Un proceso político, no un disparate

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo. Un madrileño en Poblenou.

 

Esta parece ser la estrategia del PP: descalificación e inmovilismo.

Hay múltiples maneras de enfocar la pretensión de una comunidad política de llegar a convertirse en un estado independiente. La peor de todas las posibles de cara a gestionarlo políticamente es aquella que lo caracteriza como una “locura, chantaje, afrenta nacional, majadería, dislate, utopía, bravuconada, etc.,” encabezada por aquellos políticos que están conduciendo el proceso en su aspecto institucional. Esta parece ser la estrategia del PP: descalificación e inmovilismo.

Esta es sin duda una mala forma de abordar el asunto. Tras años de enfrentamiento lo único que se ha conseguido es el aumento del nacionalismo catalán de forma significativa. Esto se ha traducido en el hecho de que parte del proceso independentista haya estado dinamizado por colectivos de la sociedad civil tales como Assemblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural, la Associació de Municipis per a la Independència (AMI) y las entidades integradas en el Pacte Nacional pel Dret a Decidir (PNDD). Es decir, aunque para algunos representantes políticos sea un juego de tira y afloja en busca de unas mejores prerrogativas para la autonomía catalana, para otros representantes y ciudadanos es la culminación de décadas de lucha en la búsqueda del reconocimiento de unos derechos nacionales que España no está dispuesta a reconocer. Aquel que se considera únicamente catalán no puede menos que sentirse humillado ante esos intentos de políticos, periodistas o intelectuales españoles que tratan de presentar las aspiraciones soberanistas como un ridículo político, económico, histórico y cultural, y que además creen que con una mínima argumentación van a ser capaces de acabar con una identidad política fuertemente interiorizada. Precisamente esta es la forma más sencilla de crear y acrecentar una verdadera fractura entre el grupo que desea una autonomía y el que se la impide, en la mayoría de los casos, sin más argumento que la legalidad nacional que los primeros no reconocen como legítima.

Hace unos días Mariano Rajoy se reunió con los tres líderes que aspiran a la Presidencia, de cara a establecer un “pacto por la unidad nacional”, frente a las pretensiones del Parlamento Catalán de aprobar una moción independentista una vez se constituya la cámara. Finalmente el pacto se selló contando con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos, mientras que Podemos se descolgó debido a las pocas coincidencias de Iglesias con Rajoy.

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Tanto Sánchez como Rivera dieron su respaldo a la postura del Presidente, de modo que el diálogo sigue brillando por su ausencia.

A priori, podría parecer que el Gobierno ha decidido adaptar su estrategia en cuanto al proyecto soberanista catalán optando de una vez por un enfoque basado en el dialogo y el acuerdo. Nada más lejos de la realidad: Rajoy plateó una serie de encuentros la pasada semana de cara a reafirmar el compromiso de los partidos nacionales con la indisolubilidad de la soberanía y el acatamiento de la Constitución. Tanto Sánchez como Rivera dieron su respaldo a la postura del Presidente, de modo que el Gobierno no tuvo que rectificar en nada su discurso. De este modo el diálogo sigue brillando por su ausencia. Muy diferente debió ser la conversación con el líder de Podemos, quien en la rueda de prensa posterior afirmó que no compartía prácticamente nada con el jefe del ejecutivo. Siendo así, al día siguiente se pudo hablar de un pacto entre tres de los cuatro grandes partidos nacionales, un pacto que deja fuera a la mayoría de los electores en Cataluña, donde cuentan con un apoyo electoral menor que el de las fuerzas independentistas. Debemos recordar que estas tres fuerzas juntas sólo obtuvieron en las pasadas elecciones 52 de los 135 escaños totales. ¿No es por tanto indispensable una ronda de conversaciones con CDC, ERC y las CUP? Para Rajoy no. Es más, como podíamos leer en uno de los periódicos de referencia a nivel nacional, “Rajoy recibirá a todos los líderes de las fuerzas políticas a excepción de CDC y ERC. A ésas sólo las convocaría para exigirles “la inmediata retirada de la resolución” que pretenden aprobar para emprender el proceso constituyente de la república catalana.” ¿Cabe acaso la más mínima posibilidad de que las fuerzas soberanistas acaben unilateralmente con el proceso? Pues eso parece pretender el Presidente.

