Perder la credibilidad, perder la legitimidad, perder la hegemonía

Cristian García. Candidato de Podemos por Asturias.

Ahora que el final de la campaña cercena las esperanzas de algunos de los partidos políticos de lo viejo, me parece pertinente socializar algo que me llama la atención, y creo que no soy el único.

A sabiendas de que está prohibido publicar encuestas en España de aquí al final de la campaña electoral, la sensación que se palpa en el ambiente en los últimos días hace que la ilusión y las sonrisas se apropien del eje de la campaña, y que la correlación de fuerzas entre los señores de lo viejo, quienes se dan golpes en el pecho por la herencia dejada al Partido Popular por Zapatero, quienes pregonan ser algo nuevo, pero cada vez pueden ocultar menos su pasado en Catalunya y quienes se sienten muy a gusto mencionando la lucha de clases y la III República en sus mítines, ha cambiado. La tendencia es diferente para todos ellos.

Por un lado tenemos al Partido Popular, quienes parecen vivir en un día de la marmota anterior al 15M constante y no haberse acordado de cambiar la película en blanco y negro que tratan de inocularnos. Aunque quién lo diría, viendo el gusto por los plasmas que en su partido tiene alguno… El Partido Popular mantiene fiel a su electorado rural y mayor, pero se desangra en las grandes ciudades y en ciertas autonomías en las que su peso pasa a ser irrelevante. Que parezca mantenerse como si ya nada hubiese pasado en España, a pesar de que va a perder muchos, muchos, muchos votos.Esto tiene mucho que ver con ese fascismo sociológico que aún convive con buena parte de las personas de nuestro país y se muestra reacio a cambios y a movimientos de mayor o menor brusquedad que alteren su, por otro lado ya alterado, statu quo.

Por otro lado tenemos al PSOE, quien en campaña aparenta ser creíble, legítimo y hegemónico, pero su bagaje al frente del Gobierno, la experiencia, como ellos dicen, le pierde. Y las formas. Vemos a Pedro Sánchez demasiado nervioso y vociferante en los mítines últimamente. Algunos y algunas podríais pensar que se debe a que habla de desahucios, de reformas laborales, de puertas giratorias o de todo aquello que a las clases populares nos afecta, pero para nada. Todo lo contrario. El hecho curioso aquí es que asistimos en primera línea al hecho ya ponderado y empírico de que el bipartidismo se resquebraja, pero en este caso a quien afecta mayoritariamente es a quien, desde la oposición, no supo ni quiso hacer frente al Gobieno de Mariano Rajoy. Además, el programa económico del PSOE siempre ha sido un punto débil que no parecen saber salvar a estas alturas.

También tenémonos el fenómeno de Ciudadanos, con el que pasa algo similar a lo que sucede con el Partido Popular. Es ese fascismo sociológico que sobrevuela aún nuestras conciencias y les facilita estar algunos pasos a la derecha del PP en algunas cuestiones de programa. Para nada es impostado querer subir el IVA del pan, acabar con cualquier tipo de lucha contra la violencia machista o querer implantar copagos. Por otro lado, su programa contiene mayor liberalismo económico y su discurso puede seducir en un determinado momento a buena parte del electorado medio que no se cree ya ni al Partido Popular ni la faceta económica del Partido Socialista. Ciudadanos apuesta por electorado de centro-izquierda, denominándose a si un partido progresista. Se puede apreciar en este fenómeno un populismo teórico de derechas, similar a algunas de las tesis de Podemos, pero en malo. De ahí surge el concepto de la centralidad mal entendida, puesto que en política no puedes estar en campaña con el Banco Popular y su financiación y gobernando con las personas desahuciadas por el mismo. Ver a Albert Rivera decir “sí se puede” debe irritar a una buena parte de la sociedad y demuestra con hechos esta tesis.

No pensaba detenerme en exceso analizando a Izquierda Unida-Unidad Popular y a UPyD por cuestiones espaciales y de relevancia política en la actualidad, pero voy a hacer un par de matices sobre los primeros, dada su historia y la simpatía que despierta Alberto Garzón entre bastantes personas.

Con Izquierda Unida pasa algo similar a lo que vemos en el PSOE. Adoptan medidas programáticas de Podemos en su nacimiento, tratando de disputar, de nuevo, la batalla electoral en el eje izquierda-derecha y no perder una batalla que no es ideológica, sino de concepto. Pablo Iglesias, quien jamás ha ocultado ser de izquierdas, entendió que el deber de un revolucionario era ganar, y por ello trabajó. Sin embargo, en Izquierda Unidad las aspiraciones de victoria, o el intento de luchar por tenerlas, queda ya muy lejos, con Julio Anguita. El otro día tuiteaba Garzón que tenían algo peor que salir en TV, algo más peligroso: propuestas de izquierdas. Resulta paradójico, cuando sostienen a la Federación Socialista Asturiana en el Principado y jamás inquietaron a los poderes. Esa relación de amor-odio en lo plástico, pero de mútua conveniencia en la práctica, siempre hizo de IU un partido con aspiraciones muy bajas. Decían querer asaltar los cielos, pero volaban muy bajo, volaban sin alas.

Resulta sencillo afirmar, sin embargo, que todo lo contrario, absolutamente todo, sucede con Podemos, quien siempre va un paso por delante, porque sueña con ello, cree en ello, pero trabaja y comunica para ello. Ésto introduce una novedad y una frescura constantes e inusitadas en la política hasta hace bien poco. Estratégica y teóricamente, consiste en la anticipación al adversario. En la práctica, necesita de una alta dósis de capacidad pedagógica, de capacidad por disputar el sentido común. Resulta especialmente atractivo para el electorado joven, puesto que le permite soñar futuro. Pero también fruto de una crisis política también en lo generacional. Es ese sentido común trabajado lo que coloca a Podemos en el centro de las próximas elecciones. También lo son determinadas posiciones estratégicas en las ciudades del cambio y en autonomías donde el Partido Popular está muy mermado las que aún contemplan el asalto a los cielos.

El futuro, que no viene ahora a cuento, pero que parece empezar a dibujarse, mira a Susana Díaz en un lado, mostrando el que es el peor PSOE. La peor vieja política. O la única posible ahí dentro. Pero esa pérdida de hegemonía en el centro-izquierda parece propiciar un giro conservador con Ciudadanos a la derecha y una dura pugna entre PP y PSOE por ver quién toca mientras se hunde el ‘Titanic’ del bipartidismo ¿La reválida? Andalucía (PSOE) tiene un peso mayor que Castilla (PP).

  1. Todavia en esta España, hay mucho estomago agradecido y muy poca empatia, aparte del analfabetismo cultural.

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