“Un día perfecto”: la decisión política como educación sentimental

Javier Franzé

“Un día perfecto”, de Fernando León de Aranoa, tiene muchas virtudes. Quizá la más interesante es lo bien que muestra el carácter dramático e incesante de las decisiones políticas. La historia narra la odisea de cuatro cooperantes, en los días del final de la guerra en la antigua Yugoslavia, para quitar un cadáver que alguien ha arrojado a un pozo de agua para contaminarlo. Esto les llevará por carreteras estrechas, polvorientas y minadas, para conseguir una soga con la que levantar el cuerpo del pozo. Será un derrotero eslabonado con pequeñas decisiones cruciales, muchas a vida o muerte. Decisiones que parecen personales pero en verdad revisten carácter político, por su fisonomía y sus consecuencias.

Ese derrotero representará una suerte de educación sentimental en el drama que es no ya la guerra, sino la política cotidiana misma, para una joven cooperante francesa recién llegada al conflicto. Su tendencia inicial es al “principismo”, entendido como defensa irrestricta e intransigente de sus valores. Ello traerá en ocasiones consecuencias negativas… para esos valores. De a poco, ella se va dando cuenta de la necesidad de calcular que la bondad de una decisión no reside sólo en el valor que la inspira, sino en los efectos que tendrá para ese valor, pues aprende duramente que —como decía Weber— del bien no siempre resulta el bien, ni del mal, el mal.

La cooperación internacional ha abierto la posibilidad de esta experiencia en la decisión política para un gran contingente de jóvenes que no encontraban en la vida política de sus países un lugar donde participar. ¿Qué habría sido de la cooperante francesa si no hubiera tenido la posibilidad de entrar de lleno en el escenario del conflicto? Probablemente no habría accedido a esa educación sentimental en la política, quizá se habría refugiado en ese “principismo”, quedándose así fuera de la vida política.

Mucho de esto viene ocurriendo en la vida política española en particular, y europea en general. La concentración del poder político en élites, la despolitización de la vida pública y la creciente privatización de los imaginarios colectivos han impedido a la mayoría de los ciudadanos acceder a una experiencia que hace de alguien un político, en el sentido cabal del término.

Si bien la relación entre representación política y participación no está exenta de tensiones, precisamente por ello el grado de democratización de la vida colectiva debería residir también en las posibilidades que los ciudadanos tienen de acceder a la experiencia de toma de decisiones, al drama sin tregua que ésta representa en términos de consecuencias paradójicas, incertezas e imposibilidad de realización absoluta de los valores que las inspiran.

Quizá no se ha tomado suficientemente en cuenta en qué medida el 15M como plataforma, y especialmente nuevas formaciones políticas como Podemos entre otras, han permitido que un amplio contingente de ciudadanos, especialmente jóvenes, puedan realizar tal experiencia. Resulta significativo ver cómo muchos debates y diferencias dentro de Podemos, y entre Podemos y otras organizaciones cercanas, tienen que ver con esta educación sentimental. Probablemente muchas discusiones estratégicas (la de la secretaría general colegiada o única en Vistalegre, la de presentarse o no en todas los distritos en las elecciones municipales y autonómicas, la de conformar un frente de izquierda o no, y la de concurrir con la sigla Podemos en las nacionales) se comprendan mejor a la luz de esta weberiana tensión entre ética de las convicciones y ética de la reponsabilidad.

También a la luz de estos problemas se comprende mejor el significado de las campañas de acoso y derribo a que se ven sometidos muchos representantes de las nuevas formaciones políticas emergentes al llegar a sus cargos, o incluso antes. De lo que se trata es de amedrentar a los ciudadanos que acceden a la experiencia de la política para que desistan de tal empeño, reforzando la distinción entre minorías “profesionales” y mayorías “profanas”.

“Un día perfecto” es una gran película política. No porque trate de un conflicto histórico, sino porque muestra con sencillez el duro drama de la política. La ironía que anida en su título es el mejor ejemplo de ello.

  1. […] Texto publicado originalmente en #ElDesperttador: Análisis de medios y actualidad política […]

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