Informantes de rabiosa actualidad

Miguel Fernández. Politólogo.

En pocas horas el mundo puso toda su atención en la capital francesa.

El 13 de noviembre tuvo lugar un acto atroz. Uno más de los que contemplamos con cierta periodicidad, lamentablemente. Pero había una diferencia fundamental: en este caso el atacado era un país muy cercano al nuestro, y eso nos conmocionó. Sin entrar a valorar lo ocurrido ni sus consecuencias en política internacional, es necesario apuntar cómo este terrible suceso nos desgarró, y cómo motivó que la opinión pública se volcase en masa y al unísono. En pocas horas el mundo puso toda su atención en la capital francesa.

A partir de ese momento, el que había sido desde finales de septiembre el principal foco de información en nuestro país, a saber, la cuestión catalana, pasó a ocupar de una manera inevitable un segundo plano dentro de la actualidad. Los medios se movilizaron para cubrir las noticias derivadas de París: búsqueda de los terroristas, detenciones en varios puntos de Europa, Bruselas paralizada, cancelaciones de partidos de fútbol, desalojo de espacios públicos ante falsas alarmas, etc. La sensación que desde los medios se trasladó a la sociedad era clara: estamos en guerra. Este, desde luego, era el principal mensaje que el presidente Hollande presentó en su rueda de prensa tras los atentados. Insistiendo en que el objeto de este artículo no es analizar los pasados atentados, no puedo menos que hacer mención a la sensación de anomía moral que genera en mí el uso de términos tales como “la caza de los terroristas”, palabras que parecen ser usadas para vaciar al radical islámico de su calidad de humano: pasa a ser una bestia, una presa.

Es evidente que en los últimos días ha aparecido en los populares un temor atroz a que los electores vinculen al PP con un nuevo desplegué de tropas

El miedo cubrió Europa desde ese viernes que será difícil olvidar. Aun así el vacío mediático en el que parecía haber caído la cuestión catalana no ha durado mucho. Una vez más, los juegos de poder se podían apreciar con facilidad en los medios de comunicación: los medios vinculados con la derecha del país más radical han abandonado el tema del yihadismo una vez que han sido conscientes de que el gobierno español decidió no hablar del tema en campaña. Es evidente que en los últimos días ha aparecido en los populares un temor atroz a que los electores vinculen al PP con un nuevo desplegué de tropas en puntos calientes, tanto en Oriente Próximo como en África Subsahariana. A partir del silencio del gobierno, la derecha mediática ha vuelto a enarbolar el tema catalán como uno de los principales asuntos de la campaña a las generales: la unidad de España será uno de los puntos centrales.

Las noticas que durante esta semana dan cuenta de esa vuelta de Cataluña a primera plana son innumerables: el cambio de nombre de Convergencia, un partido manchado en sus principales estructuras con escándalos de corrupción difíciles de esconder, la posibilidad del establecimiento de cuatro presidentes para Cataluña como modo de convencer a las CUP, el intento de demostración de cumplimiento de los requisitos por parte del gobierno catalán de cara a cobrar el fondo de liquidez autonómica, el supuesto éxodo de numerosas empresas que se están trasladando fuera de Cataluña, la anulación por parte del Tribunal Constitucional de parte de la ley tributaria de Cataluña por discriminar a los funcionarios de otras CCAA, el gasto que está suponiendo el proceso independentista, etc.

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La gran cantidad de información a la que estamos expuestos nos abruma más que informar

¿Solo yo tengo la sensación de vivir abrumado por una avalancha de noticias que no nos permite conocer los problemas con profundidad sino vivir en la tensión del “qué ocurre en este instante”? ¿A dónde lleva esta rabiosa actualidad? ¿No es acaso cierto que la gran cantidad de información a la que estamos expuestos nos abruma más que informar? El funcionamiento de los medios en la actualidad, que ayudados por las redes sociales limitan nuestra reflexión a lo inmediato, nos está impidiendo tener la mínima perspectiva de futuro. Se busca una declaración, a poder ser lo más impactante posible, no la democrática pretensión de informar a la ciudadanía.

En lo que se refiere al proceso catalán esta inmediatez nos permite advertir de cuatro conflictos simultáneos entre el gobierno español y el catalán, a la vez que escuchamos o leemos como los unos faltan de nuevo al respeto de los otros, y de nuevo consiguen el desprecio del pueblo enfrentado. El clima de agitación y de pérdida de mesura lo podemos ejemplificar claramente en el siguiente titular que podíamos leer esta semana y del cual no estoy dispuesto a citar el medio que lo publicó, principalmente por la sensación de repugnancia que me provoca: “Los «nous catalans» de Junqueras y Mas viajan a Siria para unirse al ISIS”. Esto no es comunicación, es propaganda, de la que Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania Nacionalsocialista, aquel que sostuvo que “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, estaría orgulloso.

Hace un par de semanas publiqué por primera vez un artículo de opinión que trataba de analizar el momento político en Cataluña desde una posición conciliadora. Este artículo era escrito por alguien que no está a favor de la independencia de Cataluña, pero que en cualquier caso entiende que la voluntad de un pueblo debe ser escuchada, y sobre todo que los problemas políticos se solucionan con diálogo y entendimiento. Creo que está posición, a pesar de no ser mayoritaria socialmente, sí cuenta con un cierto apoyo, y sin embrago es una opción que solo un partido de ámbito estatal maneja en España. Más preocupante si cabe es no ver este planteamiento en los medios de comunicación, que como ha tratado de argumentar a lo largo de este texto, no hacen más que hacerse eco del enfrentamiento entre ambos gobiernos, y que parecen estar más pendientes de enquistar el conflicto que de tratar de aproximar posturas por medio de un análisis crítico y sosegado del asunto, tratándose de alejar de dogmatismos. Pero ya se sabe lo que pasa con la mercantilización del periodismo y las nefastas condiciones en las que en la actualidad se ejerce…

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En cualquier caso este es solo uno de los muchos puntos en torno a los cuáles debemos reflexionar de cara a cambiar el modo en el que se regulan y se gestionan los medios de comunicación, públicos y privados, en nuestro país.

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