¿No es por tanto indispensable una ronda de conversaciones con CDC, ERC y las CUP? Para Rajoy no.

Rajoy no está dispuesto a cambiar su discurso. Tampoco va a tratar de negociar o proponer terceras vías. Es más, esta semana le oíamos una vez más calificar de “disparate” el proceso secesionista. El inmovilismo del Presidente, que nos hace rememorar a más de uno los rígidos planteamientos del búnker franquista, es una postura que lleva enarbolando desde que asumió la Presidencia, con los nefastos resultados que todos conocemos, incapaz de revertir la tendencia independentista catalana. Una prueba fehaciente de su intento por demostrar mano dura con Cataluña, de cara afianzar su posición en España, es el candidato que el PP presentó en las pasadas elecciones del 27 de septiembre. Xabier García Albiol, el peor valorado de los líderes de partidos en Cataluña según la encuesta preelectoral del CIS publicada el 30 de agosto, con un 2,3 -lejos del 3,0 de Arrimadas, la siguiente peor valorada-, es además percibido como miembro del ala más a la derecha del PP. Lo ha demostrado con sus flirteos con la xenofobia durante la campaña de las municipales en Badalona, en las cuales se presentaba con el lema “Limpiando Badalona”.

Una de las muy pocas cosas que Rajoy comparte con Iglesias es el deseo de ambos de que Cataluña se mantenga como parte de España

Una de las muy pocas cosas que Rajoy comparte con Iglesias es el deseo de ambos de que Cataluña se mantenga como parte de España, de modo que coincidiendo en el fin, discuten en torno a los medios para llevarlo a cabo. Resulta difícil apoyar l inmovilismo del jefe del ejecutivo, que solo puede sostenerse si se considera que “el problema catalán es una tormenta que acabará amainando” al tiempo que España mejore cada vez más sus previsiones económicas -lo que, por otro lado, tampoco tenemos la certeza de que vaya ocurrir en el corto y medio plazo-. En cambio el diálogo es la única vía actualmente para tratar de negociar entre dos posturas que dividen Cataluña casi a la mitad, una polarización presente en las pasadas elecciones y que da cuenta de la gran fuerza social que ha conseguido atesorar el independentismo, esa colectividad a la que debemos respetar desde el resto de España de la misma manera que en democracia se respetan los resultados electorales de un oponente. Solo ese respeto y un talante negociador conseguirán que una parte de Cataluña se sienta de nuevo respaldada y atendida desde el estado español. Solo así la ley que ancla la autonomía catalana al resto del país será tenida en cuenta. De lo contrario la legalidad terminará por ser ineficaz para mantener la unidad del estado, al igual que resultaría ineficaz una intervención militar o las imputaciones de políticos independentistas.

…la gran fuerza social que ha conseguido atesorar el independentismo, esa colectividad a la que debemos respetar desde el resto de España de la misma manera que en democracia se respetan los resultados electorales de un oponente

independencia catalana

El proceso secesionista va muy en serio y, por tanto, hay que actuar con prudencia y democracia. Prueba de su relevancia es la adhesión a este de CDC, una fuerza históricamente contraria a la independencia. No dudemos de que se trata de un proyecto de gente con ilusión de formar un nuevo país alejado de ese olor a rancio de una España gobernada por el “centro-derecha”, heredero ideológico de la dictadura. Por tanto, si lo que se quiere es cambiar esta situación de incertidumbre y constante enfrentamiento, los españoles tendrán que decidir próximamente qué postura prefieren por parte del inquilino de la Moncloa entre la espera y el inmovilismo o el diálogo y la negociación.

  1. […] un par de semanas publiqué por primera vez un artículo de opinión que trataba de analizar el momento político en Cataluña desde una posición … Este artículo era escrito por alguien que no está a favor de la independencia de Cataluña, pero […]

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