Ciudadanos en Madrid: la vieja política pintada de nueva

Los medios no paran de hablar del “partido emergente” que tanto gusta a los grandes empresarios y a los tertulianos de derechas: Ciudadanos. Gracias al periodo de cambio iniciado por diversos movimientos sociales y que en el panorama político cristalizó con el surgimiento de Podemos, Ciudadanos ha conseguido hacerse pasar por un nuevo partido que quiere regenerar la política española, haciendo caer en el olvido el hecho de que este partido de nueve años de edad ya ha gobernado en diversos Parlamentos plegándose siempre a los intereses de la vieja política y, concretamente, del Partido Popular. Sin embargo, las caras guapas y jóvenes de sus dirigentes, su imagen fresca y su discurso de regeneración han hecho que a muchos se les haya olvidado este hecho.

Pero nada más lejos de la realidad. No hay más que fijarse en una ciudad como Madrid para ver que las prácticas del partido son curiosamente similares a las de esa vieja política que dicen quieren hacer desaparecer. Tanto los entornos sociales por los que los siete concejales madrileños de Ciudadanos se mueven como su praxis una vez llegados a las instituciones parecen querer avisarnos de que algo no es como nos lo están vendiendo y que deberíamos mirar más allá.

No es casualidad que la forma de vida de la cabeza de la formación en Madrid, Begoña Villacís, bien pudiera pasar por la de algún alto dirigente de un partido de derechas (no de centro, como ellos insisten en denominarse) o incluso del Partido Popular. Su padre, José Villacís, es profesor de Economía en la universidad privada y católica San Pablo CEU, donde ella se licenció en Derecho, y uno de los mayores defensores de Keynes en España, lo cual ayuda a entender que se la califique de liberal conservadora, algo que dista de la imagen de centro que Ciudadanos pretende dar. Por otro lado, su madre, Marisol Sánchez Alonso, se dedica a gestionar el alquiler de un centenar de viviendas para estudiantes, cuyos pagos estos deben realizar mensualmente en efectivo y en su despacho. Y para terminar el núcleo familiar, su hermano, Borja Villacís, goza del dudoso honor de haber sido condenado por una agresión racista con cárcel y multa. En definitiva, el ambiente no parece muy de centro, sino más bien inclinado a la derecha. Pero no nos dejemos llevar por las apariencias y veamos en qué se ha convertido ahora la vida de Villacís.

La antigua abogada de Legálitas vive con su marido Antonio Suárez-Valdés, también abogado, y sus dos hijas en Villanueva del Pardillo, uno de los municipios con mayor renta per cápita de la Comunidad de Madrid y a 31 km del municipio del cual ella es representante. Las niñas acudían hasta el curso pasado a un colegio privado, pero tras la elección a cargo público de su madre esta decidió cambiarlas a uno concertado, siendo algo incoherente que quien gestiona lo público no confíe en sus propias instituciones (ni lo hace del todo hasta el momento). Por lo tanto, parece que su trayectoria vital sigue en la misma dirección en la que la iniciaron sus progenitores.

Pero bueno, todo el mundo tiene sus fallos, y al fin y al cabo esto forma parte de su vida privada, aunque lo mínimo exigible sería que esta se adecuara con los valores que dice defender en su vida pública. No obstante, centrémonos en su papel en Ciudadanos. Los comienzos de Villacís en el partido estuvieron marcados por algunas irregularidades, lo cual inquietó a algunos afiliados, llegando en casos a ser expulsados de la formación. Tal como se denuncia en el Informe Primarias C’s Madrid de febrero de este año, Villacís fue aupada y arropada por la cúpula del partido, recibiendo un trato de favor en las primarias que no estaba justificado debido a la inexistencia de la figura de los candidatos oficiales. Del mismo modo, las listas de candidatos, también auto-denominadas “equipos” por algunos, estaban prohibidas en pro de la promoción de listas abiertas acorde con un espíritu de regeneración de la vieja política. En esta ocasión, también la concejala formaba parte de uno de estos equipos, llegando los cinco miembros a encabezar la lista de Ciudadanos para el Ayuntamiento de Madrid, lo cual provocó la finalización anticipada del acto de presentación de su candidatura debido a la indignación de numerosos afiliados.

¿Y una vez llegada al cargo? En este caso también nos encontramos con la permanencia de numerosas prácticas de la vieja política. ¿Dónde se ha visto que una política que apuesta por el cambio acepte un regalo de un empresario? Este es el caso de Villacís y el propietario de las bodegas Marqués de Murrieta, aunque en este caso la excusa era que no se trataba de un regalo por ser política sino por ser guapa… algo un tanto sospechoso, ya que como todos sabemos los regalos no son gratis, y los empresarios exigen después su contraparte a unos cargos públicos que solo deberían estar al servicio de la ciudadanía.

Como no podía ser de otro modo, la formación, en apariencia juvenil y regeneradora, ha demostrado que sigue cayendo en las malas prácticas que los dos grandes partidos del bipartidismo español, continuando el doblegarse ante la banca (como vimos con sus críticas a la liberación de Madrid por parte de Carmena del yugo de las agencias de calificación Fitch y Standard & Poors) y los grandes empresarios (como se demostró con la alianza PP-PSOE-C’s que obligó a Carmena a realizar una bajada generalizada del IBI que solo beneficiaba a los grandes propietarios). No es de extrañar, sin embargo, que personas que nunca han confiado en lo público (tal como demuestran sus expedientes académicos, plagados de universidades privadas) se vean en la incapacidad de gestionarlo y de crear un tejido fiscal de impuestos redistributivos sobre el cual asentar las instituciones efectivas y de calidad que la gente necesita.

Ya hemos sufrido muchos años de política para unos pocos. Ahora que podemos cambiar eso, no dejemos que unas caras guapas y jóvenes, una imagen fresca y un falso discurso de regeneración nos engañen cuando queda tan poco.

Escarlata

  1. Keynes liberal? El referente de la izquierda económica? Vaya tela

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