La importancia de seguir hablando del #7N

María Rodríguez Muñoz. Politóloga. 

A raíz del pasado 7 de noviembre y la multitudinaria marcha que recorrió las calles de Madrid para manifestar el rechazo a las violencias machistas, han sido muchos los medios que se han hecho eco de la protesta. Algunos han alabado la participación en la misma, otros se han limitado a exponer la noticia de forma superficial y otros ni siquiera lo han mencionado.

A pesar de que este discurso parecería estar sacado de los estatutos del mismo Vox, es mucho más habitual de lo que pueda parecernos.

Sin embargo, no han sido las únicas reacciones que la marcha ha suscitado -que sigue haciéndolo más de una semana después-. Y es que, si algunos medios tratan de no llamar la atención sobre el machismo imperante, cosa que ya han demostrado en algunas ocasiones por temor a las repercusiones que esto pueda suponer,  no ocurre lo mismo en las redes sociales donde espacios como Facebook o Twitter se han plagado esta semana de las ya famosas frases  “también hay hombres maltratados”, “muchas denuncias son falsas” o “la violencia no tiene género”. A pesar de que este discurso parecería estar sacado de los estatutos del mismo Vox, es mucho más habitual de lo que pueda parecernos.

¿por qué hay un continuo cuestionamiento sobre las violencias machistas? ¿por qué tanto algunos medios de comunicación como políticos o personas de a pie niegan incluso la categorización del feminicidio?

De hecho es raro encontrar una publicación que hable de violencias machistas sin la amalgama de comentarios y respuestas sucesivas de este tipo, algo absurdo si lo miramos desde otra perspectiva;  por ejemplo nadie respondería a una campaña de la lucha contra el acoso escolar con un “también se matan mujeres”. Entonces, ¿por qué hay un continuo cuestionamiento sobre las violencias machistas? ¿por qué tanto algunos medios de comunicación como políticos o personas de a pie niegan incluso la categorización del feminicidio? Probablemente una de las respuestas posibles pueda ser la dificultad que supone articular este tipo de categorías cuando se refieren a lo propio y no a lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia donde (entrecomillo) “la mujer aún no se ha liberado”. Pero la violencia sexual, la violencia feminicida y en definitiva las violencias machistas también se dan en España y no como un recodo del pasado o como casos puntuales y paradigmáticos sino como seña de un país que se niega, o al menos una parte de él, a reconocer esta realidad.

Desde luego todo tipo de violencia es condenable y una lacra a erradicar. Sin embargo, diferenciemos, no podemos abrir el “paraguas de la igualdad” y decir que se da un trato de favor a las mujeres si se habla de una violencia específica contra las mismas, cuando estamos viendo que existe un tipo de violencia que es estructural, y es que sólo en este año según los datos de feminicidio.net han sido asesinadas por hombres 90 mujeres.

Asesinatos, que por otra parte solo la mitad han sido catalogados dentro de los marcos de la ley de 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género como crímenes de género mientras que los otros 45 no se cometieron en el marco de las relaciones de pareja o expareja y por tanto no han sido recogidos como parte de las cifras oficiales. Este dato es sin duda sorprendente y nos hace entender una de las demandas de las marchas del pasado 7N: qué esta ley necesita ser revisada y extendida más allá del ámbito de la violencia machista de las relaciones de pareja. Pero no sólo en este sentido sino también en el de la protección en todas las esferas de la sociedad.

los feminicidios son la expresión máxima de la violencia machista, pero existen muchos otros patrones de la misma que son invisibilizados e incluso normalizados en el ámbito social y que se dan masivamente contra las mujeres

Y es que seamos conscientes, los feminicidios son la expresión máxima de la violencia machista, pero existen muchos otros patrones de la misma que son invisibilizados e incluso normalizados en el ámbito social y que se dan masivamente contra las mujeres como puede ser el acoso en la calle o en la trabajo; otros menos normalizados como las violaciones, sucedan estas o no en el ámbito de la pareja; y otros como los feminicidios de las trabajadoras sexuales que a pesar de ser parte de la expresión máxima de estas violencias son normalizados y silenciados por el estigma social que supone la prostitución.

Lo que quiero decir con esto es lo que ya las miles de mujeres y asociaciones feministas que salieron a las calles el pasado 7N venían a decir, y es que las violencias machistas son múltiples y nos afectan a todas sin embargo están tan enraizadas como banalizadas  en el sistema patriarcal que a veces no son fáciles de ver para aquellos que insisten en no diferenciarlas y tratarlas como lo que realmente son, una cuestión de Estado, pero además una cuestión diferenciada y que no puede incluirse en el seno de otras violencias existentes en nombre de una supuesta igualdad que lo único que hace es invisibilizar el sometimiento, el miedo y la subalteridad a la que nos encontramos sometidas las mujeres a través de las violencias machistas.

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