La raíz del Estado Islámico

Germán Albalá. Analista Político.

De nuevo el terrorismo yihadista golpea, y de nuevo, en la capital francesa.  La avalancha de información sobre los acontecimientos tiene lugar. Se habla sobre la “guerra contra la civilización”, se recuerda lo sucedido en el 11S, los comentarios islamófobos revolotean a sus anchas, etc., etc.

Y entre todas esas cosas y muchas más, resulta inevitable que aparezca esa visión de los medios de comunicación de la OEI (Organización del Estado Islámico) como la de esos “bárbaros que cortan cabezas”. Dicho así, parecería que son una especie de monstruo salido de un desafortunado armario, que son producto de la existencia del propio mal. Pero como es evidente, no es así en absoluto.

Y por ello para entender el origen la OEI -Daesh, ISIS, o como queramos llamarlo- es necesario remontarnos al periodo inmediatamente posterior a la invasión de Iraq en el año 2003. Es en este momento cuando retoman contacto dos viejos conocidos del conflicto en Afganistán contra los soviéticos a finales de la noventa, Osama Bin Laden y Abu Musab al Zarqaui; y la coyuntura de este encuentro es la decisión de al Zarqaui de transferir la actividad de su “Grupo para la Unicidad y la Yihad” de Jordania a Iraq (todo esto contando con el apoyo directo de Bin Laden). El movimiento de esta organización al territorio iraquí supuso un drástico aumento del número de objetivos existentes, a saber: tropas estadounidenses, la embajada jordana, el gobierno y policía iraquí, los pozos petrolíferos, rehenes civiles extranjeros, la ONU, etcétera. En conclusión, la cortesía de dicho grupo hacia Osama Bin-Laden les llevó a que en 2004 pasaran a convertirse en Al-Qaeda en Irak (también llamado AQI). Sin embargo, el 7 de julio de 2006 Al Zarqaoui es asesinado durante un ataque aéreo estadounidense y cuatro meses más tarde, tras un intervalo de debilidad de AQI, se convierte en el Estado Islámico de Irak (EEI) bajo el mando de un tal Abu Bakr al Baghdadi.

Para entender cómo se produce la ruptura entre AQ y la OEI, hay que dirigir la atención hacia la guerra en Siria

Pero para entender cómo se produce la ruptura entre AQ y la OEI, hay que dirigir la atención hacia la guerra en Siria. Más concretamente al momento en que el presidente sirio Bashar al-Assad decide liberar a un alto número de islamistas radicales en la primavera de 2011, a fin de usar con fines propagandísticos este hecho presentando la revolución como la obra de una red yihadista. La liberación de estos presos supone la creación del Frente Al Nusra (respaldado por Al-Qaeda), que en 2013 se niega a la fusión con el EEI a manos de Al Baghdadi y crea una situación de ruptura entre el EEI y AQ. Y ante esto, el EEI decide buscar su propia identidad  y tras convertirse en el Estado Islámico en Iraq y Siria, finalmente pasa a ser denominada como la Organización del Estado Islámico. Dicha transformación tiene lugar debido a: la afirmación de su independencia, el concepto de conquista territorial, el uso de unos métodos extremadamente brutales, la acción transfronteriza y ante todo la intención de declarar el califato (Théron, 2015:18). Fue la muerte de Bin Laden lo que supuso la oportunidad para llevar a cabo dicho proyecto y afirmar su autoridad.

Al-Qaeda era más una idea que una organización.

Al-Qaeda era más una idea que una organización. Su nombre ha sido efectivo como grito de batalla de una serie de creencias islámicas al llevar a cabo una serie de acciones basadas en el autosacrificio y la inmolación (como símbolos de compromiso religioso) contra objetivos de carácter simbólico. Sin embargo la OEI es una organización que, en términos prácticos, posee un territorio y administra un estado relativamente próspero, que es capaz de financiarse no solo con el dinero que viene del petróleo (que exportan con altos descuentos) sino mediante otros factores variados  como los secuestros, el mecenazgo en el Golfo Pérsico o el tráfico de antigüedades. A día de hoy y, de acuerdo a la trayectoria seguida por ambas organizaciones terroristas, es innegable que los militantes de la OEI han desbancado a Al-Qaeda como el grupo yihadista más efectivo y poderoso del mundo.

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