Nación de contradicciones

Las contradicciones de una reflexión pueden ser parte de la riqueza de ésta. También pueden, a pesar de su primera apariencia, tener un hilo rojo. Parece ser el caso de este artículo publicado por El País sobre el nacionalismo catalán y el español:

  1. No hay nación catalana porque siendo el comportamiento político “cuantificable” (SIC), son menos los nacionalistas en Cataluña que los no nacionalistas. No obstante, España es una nación de naciones, porque la mayoría de los catalanes compatibiliza el sentimiento nacional español y el nacional catalán.

  1. Hay un “dominio progresivo de la nación excluyente, tanto en Euskadi como en Cataluña” y si bien el ministro Catalá muestra con sus declaraciones sobre la imputación de Mas “que el poder judicial es un simple instrumento del Gobierno de España”, no obstante “no caigamos en el tópico de que el ‘españolismo’ actúa con idénticas intensidad e irracionalidad [que el catalanismo]. España es hoy una nación débil”.

  1. El nacionalismo catalán es minoritario, pero lleva adelante la “destrucción de la nación” española.

El lío apenas disimula el hilo rojo: lo que hace el Estado español en manos de un partido conservador, católico y españolista, se imputa al “gobierno” o al “ministro”, porque España es una nación débil, mientras lo que hace el Estado autonómico de Cataluña se atribuye al “nacionalismo excluyente” catalán.

En la misma dirección, la nación catalana es débil en términos de legitimidad, pero muy fuerte como Estado, ya que es capaz de destruir la nación española. Y viceversa: el nacionalismo español es débil para defenderse de tal amenaza, pero no obstante fuerte por su legitimidad…

¿No sería más coherente con la idea de “nación de naciones” afirmar la legitimidad de ambas y escuchar qué tienen para decir los afectados acerca de sus preferencias, ya que la “conducta política es cuantificable”?

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