La campaña de nuestras vidas

Con más de un 40% de personas que aún no tienen decidido su voto, esta campaña electoral parece más crucial que cualquiera de las que se recuerdan. Parecería cínico decir que alguien ya ha ganado, pero la verdad es que antes de esta campaña ya hemos ganado todas. Todas las que queremos un país mejor, un país más justo. Un país que no deje a nadie atrás.

​Estamos en campaña. De nuevo. Con la ilusión y la sonrisa intactas. Con nuevas experiencias adquiridas. Estamos en campaña, como lo hemos estado desde que nacimos. Elecciones europeas, elecciones andaluzas, elecciones autonómicas, elecciones municipales, elecciones catalanas… A excepción de las europeas, en las que nos presentamos para alterar el tablero político y decirle a los actores tradicionales que era ahora o nunca, que lo hacían ellos o lo hacíamos nosotras, en el resto de elecciones nuestra postura era la misma: o lo de siempre, o lo nuevo. O las políticas austericidas dictadas por Merkel para ser sus mayordomos, o un Gobierno soberano del cambio. Intentaron difamar constantemente, no sin consecuencias. Pero aprendimos, resistimos. Seguimos tan vivos y vivas como al principio, estamos aquí, plantando cara a quien no se muestra. Cuando decíamos que Mariano Rajoy le había hecho la campaña a Artur Mas y que ahora iba a ser al revés, no nos equivocábamos. Estamos viendo una estrategia similar en sus planteamientos y cuyos resultados pueden acabar siendo idénticos: que Mas y Rajoy den un paso atrás y dejen la política.

​Cuando pensaba titular para el artículo, no se me ocurría uno más apropiado. Hablamos de la campaña de nuestras vidas, porque sabemos lo que nos jugamos. Sabemos que hay una década en juego. Sabemos que lo que se decide es más que un Gobierno, porque ya hemos visto que llegar al Gobierno no significa tener el poder. No si pretendes gobernar sin la gente, sin tu gente. Hablamos de un país contigo, con vosotras, porque sois las verdaderas protagonistas de esta historia. Dormíais, dormíamos. Despertásteis, despertamos. Tenemos los ojos bien abiertos y la mirada fija en un único objetivo: ganarle las elecciones generales al Partido Popular. Frente a quienes afirman con la boca pequeña, como si no apoyaran ya la Púnica en Madrid o los ERE en Andalucía, que no darán sus votos en el Congreso a Rajoy o a Sánchez, garantías. Formamos gobiernos del cambio allí donde fue posible, echando de las instituciones a corruptos e indecentes. Formamos gobiernos del cambio en los que se demuestra que la única aritmética posible con la que llegar a acuerdos con la gente por medio del Partido Socialista es cuando están por debajo.

​Las candidatas de Podemos sufrimos la campaña. La disfrutamos, pero la sufrimos. Sufrimos como quien sufre el peso de la responsabilidad recaer sobre sus hombros. Sufrimos cuando la gente nos para y nos pide que no les defraudemos, que la única posibilidad que queda de tener un presente y un futuro dignos pasa por votar a Podemos y desahuciar al Partido Popular. Sufrimos cuando vemos que quienes no pueden haber sufrido más recortes en su pensión se acercan a ofrecer donaciones a la causa. Sufrimos. Sufrimos con los titulares de los medios de comunicación, porque sabemos que a quien hacen daño sus difamaciones es a vosotras. Sufrimos como las leonas que ven peligrar su manada. Pero creemos que ya valió de sufrir. Que 4 años han sido suficiente sufrimiento como para aprender a hacer política nosotras, como para aprehender las actas de concejales, concejalas, diputados o diputadas y empoderárnoslas. Ponerlas al dictado y la disposición de la voluntad popular. Sufríamos porque somos humanas, somos de verdad. Sufríamos viendo cómo aprovechaban posiciones privilegiadas para el bien privado.

​Estamos en campaña, y las campañas no son para sufrir. Las campañas no son para sufrir nosotras. Estamos en campaña y ahora toca que sufran ellos. Toca que, como diría Sabina, a nosotras nos parezcan 19 días, pero a ellos les atormente durante 500 noches. Estamos en campaña y no nos creemos a quienes están en perfecto estado de revista. Nos creemos a nuestras iguales, a quienes no duermen preparando las intervenciones. A quienes agotan las baterías de sus portátiles y sus teléfonos tuiteando para quienes no pueden acudir a los actos. A quienes se mojan.

​El pasado jueves abríamos la campaña de las generales en Asturias donde terminamos la de las autonómicas: en Avilés. Apenas hubo antelación para convocar a la gente y que acudiera al acto, y no miento si digo que había un centenar de personas con animosa voluntad de cambio. Llovía, y la gente no cesaba en sus aplausos. Cuando me tocó intervenir, tuve que hacer mención a este hecho. “Ésta es la campaña de la gente que se moja, la campaña de la gente que en los momentos históricos no se queda de perfil.” Todo lo que dije es y era verdad. Es nuestra campaña, la campaña de nuestras vidas. Y no hay una única forma de hacerla. Hay un único fin para el que todas debemos hacer campaña. Cada uno y cada una la suya. La que sepa, la que pueda. Pero haz campaña, hagamos campaña. Hagamos de la dignidad el motivo para nuestras vidas.

Cristian García Fernández.

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