Mejor rastas que casposos. Una estética para el cambio

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo.

La estética en política siempre ha jugado un papel preponderante en muchos aspectos. Esto no puede extrañarnos ni escandalizarnos. ¿Cómo iba a ser de otra manera si la vista es el sentido de mayor importancia para la cultura occidental, si la estética una de las bases de la articulación de la identidad de ser humano y si vivimos en la era de la imagen?

“Podemos se ha definido en ciertos momentos como la canalización institucional del Movimiento 15M, debe existir un cierto paralelismo entre la estética de los nuevos diputados y los anteriores indignados: ¡Que sí nos representan!”.

Dicho esto, no podemos menos que advertir que el cambio de estética en la política de nuestro país es tan solo un reflejo más, pero no por ello menos importante, de la irrupción en la política institucional de sectores sociales que denuestan la política tradicional y sus formas. En este sentido, si Podemos se ha definido en ciertos momentos como la canalización institucional del Movimiento 15M, debe existir un cierto paralelismo entre la estética de los nuevos diputados y los anteriores indignados. Se trata de ser congruente, también en la estética, por qué no, con la idea de “¡Que sí nos representan!”.

La figura que ha venido a representar de una manera más clara este cambio de estética que ha sufrido el Congreso en la recién iniciada legislatura ha sido el diputado de podemos Alberto Rodríguez, quien rápidamente llamó la atención debido a su pelo, simplemente por el hecho de llevar rastas. Un tipo de estilismo como ese no debería tener que suponer la aparición de un considerable revuelo al respecto, como en cambio sí ha sucedido. La cara de Rajoy al ver como el diputado de Podemos  se acercaba es sintomática de la fuerte impresión que puede causar en según qué mentalidades. Por tanto, si aducimos que Rodríguez es un reflejo simbólico, una forma de representación, de ciertos sectores sociales que apuestan por un cambio en el contenido y las formas de la política, debemos sostener igualmente que Rajoy, y muchos otros, es representante de otra parte de la población, aquella que apuesta por la continuación del proyecto vigente, y que, tristemente,  tiene de momento más fuerza electoral que la anterior.

GRA198. MADRID, 13/01/2016.- El diputado de Podemos Alberto Rodríguez (i) pasa ante el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, antes de votar la elección del presidente del Congreso, durante la sesión constitutiva de la Cámara Baja que supone la apertura de la XI Legislatura. EFE/J.J. Guillén

Ciudadanos, un partido que viene a representar un intento de renovación de la política sin alejarse en ningún momento de los cánones políticos usuales. Individuos de una juventud y belleza sin par.

La pregunta que se presenta por tanto es qué estética es aquella que despierta más simpatía en la población española. Es cierto que con la aparición de Podemos muchos han sido los líderes políticos que se han visto tentados a cambiar la chaqueta por la camisa de cuadros, sobre todo entre aquellos que pretenden representar el “centro-izquierda”, pero lo cierto es que la manera en la que se visten nuestros representantes no ha sufrido una variación significativa a grandes rasgos. El ejemplo más claro es Ciudadanos, un partido que viene a representar un intento de renovación de la política sin alejarse en ningún momento de los cánones políticos usuales. Todos sabemos que está por ver si los representantes de Ciudadanos son inteligentes, hábiles y eficaces o por el contrario son solo lo que vemos, es decir, individuos de una juventud y belleza sin par.

albert_rivera_arrimadas_villacis_251015

Por tanto, ¿qué debe hacer un partido político en España para conseguir sumar a su proyecto los máximos apoyos electorales posibles, independientemente de su programa, cambiar la estética y los gestos en política u optar por un uso interesado de la continuidad en las formas? Por el momento puede parecer que Podemos ha optado por la primera, es decir, por un proceso que fomente un cambio de hegemonía cultural que lleve a la población a interiorizar máximas como la que hace unos días presentaba Rodríguez: “La mayoría de los dramas y los recortes que hemos vivido los han hecho gente con traje.” Cuanto más sea capaz Podemos de introducir un discurso que altere el “sentido común” vigente, más fácil le será articular un proyecto político de cambio social.

