¿Un gobierno del Sinn Fein?

Sinn_Féin_offices,_Belfast

Con mucha probabilidad al finalizar el Congreso del Partido Laborista (co-gobernante junto al Fine Gael de centro-derecha) este fin de semana se anunciará convocatoria de elecciones anticipadas, unos comicios que podrían tener fecha para un cercano 26 de febrero.

Sin embargo, más allá de si la predicción resulta cierta o no, lo que si resalta como variable esencial y novedosa es que, según diversas encuestas, sin importar si la elecciones se adelantan o no, los datos apuntan a que el partido republicano Sinn Féin obtendría unos muy buenos resultados, con opciones reales de convertirse en primer partido, una posible “sorpresa” por lo tanto ya anunciada para esta cita electoral.

Por el momento tanto la dirección como la militancia del Sinn Féin no comentan mucho y prefieren continuar con su trabajo de base, que es seña de identidad. Un largo y detallado trabajo, que sumado a sus claras posiciones políticas respecto a temas sustanciales de la realidad irlandesa les ha ganado la simpatía de amplios sectores de la población, de acuerdo a lo que reflejan las prospecciones electorales conocidas.

La derecha en alerta roja

Muy atentos a esta realidad, los más influyentes medios de comunicación de la Isla han desatado una nueva campaña de descrédito en torno al partido republicano, que cuenta con una importante implantación tanto en el Norte como en el Sur (una diferencia importante de resaltar respecto al resto de las agrupaciones políticas).

Recurriendo a métodos y estrategias ya probadas -al parecer con malos resultados según las encuestas- estos grandes medios han articulado una doble actitud común: Por un lado ignorar en lo posible la presencia y posiciones del Sinn Féin en la política diaria y los conflictos cotidianos mediante la vía de no nombrarlos directamente, y una segunda actitud consistente en que cuando resulta imposible ignorarlos, amplificar los ataques directos al partido dirigido por Gerry Adams, bajo la idea expresada por el partido derechista, y co-gobernante, Fine Gael de qué “la mejor manera de mantener la estabilidad es no sacudir el barco”.

Así, los principales medios de prensa de la República irlandesa divulgan ampliamente noticias y enfoques tendentes a demostrar fehacientemente las tesis de los viejos partidos gobernantes del Sur, de que un Gobierno del Sinn Féin sería un auténtico “desastre”, con la amenaza de que el mismo tendría además un negativo impacto en lo que se refiere al empleo, al tiempo que acusan abiertamente a las propuestas socio-económicas del Sinn Féin como fruto de la “ignorancia”, por lo que consecuentemente las promesas económicas republicanas serían, según estos medios, “meras fábulas y ensoñaciones”.

Centenario de la Rebelión de Pascua, una República por completar

Ese 2016 es, además, más allá de coyunturas electorales, un año sumamente importante de conmemoración en Irlanda pues se cumple un siglo de la Revuelta de Pascua, cuando los voluntarios nacionalistas y socialistas tomaron los centros estratégicos de Dublín, en plena I Guerra Mundial, en contra de la ocupación inglesa, y proclamaron un 24 de abril la República de Irlanda.

Una declaración política fundacional que aun sigue siendo en sus términos y aspiraciones actual y moderna. A pesar de la derrota, e intensa represión inglesa que subsiguió a la rebelión, los acontecimientos consiguientes: guerra de guerrillas anti-británica urbana y rural, acuerdo con Gran Bretaña y posterior Guerra civil, y definitiva partición de la isla en Norte (aun bajo dominio británico) y República conservadora en el Sur. Las profundas marcas que todos estos hechos produjeron en el imaginario popular irlandés siguen aun muy presentes, especialmente el hecho de la partición de la nación en dos.

Un Sinn Féin heredero legitimo de “aquella República”

Es sobre la base de la determinación de que Irlanda sea una República unida que el Sinn Féin, en sus diferentes etapas de derrotas y re-nacimientos, construyó su propia historia y recorrido pues ha sido precisamente esta agrupación política la que ha defendido contra viento y marea, durante casi un siglo, la aspiración de la unificación.

En vísperas de elecciones en Irlanda, el tema de la República que defendían aquellos insurrectos de 1916 (calificados en su momento por las autoridades británicas, por supuesto, como terroristas, y hoy héroes y precursores de la nación) tiene en el Sinn Féin un representante legítimo muy reconocible.

Los partidos del viejo sistema, construido precisamente a raíz de la partición de 1920-21, muestran hoy sus temores más íntimos mediante su agresividad hacia el Sinn Féin, un partido-movimiento ascendente que amenaza su poder, sus privilegios y su monopolio de la representación del Estado.

Las “armas” de los republicanos

Las armas secretas del “enemigo”, en este caso el Sinn Féin, por su parte son públicas y conocidas, y no se han quedado, por cierto, en el rédito de haber defendido incansablemente la unificación de la Isla, sino que en las décadas más recientes, a partir del denominado Acuerdo de paz Viernes Santo (1998), esta agrupación ha estado incansablemente en primera línea del frente, batallando por cambiar las orientaciones económicas, sociales y políticas que han regido desde sus inicios el sistema de poder y económico de Irlanda del Sur. Una República a la que hasta hace bien poco se la denominaba en sectores económicos internacionales como el Tigre celta, como consecuencia directa de los resultados de tendencias especuladoras y burbujas financieras. Sin embargo, este mismo Tigre desde el inicio de la crisis económica internacional, es una buena muestra de la acumulación de problemas vitales como el desempleo, las desigualdades sociales, o una manifiesta incapacidad de ejercer soberanía, dentro de la UE a la que pertenece.

