Ya que estamos aquí…

Víctor Terrón. Politólogo.

En primer lugar quiero mostrar mi agradecimiento por la buena acogida que tuvo el artículo anterior, que me ha hecho animarme a intentar repetir y tratar de mantener una columna temática que hable a los hombres sobre la responsabilidad que tenemos para con las mujeres y el feminismo.

Este pasado sábado se ha celebrado en Madrid la Marcha Estatal Contra las Violencias Machistas, que ha reunido a mujeres de todo el territorio español en un grito único por la erradicación de esta lacra. Análisis y crónicas de esta fecha podrán verse en multitud de espacios, por lo que no es mi intención hacerlo aquí de nuevo. Sí quiero aquí atender a la presencia masculina en estas convocatorias, con el fin el de revisar comportamientos y actitudes para señalar aquellas que no encajan con el espíritu de una convocatoria feminista y contra las violencias machistas.

Lo primero, quizás, es tener en cuenta lo que nos pide el feminismo a los hombres que tenemos una postura de colaboración con este, y es que demos un paso atrás. Esto, pese a que a alguno le pueda parecer que es un rechazo de la ayuda que con tanta generosidad ha ofrecido, se pide primero porque solo ellas son las protagonistas de su propia lucha, y además, para compensar la abrumadora presencia masculina en la mayoría de los ámbitos de la vida pública, privando a las mujeres de iniciativa y presencia propia o invisibilizando ambas.

De esta manera, es necesario preguntarnos si se nos ha invitado a una convocatoria en concreto, y no dar por sentado que podemos ir a todas las que nos apetezca. Como protagonistas de una lucha es lógico que en ciertos momentos las mujeres no quieran compartir espacio con su opresor, por buenas intenciones que cada uno tengamos individualmente. Esto no se trata de que yo me porte mejor o peor con las mujeres, entendamos de una vez que es un asunto político y, como tal, el conjunto es lo que cuenta.

Una breve mirada a la Historia con perspectiva feminista debería bastar para hacernos entender que tienen derecho a estar enfadadas con nosotros.

Al igual que en el caso de que nos encontremos a una mujer que se niega a hacer pedagogía con nosotros, si encontramos en estas convocatorias a alguna compañera que muestra enfado o rechazo a nuestra presencia allí, en lugar de responder enfadándonos también, quizás una mejor manera sería preguntarnos el porqué de tal respuesta. Una breve mirada a la Historia con perspectiva feminista debería bastar para hacernos entender que tienen derecho a estar enfadadas con nosotros.

Una vez que nos encontramos en la manifestación, de ninguna manera debemos colocarnos en aquellos lugares más visibles como cabecera o laterales. Si es posible, nos quedaremos en la cola, tal y como indican los compañeros de Cuestionándonos el heteropatriarcado. Estamos acostumbrados a llevar la voz cantante y ser la imagen central de cada acontecimiento. El paso atrás debe ser, en este caso, literal.

Por supuesto, no llevaremos pancartas salvo casos muy concretos, como que nos lo pidan expresamente, pues es una forma más de asumir una posición central en un ámbito en el que deberíamos ser simples acompañantes. Del mismo modo, tampoco debemos dirigir los cánticos o participar de aquellos que realmente no nos interpelan, como el habitual “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. No pasa nada porque nuestra voz no se oiga por encima de las demás por un día.

Llevar banderas de organizaciones propias, como partidos, sindicatos o colectivos cuya causa principal no es el feminismo demuestra un desprecio importante de los motivos y los contenidos de la convocatoria. Indica también que nuestra participación en ella no se debe a una preocupación real por la violencia machista u otras cuestiones en torno al patriarcado, sino simplemente a un deseo de visibilización oportunista.

Lamentablemente, ninguno de estos ejemplos es invención mía o sacada de la perversa mente de una feminazi. Estas situaciones se dieron en la manifestación del 7N, en tantas otras convocatorias anteriores y es probable que se vayan a dar en muchas más si los hombres no asumimos que no podemos andar por el mundo como si fuese nuestro. Y lo tendremos que asumir, por las buenas, o por las malas. De nuevo, como señalaba en el anterior texto, es responsabilidad nuestra hacer lo posible por facilitar que este cambio se dé de la mejor manera posible.

Este tipo de comportamientos, de los que solo he querido mencionar algunos, son aplicables no solo a las manifestaciones, sino a cualquier tipo de espacio feministas en los que podamos participar. Ello no quiere decir que nuestros comportamientos o actitudes solo deban corresponderse con el feminismo en aquellos lugares que se denominen como tal. De hecho, es igualmente importante extender estas prácticas y formas de estar a todos los espacios de la vida, aplicando la máxima feminista de que lo personal es político.

  1. A pesar de ser un artículo interesante y necesario, me sigue rechinando la utilización reiterada (en este y en otros múltiples ámbitos) de términos como “lacra” para referirnos a las violencias machistas.
    Este modo de acercarnos a un análisis y entendimiento de esta realidad, nos lleva a pensarlo como un residuo del pasado, encarnado en personas que mantienen obstinadamente un comportamiento no concorde con “nuestra situación de progreso”, (entiéndase el tono irónico de esta ultima frase).
    Igual tenemos que repensar cuales son los discursos que articulamos en torno a las violencias machistas, y que implicaciones y redes de significados ponen en juego. Obviamente esto no lo he sacado de la nada, así que adjunto un articulo interesante para reflexionar.
    “Tramas de la violencia de género: Sustantivación, metonimias, sinécdoques y preposiciones” http://www.identidadcolectiva.es/pdf/85.pdf

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    • Víctor Terrón Palacios 12 noviembre, 2015, 12:41 am

      Muchas gracias por tu comentario, con el que estoy completamente de acuerdo. En este caso, el uso ha sido probablemente causado por la inercia de esa utilización reiterada que mencionas, pero es verdad que no es el más adecuado.

      Gracias también por el texto de Casado, a quien he tenido el gusto de tener como profesora, pero no sabía de este texto.

      Un saludo.

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  2. gracias por abrir las mentes a tanto machito que se incorpora a nuestras luchas disfrazandose de femini-listos.
    salud

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  3. Gracias por el artículo y también por los comentarios, me lo he leído para plantearme si seguir esta cuenta en twitter y ha sido una grata sorpresa.

    salud y ánimo con el espacio personal!

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