Pero, ¿esto es realmente así? Cabe presentar dos ejemplos claros de cómo Podemos ha tratado de adaptarse a una estética hegemónica en el ámbito político de cara a conseguir un apoyo social mayoritario. La primera de ellas se refiere al líder del partido, Pablo Iglesias, quien, una vez creado Podemos, no dudo en variar en cierto sentido su forma de vestir y optó por prescindir del piercing de la ceja. Su coleta en cambio permanece en su lugar, y de alguna manera se ha convertido en un símbolo de la nueva política que además no es rechazado como una excentricidad, luego no cabe abogar por un cambio en este sentido. El segundo ejemplo viene a ser representado por el número dos de la formación morada, Iñigo Errejón. El portavoz de Podemos en el Congreso siempre ha hecho gala de una imagen sobria, lejos de estridencias, una estética ante la cual no cabe el reproche de ostentosidad ni el calificativo de “perroflauta”. No es extraño que haya sido precisamente Errejón uno de los principales abanderados de una apuesta por la centralidad política. Entender que Podemos requiere de una estética que no se alinee con la propia de la izquierda tradicional es entender que necesitan también obviar cierto vocabulario de la izquierda, como puede ser la noción de proletariado, sustituida por el “los de abajo”, ya que la anterior no ha resultado eficaz en el pasado de cara a la consecución de un proyecto que aglutine a una mayoría social por el cambio.

Erregramsci_PLYIMA20160119_0002_4

En cambio lo que debe hacer la izquierda es promover la naturaleza aconfesional del Estado, noción ya reflejada en el artículo 16.3 de la Constitución de 1978

La relación entre estética e izquierda ha aparecido también en la actualidad en lo referente a la cabalgata de Madrid los Reyes Magos. A mi juicio es una pena que temas de tan minúscula trascendencia como la vestimenta de sus protagonistas supongan un revuelo mediático tan grande. Igual lástima me suscita que desde el ámbito de la izquierda haya colectivos que se dediquen a movilizarse para que haya Reinas Magas, o un Baltasar que sea negro. En cambio lo que debe hacer la izquierda, si es que tiene que intervenir en algo referente a los magos, es promover la naturaleza aconfesional del Estado, noción ya reflejada en el artículo 16.3 de la Constitución de 1978, y por tanto ir en la dirección de acabar con el gasto público en pro de una determinada confesión que suponen las cabalgatas. En cualquier caso parece que la izquierda trata de hacer en este aspecto un cambio que se ciña a lo anecdótico, y estético, al ser consciente de la imposibilidad actual, debido a la correlación de fuerzas, de acabar con cierta prácticas asociadas con la religión pero que cuentan con un gran apoyo social como es el caso de las cabalgatas del 5 de enero.

Lo que se plantea en este artículo es la relación dialéctica entre el cambio de la hegemonía cultural y el uso interesado de esa hegemonía cuyo cambio se prevé intrincado

A modo de resumen se podría decir que lo que se plantea en este artículo es la relación dialéctica entre el cambio de la hegemonía cultural y el uso interesado de esa hegemonía cuyo cambio se prevé intrincado. Quizás estas dos cuestionaste no sean contradictorias, pero si resultan serlo, habrá que optar por la estrategia más efectiva. Por tanto, ¿será capaz Podemos de abrir una brecha en la hegemonía cultural de una España del siglo XXI, en un entorno europeo y un mundo capitalista globalizado, de modo que sus bases electorales aumenten integrando a sectores alejados tradicionalmente de la izquierda y su estética, o será necesario llegar al poder primero y legislar a favor de las clases populares en pro de este objetivo?

Al fin y al cabo, mejor rastas que casposos trajeados, pero ojalá la desigualdad más importante en el país entre las clases dominantes y el pueblo fuera la vestimenta. Y lamentablemente no es así. Por tanto, vístanse como quieran ya que a todos nos debiera valer el “azul oscuro casi negro” mientras nos den un futuro menos oscuro.

Deja un comentario