La izquierda también aprende

Boaventura de Sousa Santos

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez. Publicado en Público.es

Todo lleva a creer que la izquierda portuguesa ha empezado a entender que el ciclo político iniciado con la Revolución del 25 de abril de 1974 está terminando y que todos juntos tal vez sean suficientes para invertir el proceso de decadencia estructural que la coalición de derecha comenzó con la ayuda de la troika. En el sentido que le atribuyo, decadencia significa divergencia progresiva, en lugar de convergencia gradual con el rendimiento medio europeo y los indicadores sociales asociados. Con el tiempo, si hubiese convergencia, los jóvenes portugueses tendrían tanta necesidad de emigrar como los jóvenes alemanes o finlandeses. Está en curso el proceso contrario.

Aún no está claro lo que ha aprendido cada partido. El Partido Socialista (PS), con el 32% de los votos contra el 36% de la coalición de derecha, ha comenzado a aprender que, cuanto más se parece a la derecha, esta menos lo necesita y menos lo necesita la ciudadanía que, descontenta con las políticas de derecha, comienza a identificar alternativas a la izquierda. Si aprende esta lección, tendrá que aprender también que será necesario mostrar alguna rebeldía a escala europea, con sabiduría y aliados europeos. Sin renegociación/reestructuración de la deuda y con el actual Tratado Presupuestario, la decadencia es fatal con o sin fantasiosos ejercicios de macroeconomía. ¿Aprenderá? No olvidemos que la ignorancia estructural en el PS es muy elevada. Esto explica que Francisco Assis, líder del ala derecha del partido, esté a la espera de que el partido caiga en sus manos. Si esto sucede, tendrá el triste privilegio de ser el sepulturero del PS.

El Bloco de Esquerda (BE), con el 10% de los votos, y el Partido Comunista Portugués (PCP), con el 8% (ambos partidos en ascenso, pero el BE con un crecimiento que supera por primera vez a los comunistas), han aprendido que los portugueses les han dado demasiados votos para ser simplemente votos de protesta. Los portugueses quieren soluciones de gobierno de izquierda y contra la austeridad. Pero para fortalecer una alternativa política, los dos partidos deberían entenderse entre sí y no sólo cada uno de ellos con el PS. Aquí la historia pesa mucho.

El nuevo Partido Livre (PL), constituido en gran medida por disidentes del Bloco de Esquerda, no logró elegir a nadie. Pero con el PL la izquierda también aprendió. Livre fue una presencia quizá pasajera, pero edificante en el panorama político portugués porque introdujo dos innovaciones: una programática y otra organizativa. En el plano programático, fue la primera fuerza política, después del 25 de abril, que colocó la unidad de la izquierda en el centro de su agenda política, una unidad asentada en bases programáticas creíbles. Fue la única fuerza política que abrazó con firmeza la democracia directa y participativa en la elección de sus candidatos y se articuló de modo no propietario con los movimientos sociales autónomos, como fue el caso del movimiento Ciudadanos por Coímbra (CpC).

En general, salvo situaciones de total descrédito de las fuerzas políticas dominantes (como recientemente en España), las grandes innovaciones políticas no son bien recibidas en procesos electorales, dominados por rutinas, lealtades y aparatos. Pero el hecho de no beneficiar a quienes las propusieron no quiere decir que se pierdan. La innovación programática introducida por Livre fue decisivo en el cambio estratégico (y no solamente táctico, al parecer) del BE en el sentido de abrirse, ya en la campaña electoral, a una alianza con el PS, que en el pasado parecía ser su principal enemigo. Se trata de una alianza condicionada por líneas rojas, pero, incluso así, es una disponibilidad nueva.

Livre consiguió imponer parte de su agenda, pero ¿podrá aprender con tal victoria? Para eso debería disolverse en nombre de la unidad de la izquierda por la cual luchó, siempre y cuando se cumplan las siguientes condiciones: el BE muestra que la unidad de la izquierda es, para los tiempos que se aproximan, la mejor decisión estratégica; adopta la innovación organizacional del Livre, la democracia directa dentro del partido, acabando de una vez con vanguardismos, leninistas o no; se muestra dispuesto a recibir a los activistas del PL, la gran mayoría exmilitantes o exsimpatizantes del BE, si estos así lo decidieran; la dirección de Livre somete a discusión entre sus bases, votantes y simpatizantes, la hipótesis de la disolución. Cualquiera que sea el resultado, será un momento alto de pedagogía política de izquierda. Si la decisión fuese la no disolución, Livre tendrá un mandato más fuerte para continuar. Si Livre se disuelve, los movimientos sociales que se articularon con él no tienen nada que perder. CpC, por ejemplo, continuará su lucha por rescatar Coímbra de las oligarquías políticas mediocres y corruptas que la han destruido. En próximos períodos electorales serán los partidos quienes necesiten de CpC, y no al contrario.

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