Emilio Silva, sobre la afirmación de Alaska en El País: “hicimos divertida la España de los 70 y 80”

Comentario de uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, sobre la entrevista que El País le concedió a la popular cantante Alaska el pasado 27 de marzo.

Publicado en tercerainformacion.es el 28-03-2016

La España de los 70 y 80 para algunos fue divertida. La de los 70 con su dictadura que no acababa de morir y su democracia que no acaba de nacer. Entre 1976 y 1981 fueron asesinadas por violencia política 581 personas y varios miles heridas por grupos de extrema derecha y una policía esencialmente franquista. Empezamos la década de los ochenta con un golpe de Estado y el miedo fue el disfraz del franquismo hasta nuestro días. Vino la reconversión industrial, los franquistas con su cara lavada dispuestos a reivindicar la paternidad de la democracia, las personas que verdaderamente lucharon contra la dictadura muriendo en silencio y sin reconocimiento, los 114.226 desaparecidos del franquismo en las cunetas, el terrorismo, la colza de la que nunca se ha encontrado el agente patógeno en el aceite, …. Y para Alaska era un país divertido.

La movida madrileña, los mas conocido de ella, con todo su apoyo mediático, económico y político fue poco más que un disfraz, un gran disfraz para aparentar que en veinticuatro horas pasamos de un país en oscuro blanco y negro a una sociedad con el pelo de colores, y una especie de irreverencia estética que poco tuvo que ver con un cambio en la ética.

Todavía quieren vendarla como un producto de la épica posfranquista; como la transición ejemplar, el consenso en el que todos renunciaron a algo (¿a qué renunciaron los privilegiados franquistas?) o los supuestos sacrificios de Juan Carlos de Borbón por sacar la democracia adelante.

Los trileros del pasado reciente quieren vivir todavía de su gloria de trapo, de su pelea con papá por llevar el pelo largo o teñírselo, de su falta de ajuste de cuentas y cuentos con la generación que destrozó el proyecto de la Segunda República y convirtió este país en un apartheid para cualquier colectivo que pudiera protagonizar un verdadero cambio social.

Por cierto, también debió ser muy divertido para la familia del dictador Francisco Franco que desde 1975 hasta 1986 disfrutó de un pasaporte VIP diplomático con el que entraba y salía de España, sin pasar por ningún control, a carcajada limpia.

Igual soy un poco raro pero pongo por delante la dignidad.

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