Se rompen los umbrales de la política argentina

Juan Ignacio Estévez. Politólogo especializado en América Latina. 

El kirchnerismo fue capaz de volver a dotar de contenido a ese significante emancipatorio que es el peronismo

Una de las lecciones que pudimos aprender de Ernesto Laclau fue el marco analítico sobre el que pivotó su forma de comprender la construcción de los horizontes discursivos y de las representaciones colectivas. En este sentido, los “umbrales de la política” son aquellos marcos a través de los cuales dichos horizontes de representación de lo colectivo se organizan. Como bien señaló este autor, la llegada del kirchnerismo a Argentina supuso la constitución de un nuevo umbral basado en la resignificación del peronismo como proyecto político emancipador tras haber entrado en crisis producto de los nefastos resultados derivados de la política llevada a cabo por el menemismo. El kirchnerismo, en consecuencia, fue capaz de volver a dotar de contenido a ese significante emancipatorio que es el peronismo, convirtiéndose en una variante nueva del mismo, pero recuperando aquella matriz histórica basada en la justicia social como reflejo de un proyecto emancipador de las clases populares.

La llegada de Néstor y Cristina a la presidencia argentina trasformaron la realidad socioeconómica de un país salía de una de las peores crisis de su historia, con niveles de pobreza, exclusión social y desempleo prácticamente sin precedentes. De esta forma, el proyecto kirchnerista volvía a dicotomizar el espacio político, anteponiendo los intereses de las clases populares, del “pueblo”, a los intereses de esas oligarquías representadas en los fondos buitres, las instituciones de crédito internacional o los grandes medios de comunicación. Pero la política de “asignación de derechos” no solo abarcó la esfera económica, sino que se extendieron los derechos civiles a través de la ley del matrimonio igualitario, por poner un ejemplo, o la extensión de los derechos de memoria histórica, permitiendo que los crímenes de la dictadura fuesen juzgados debidamente, al tiempo que decenas de niños y niñas que habían sido desaparecidos pudiesen reconstruir sus identidades robadas.

Daniel Scioli, no fue capaz de dotar de sentido al proyecto kirchnerista como un proyecto de movilización del pueblo en defensa de sus intereses

Ahora bien, la victoria de Mauricio Macri en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo pasado parecen demostrar que el candidato oficialista, Daniel Scioli, no fue capaz de dotar de sentido al proyecto kirchnerista como un proyecto de movilización del pueblo en defensa de sus intereses y enfrentado a los poderes oligárquicos. Los resultados de la primera vuelta mostraron que algo fallaba y que Scioli no era capaz de encarnar el proceso de agregación social que representa el peronismo kirchnerista. Para que Scioli ganará, era necesario redefinir el umbral político para que siguiese dándose la convergencia político-social amplia que los gobiernos de Cristina y Néstor habían conseguido. Los significantes vacíos, como puede ser el kirchnerismo, cambian históricamente y requieren ser re-definidos en cada caso si se pretende constituirlos como umbrales de representación de lo colectivo. En este caso no fue posible y el candidato opositor no solo contribuyó a que los votantes no se sigan sintiendo identificados con el proyecto kirchnerista, sino que articuló un umbral en el que la defensa de las instituciones liberales, del mercado y del progreso individual fueron las consignas a través de las cuales se doto de sentido a la consigna, en forma de significante, de su campaña: “Cambiemos”.

A través de un discurso basado en restar legitimidad al proyecto de transformación social, típico de la derecha conservadora latinoamericana, Macri, hijo de uno de los empresarios más ricos del país, centró su campaña en mostrar la cara amable de la liberalización de la economía argentina, defendiendo un institucionalismo abstracto en el que, al parecer, el Estado se convertirá en ese actor pasivo ante los conflictos sociales y desigualdades y donde la relación con el ciudadano/a es más parecida a la de una relación entre empresa y ciudadano. En síntesis, hablamos de un proyecto y discurso político basado en ensalzar el privilegio de la libertad en detrimento del privilegio de los derechos y en enarbolar las virtudes de la gobernabilidad en contraposición a las virtudes de la transformación social.

El kirchnerismo tiene la obligación de hacer una fuerte oposición en defensa de las conquistas sociales y derechos adquiridos

El escenario político, social y económico que se avecina para los próximos cuatro años puede resultar desolador si las fuerzas progresistas del peronismo, en forma o no de kirchnerismo, no son capaces de poner límites al proyecto que encarna Macri; un proyecto anclado en la “gobernabilidad neoliberal” donde no solo las relaciones económicas cambian, sino donde elementos como la “ideología de la seguridad” pueden derivar en una criminalización de la pobreza y de los movimientos sociales o en una mayor impunidad de las fuerzas policiales en aras de luchar contra esos criminales, racialmente identificados, que no trabajan porque el Estado les ha convertido en vagos y delincuentes. El Frente Para la Victoria sigue siendo la fuerza más importante tanto en el Congreso como en el Senado, lo que obligará a la negociación de las leyes que se quieran poner en marcha desde el gobierno. Asimismo, durante estos cuatro años, el kirchnerismo tiene la obligación de hacer una fuerte oposición en defensa de las conquistas sociales y derechos adquiridos. Pero, lo más importante, está obligado a seguir siendo esa fuerza política que encarne el proyecto de justicia social que representó el primer peronismo, entendido como la matriz simbólica de un proyecto emancipador, al tiempo que debe ser capaz de re-constituir el umbral de la política a través de un amplio proceso de agregación político-social en forma de demanda universal que represente diferentes y múltiples particularidades. En definitiva, tiene la misión de volver a construir un pueblo.

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