Muerto el perro, continúa la rabia

Àlex Màrquez García. Jurista.

Habemus President. Después de 3 meses de arduas negociaciones entre la candidatura de Junts pel Sí y la CUP, el pasado sábado 9 de enero se cerró un acuerdo entre ambas candidaturas para investir al nuevo Presidente de la Generalitat de Catalunya.

Se ha demostrado que la CUP sí tenía fuerza para defenestrar a Mas, pero también queda patente que para hacerlo, ha sido necesaria una brutal humillación de los anticapitalistas.

Durante 3 meses, hemos vivido en Catalunya una tensa situación por la incertidumbre generada alrededor de la investidura del Presidente y de cómo quedaría el Procés ante el tira y afloja de ambas candidaturas. Lo que en un primer momento parecía harto difícil, pues la negativa de la CUP a investir a Artur Mas parecía que echaría al traste el proceso independentista catalán, ha acabado en un final que no gusta a nadie pero satisface a todos.

Mas no será presidente. Condición impuesta por la CUP para votar a favor la investidura y que le ha supuesto una contrapartida con enorme carga política. La Candidatura de Unidad Popular asume el papel de garante de la estabilidad parlamentaria durante los próximos 18 meses, en el mejor de los casos, lo que significará una ingente tarea para un partido anticapitalista que tiene sus raíces en las luchas vecinales de los barrios y los municipios de Catalunya, y que hace apenas 3 años decidió dar el salto a las instituciones.

Se ha demostrado que la CUP sí tenía fuerza para defenestrar a Mas, pero también queda patente que para hacerlo, ha sido necesaria una brutal humillación de los anticapitalistas. “La vida es dura”, declaraba el expresident el domingo cuando salió ante la prensa a explicar cuál era el acuerdo definitivo: “Aquello que las urnas no nos dieron directamente, se ha corregido a través de la negociación”. Es decir, el mandato democrático de la ciudadanía catalana ha sido enmendado por Artur Mas con la connivencia de la CUP, que además de garantizar la estabilidad parlamentaria, asume la exigencia de Junts pel Sí para que dimitan dos de sus diputados y, otros dos, pasan a la dinámica parlamentaria de la coalición entre CDC y ERC.

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Benet Salellas, uno de los diputados de la CUP en el Parlament de Catalunya, declaró el domingo también que dentro de la estabilidad parlamentaria no estaba contemplado un acuerdo por los presupuestos así como la implementación de políticas antisociales, en caso de que a Junts pel Sí se le ocurriera tal cosa, y que el acuerdo sólo les obliga durante 18 meses, hasta la constitución de la República Catalana. No parece que vaya a pasar tal cosa.

No parece que ese escenario pueda suceder: el Procés tiene visos de alargarse indefinidamente en el tiempo y se seguirán llevando a cabo políticas antisociales.

No parece que ese escenario pueda suceder por dos motivos. Primero porque el Procés tiene visos de alargarse indefinidamente en el tiempo, pues no parece que una declaración unilateral de independencia tuviese la fuerza necesaria tanto en el escenario internacional como en el estatal, y porque no es el escenario real que se maneja desde Junts pel Sí, que aparcaron esta iniciativa para conseguir pactar un referéndum vinculante con el gobierno del estado. Un gobierno, por otra parte, que está en construcción y que podría ir cediendo en pro de un posible acuerdo entre Podemos y PSOE con la línea roja del referéndum. Segundo, porque uno de los grandes mantras durante estos 4 últimos años en Catalunya es el famoso Espanya ens roba, en referencia al déficit fiscal catalán y como por este motivo se están llevando a cabo políticas antisociales comúnmente llamados recortes; como también, el argumento de la opresión que ejerce el estado español en Catalunya, humillando desde las instituciones a las ciudadanas y ciudadanos catalanes con cuestiones como la identidad, autonomía (en el amplio sentido del concepto) y la lengua. En este caso, por lo tanto, los presupuestos que deberán aprobarse seguirían en la misma línea o acabarían descubriendo que esos recortes no eran una cuestión coyuntural, sino ideológica. De no aprobarse nuevos presupuestos se prorrogarían los anteriores, que la CUP y las izquierdas catalanas calificaron como los más antisociales de la historia de Catalunya.

Es, por lo tanto, una situación muy complicada para la CUP, que se ve inmersa en una pinza en la que ella misma ha cedido demasiado en la negociación. Tanto, que va a verse atada de pies y manos a la hora de garantizar esa estabilidad parlamentaria, con dos diputados secuestrados por la dinámica de Junts pel Sí, ante la aplicación de esas más que previsibles políticas de recortes o la prórroga de unos presupuestos que son claramente antisociales. El Procés no está muerto, como auguraban desde CDC ante la perspectiva de la renuncia de Mas. Y tienen razón. El Procés está herido. Profundamente. Y veremos cómo se desenvuelve todo este entramado de contradicciones en los próximos meses, a la luz también de cómo se desarrollen los acontecimientos en el estado español.

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