El Triángulo Azul en el Senado.

-En diciembre de 2004 el Consejo de Ministros asumía la propuesta de Naciones Unidas para elegir el 27 de enero      como  Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

-Esa fecha es el  la del aniversario de la Liberación del campo de Auschwitz en 1945 por las tropas soviéticas.

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El presidente Zapatero eligió a la Casa Sefarad (representante de la comunidad judía en España) para ser la principal protagonista del homenaje de las Cortes Generales. El PP ha mantenido durante todo su mandato la estrategia de invisibilización de las víctimas españolas de los crímenes en colaboración del franquismo y el nazismo: siguen sin tener derecho a tomar la palabra e incluso en ocasiones algunos familiares que lo demandaban no han sido tan siquiera invitados. En algunas de las distintas ediciones de los últimos años las víctimas han podido constar que los más de 12.000 españoles ya documentados que pasaron por distintos campos de exterminio en Alemania y Austria, no eran ni mencionados.

Año tras año las víctimas y los activistas de la memoria han salido descorazonados por esta embozada estrategia de negacionismo de nuestro Senado. Mientras Francia condecoraba a los 23 sobrevivientes españoles el pasado año, el 12 de mayo de 2015 el PP se negaba en el Parlamento a reconocer jurídicamente a los deportados españoles, mostrando y manoseando las fotos de Mauthausen con dolor de las familias, al tiempo que el PSOE se abstenía.

Siendo conscientes de la nueva situación política, en la edición de este año nos hemos encontrado que el establishment senatorial ha cambiado la estrategia conmemorativa del Holocausto. Junto  las entidades hebraicas que, paradójicamente, aprovechan la ocasión para abordar el conflicto árabe israelí con un discurso poco diplomático en un homenaje institucional de la paz, participó Cristina Almeida. Exparlamentaria con más de 15 años de vida activa  fue invitada como representante de la Comisión de la Verdad. Por fin una persona próxima al movimiento de la memoria tomaba la palabra en este acto, para recordar el Triangulo Azul, a Jorge Semprún y las exigencias de verdad, memoria y justicia exigidas por las Naciones Unidas. Aunque en su intervención habló de los “españoles” –a pesar de que el franquismo los condeno a la pérdida de nacionalidad- , eludiendo referirse en ningún momento a ellos como republicanos, la identidad política a la que nunca renunciaron a pesar de a muchos los llevó a la muerte en los campos de exterminio.

Con lentitud el campo progresista parece dar otro pequeño paso, aunque a todas luces insuficiente para desenmascarar la estrategia de negacionismo cínico tan bien articulada por la derecha. En este sentido, merece mención la intervención del ministro Margallo, que sin empacho pudo declarar que ” No es lícito callarse. La indiferencia es pecado y debe tener su castigo”. Podría decirse que nunca es tarde, pero su propuesta sonó a destiempo y sudaba doble moral y doble discurso. Sobre todo porque flotaba en la memoria de familiares su intervención de 2011, cuando sustituyó la palabra: deportados españoles por la de ” disidentes ideológicos” (término en aquella ocasión también compartido por el ministro Gallardón). Obviamente disidentes del franquismo, en tanto defensores de la legalidad republicana… Estas coordenadas ideológicas de gestión del pasado encuentran cada vez más resistencia entre generaciones más jóvenes, que quieren normalización y una textura más acogedora para nuestra convivencia democrática.

Negar nuestra historia es socavar nuestro futuro. No debemos olvidar que el Triángulo Azul sobre fondo rojo indicaba en los campos de exterminio nazi a los presos políticos considerados apátridas, en nuestro caso porque en 1940 el ministro Serrano Suñer informaba a las autoridades colaboracionistas de Vichy y a los nazis que se desentendía del exilio (“No hay españoles fuera de España”), que perdían su condición de españoles huyendo perdidos en una Europa que se internaba en la más terrible guerra conocida por la humanidad. A pesar de que se enrolaron y combatieron en primera línea de todas las resistencias antifascistas del viejo continente y del norte de África; a pesar de que el valenciano Amado Granell estuviese comandando la avanzadilla de la “Nueve”, batallón de la División Leclerc formado por 144 españoles que, adornando sus tanques con la tricolor, daban comienzo a la liberación de París acudiendo en ayuda del levantamiento popular el 25 de agosto de 1944; a pesar de que el valiente testimonio gráfico del fotógrafo Francesc Boix sirvió para incriminar en el Tribunal de Núremberg  a la alta jerarquía nazi que explotaba con trabajo esclavo hasta el exterminio a los prisioneros en los 186 escalones de la “escalera de la muerte” de la fatal cantera del campo de Mauthausen; a pesar de todo ello, el establishment parlamentario quiere olvidarse de ellos, de nosotros, por ser una parte fundamental de nuestra historia.

El olvido vuelve a enterrar a las víctimas una segunda vez, prolongando su dolor de una generación a otra. El pasado se niega a pasar, por una absurda gestión cultural que quiere mantener la pesada hegemonía conservadora heredada del franquismo. Llega el momento de acercarnos a Europa también en este ámbito ético-político, la sociedad española necesita normalizarse también en este aspecto. Más allá de los discursos partidistas justificatorios de las trayectorias mantenidas en las últimas décadas, empieza a ser ya evidente que la única manera de alcanzar una verdadera reconciliación es recuperar la memoria de una vez por todas, como corresponde a una sociedad democrática madura. Hacemos nuestro el grito de los españoles en los campos de Mauthausen, de Dachau, de Sachenhausen, de Büchenwald, en Ravensbrück, entre otros: ” Nunca Más”.

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