El Presidente del Sinn Féin, Gerry Adams, ha afirmado, incisivo como siempre, que “el problema de si el Sinn Féin llega al gobierno es solo una cuestión de cuando. Si será en esta o en la próxima elección”, mientras añadía como clave de su crecimiento constante: “nosotros trabajamos como siempre lo hemos hecho, con claridad y trasparencia”, valores que al parecer conllevan rendimiento político.

El Norte también presente

Pero si este año 2016 en el Sur de la Isla es importante, la parte Norte también aporta sus propias realidades, dado que el próximo 5 de Mayo habrá elecciones legislativas al Parlamento inglés en los 6 condados segregados.

Un territorio donde el Sinn Féin viene creciendo de manera lenta pero muy sólida desde los acuerdos de 1998, y de continuidad con esta tendencia se anuncian posibles cambios, como por ejemplo que los republicanos del Sinn Féin están a un paso para obtener un tercer diputado por Derry (lo cual los colocaría por delante de los socialdemócratas del SDLP -Social Democratic and Labourist Party-). Una disputa de hegemonía cuyos resultados habrá que verificar en las urnas, pero que aportaría sin duda otro elemento importante en el contexto de la Isla en su conjunto.

Temas para las próximas elecciones

Ante la cercana campaña electoral en el Sur hay que subrayar cuestiones que pueden ser claves en sus resultados, por ejemplo, el controvertido impuesto sobre el uso del agua, que ha dado lugar a numerosas manifestaciones y un amplio rechazo social. Un conflicto en el cual el Sinn Féin siempre se ha manifestado claramente a favor de que el agua sea un bien social, apoyando por todos sus medios las rebeldías en contra del “water charges”. En esta dirección la vice-Presidenta del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, ha manifestado abiertamente que si llegan al Gobierno abolirá ese impuesto, y promoverán un referéndum para incluir en la Constitución, la propiedad pública de todas las infraestructuras relativas al uso y explotación de ese preciado líquido.

Otro cuestión importante será la política económica, respecto a lo cual la misma responsable republicana ha señalado que las acciones del Gobierno actual (Fine Gael-Labour Party) han tenido como objetivo beneficiar a los más ricos, y ha anunciando que su partido reformaría el impuesto conocido como Local Property, lo que reduciría notablemente los impuestos directos a unos 277.000 trabajadores, con ingresos de hasta 19.572 euros anuales.

Hasta la naturaleza puede influir ante la incapacidad del Gobierno actual

A todo esto hay que sumarle situaciones concretas y coyunturales que pueden tener un impacto directo en la elección final de la población como, por ejemplo, las recientes consecuencias de un invierno particularmente intenso que ha producido severas inundaciones ante las cuales el Gobierno, encabezado por Enda Kenny, ha reaccionado con pasividad y lentitud acrecentando el malestar social y una imagen negativa hacia el Gobierno.

Cuando la tormenta Stormont golpeó Irlanda, alrededor de 600 familias se vieron obligadas a abandonar sus casas, al tiempo que 400 negocios y empresas tuvieron que cerrar por las afectaciones. Miles de hectáreas cultivables fueron inundadas al mismo tiempo que unos 50.000 propietarios de casa y viviendas recibieron la negativa de indemnización por parte de las poderosas e influyentes compañías de seguros, que además decidieron nos seguir vendiendo sus servicios en “zonas potencialmente inundables”.

Ante todo esto, la patética respuesta del Primer Ministro en sesión parlamentaria fue: “No puedo hacerme dios. Las últimas lluvias han sido devastadoras pero yo no puedo prever los eventos atmosféricos”.

¿Repercusiones a nivel internacional?

En el transcurso de este año las noticias que nos lleguen de la verde Eire parece que aportarán importantes novedades, no solo en lo que se refiere a lo interno sino también en las potenciales consecuencias que estas puedan tener en el inestable equilibrio que vive la UE. Si las previsiones que apuntan a una victoria electoral del Sinn Féin se confirman, y a eso se le suma una subida en el Norte, cabría hacerse la pregunta de qué repercusiones podría tener en el ámbito de la UE un posible gobierno de izquierda en la República irlandesa. La cuestión no resulta para nada menor si tenemos en cuenta los cambios sociológicos y políticos que se vienen operando en los últimos tiempos en Grecia, España y Portugal, a lo cuales se les podría sumar Irlanda próximamente, reforzando así un especie de suma de descontentos y rebeldías frente a una UE dominada por las políticas acordadas entre las viejas potencias (Alemania, Francia, Grán Bretaña) en beneficio de una la oligarquía global financiera que conlleva un constante deterioro de las condiciones de vida de las mayoría sociales.

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