Los tratados de “libre comercio”: En el nombre del pueblo, pero en beneficio del capital

Paloma Bravo

Actualmente en Europa nos enfrentamos a la posible implantación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Lejos de suponer una novedad, en 1994 el gigante norteamericano ya firmaba un acuerdo de características similares con Canadá y México. Pero ¿Cómo afectó ese tratado a la economía más débil, México? Y, por tanto ¿Qué podemos esperar de uno similar para Europa?

Hace menos de un mes conocíamos que Estados Unidos y la Unión Europea habían cerrado con “progresos sustanciales” la undécima mesa de negociaciones para lograr un gran acuerdo comercial, el ya conocido Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en ingles).  Poco sabemos de éste acuerdo, ya que su contenido se desarrolla en el más absoluto secretismo. Lo que sí conocemos son las consecuencias de proyectos similares que el país norteamericano ha ido promoviendo.

El caso más sonado seguramente sea el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), firmado entre Canadá, México y Estados Unidos. El acuerdo entró en vigor en 1994, hace ya veintiún años, lo que nos permite realizar una valoración.

El NAFTA, como el TTIP persigue la integración económica, el crecimiento y el desarrollo económico, la sostenibilidad medioambiental, y la creación de empleo. Pero ¿Es esto lo que realmente, debemos esperar?

El capital necesita asegurar su tasa de ganancia. Para lograrlo el desarrollo  de nuevas vías y nuevas estrategias, ya sea a través de intervenciones militares, de integraciones económicas, o por medio de la redistribución de la renta. En este reto se enmarcan los tratados de libre comercio. El neoliberalismo socava la soberanía nacional, entregando el poder decisorio a organismos internacionales. Es la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo quien marca la política económica de nuestro país, y de aprobarse el TTIP será Washington quien marque las pautas a seguir.

Los datos del NAFTA permiten hacernos una idea de las consecuencias que podría traer el TTIP;

El principal argumento esgrimido por los fieles defensores del NAFTA era el exponencial aumento del PIB que la instauración de una zona de libre comercio acarrearía para México. Como podemos observar en el Gráfico 1, si bien es cierto que se observa un crecimiento del PIB per cápita en este país, éste se encuentra lejos de poder ser tildado de asombroso, tal y como informan las cuentas nacionales del Banco Central y los archivos de datos sobre cuentas nacionales de la OCDE. Por otro lado,  y siguiendo el estudio de Mark Weisbrot, Stephan Lefebvre y Joseph Sammut, México ocupa el lugar 18 de 20 países de América Latina en cuanto al crecimiento del PIB real per cápita se refiere, tal como se puede observar en la Tabla 1.

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Uno de los argumentos más repetidos a favor del tratado era que supondría una gran reducción de la pobreza. En el año de entrada en vigor del NAFTA la población de México en situación de pobreza era del 52.4%. En el año 2012 nos encontramos con que la cifra es idéntica, un 52.3% de los mexicanos se sigue encontrando en situación de pobreza; es decir, 14.3 millones más de personas, según informa el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

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  • El índice de Gini mide hasta qué punto la distribución del ingreso se aleja de una distribución perfectamente equitativa. Así, un índice de Gini de 0 representa una equidad perfecta, mientras que un índice de 100 representa una inequidad perfecta. Como podemos apreciar en la Tabla 3, la entrada en vigor del Tratado de Librecomercio de América del Norte no ha ayudado a mejorar los niveles de desigualdad en México

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  • Otro dato que proporcionaría una clara imagen de las consecuencias del NAFTA sería la tasa de desempleo y la dinámica salarial de México. El problema estriba en que la forma que tiene el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de medir la ocupación y desocupación de aquel país es muy cuestionada, por lo que los datos no son fiables ni mucho menos representativos. Para el INEGI una persona se incluye dentro de la población ocupada si ha trabajado una o más horas a la semana. Por otro lado, según diversas estimaciones 3 millones de personas –es decir, 6 de cada 10 mexicanos- trabajan sin ningún tipo de seguridad social. Finalmente los salarios reales, que también presentan problemas en su medición, fueron similares en 1994 y en el 2012.

Uno de los grandes problemas del NAFTA para México era la nula capacidad del país para competir con Estados Unidos en productos agrícolas. El sector agrícola es fundamental en México, pero los pequeños campesinos no podían competir con las grandes multinacionales norteamericanas que eran financiadas por su propio Estado. Según el estudio de Mark Weisbrot, Stephan Lefebvre y Joseph Sammut, entre 1991 y 2007 “hubo 4.9 millones de familias de agricultores mexicanos desplazados […] lo que significo una pérdida neta de 1,9 millones de puestos de trabajo”. Este problema, lejos de solucionarse, se ha agravado con el permiso de implantación en territorio mexicano de la empresa transnacional –“Monsanto”-, quién controla aproximadamente el 90% del mercado mundial de transgénicos. Monsanto ha acumulado diversas irregularidades y sanciones, debido –entre otras cosas- la producción y comercialización del agente naranja. Como informa Greenpeace “El campo mexicano representa un gran negocio para la industria. En países donde se ha autorizado el cultivo de maíz transgénico se ha demostrado su imposible coexistencia con variedades convencionales, nativas y orgánicas”. Todo esto empeora aun más las posibilidades y condiciones de vida de miles de familias que subsisten a través del campo.

Por otro lado, las reacciones de la sociedad civil no se hicieron esperar. El caso más grave fue la declaración de guerra al gobierno mexicano y el levantamiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el mismo día que el tratado entraba en vigor, 1 de Enero de 1994.

Diez años después de la entrada en vigor del tratado, el EZLN constaba el desastroso resultado que para la economía mexicana había tenido el NAFTA “Como ya explicamos, los gobernantes que tenemos están destruyendo lo que es nuestra Nación, nuestra Patria mexicana. Y su trabajo, de estos malos gobernantes no es mirar por el bienestar del pueblo, sino que sólo están pendientes del bienestar de los capitalistas. Por ejemplo, hacen leyes como las del Tratado de Libre Comercio, que pasan a dejar en la miseria a muchos mexicanos, tanto campesinos y pequeños productores, porque son “comidos” por las grandes empresas agroindustriales; tanto como los obreros y pequeños empresarios porque no pueden competir con las grandes trasnacionales que se meten sin que nadie les diga nada y hasta les dan gracias, y ponen su bajos salarios y sus altos precios. O sea que, como quien dice, algunas de las bases económicas de nuestro México, que eran el campo y la industria y el comercio nacional, están bien destruidas y apenas quedan unos pocos escombros que seguro también van a vender.”

El espíritu de los tratados de libre comercio queda muy bien resumido en el anterior comunicado del EZLN. Como queda comprobado tras veinte años, estos acuerdos están diseñados en beneficio de las grandes fortunas y en detrimento de la amplia mayoría de la población. Sus objetivos no son otros socavar la soberanía de los estados, eliminando las restricciones que las empresas trasnacionales encuentran, para mantener y, en la medida de lo posible, aumentar los beneficios de las grandes corporaciones económicas.

Ahora ya sabemos un poco más de lo que podemos esperar en Europa del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP).

 

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