nuestros hospitales y nuestros trabajos tenemos mucho que decir. En nuestra ausencia y nuestra invisibilidad nos jugamos la ausencia de unos dolores que todos tenemos que nombrar y señalar. Lo que está en juego, materialmente, es la democracia.

La realidad la vamos a cambiar –ya la estamos cambiando– todos y todas juntos. Palmo a palmo, día a día. El punto de partida no lo hemos elegido, pero sí elegimos el sentido de nuestros pasos. No va a ser fácil, no podremos solos, pero vamos a acabar con la Europa del austericidio, y vamos a acabar con la desigualdad de género. Ya no van a hacer política por nosotros, ya no van a hacer política por nosotras.

Podemos decir con orgullo que el “nosotros” del que formamos parte Syriza y Podemos no es fruto de ninguna etiqueta, sino de la convicción de que ambas organizaciones se han revelado, junto con muchos más actores políticos y sociales, como las mejores herramientas ciudadanas para cambiar Europa. Y este “nosotros” es crítico, autocrítico y constructivo, porque tenemos todo por delante y no nos podemos permitir menos. Este camino es áspero, a menudo confuso; requiere audacia, fortuna, decisión y firmeza en los principios. Son éstos, junto con la ilusión de la gente –ésa que ya, por fin, ha cambiado de bando, en España y en Grecia– lo único innegociable en nuestro camino.

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