España en precampaña

 

“Leopoldo de la Serna Rivera. Analista financiero y empresario.”

Muchos son los retos que afronta España en estos tiempos de dificultad. Los frentes en los cuales combate nuestro país son muchos, motivo por el cual, más que nunca, debemos estar todos unidos. El primero de dichos retos es la temida recesión económica, la cual, gracias al impulso de nuestros empresarios, la buena gestión del Gobierno y la responsabilidad de muchos trabajadores, estamos ya venciendo. La recuperación es innegable, y la vuelta a los tiempos de bonanza es solo cuestión de algunos años más. Pero lo cierto es que esto solo ocurrirá si la gente es lo suficientemente responsable como para entender que solo hay una senda de recuperación, solo existe una vía, y esta pasa por renovar en el Gobierno a aquellos que han sido capaces de la mayor proeza económica desde tiempos de Aznar. Frente al socialismo rancio y decimonónico del PSOE, primeros responsables de la crisis en la que se sumió nuestro país, el recetario inexperto de los jovenzuelos capitaneados de Rivera y el populismo filoetarra y chavista de Podemos, el PP vuelve a ser el garante de la buena salud de nuestro tejido productivo y de la unidad de nuestra querida España. Mantener dicha unidad es otro de los retos a los que nos enfrentamos. Quizás otro día presente mi posición al respecto, la de un buen liberal, la propia del sentido común, es decir, aquella que apuesta por respetar la indisoluble unidad de España de acuerdo con el pacto constitucional con el que nos dotamos.

El PP como institución tiene tan solo un problema: es el blanco de una campaña propagandística que trata de manchar su buen nombre a través de ser vinculado con la corrupción. Pocas pruebas se necesitan para avalar el hecho de que aquellos encausados por corrupción miembros del PP vienen a ser personas carentes de integridad moral y cuyo compromiso con los valores del partido es nulo. En este sentido cabe recordar que ha sido el PP el partido que más ha hecho por luchar contra la corrupción en España, contra la que otros partidos han llevado a cabo dobles posicionamientos y han actuado con la ambigüedad propia del mayor de los cinismos.

Existen además muchos casos de cargos públicos del PP que vienen a ser simples cabezas de turco contra los que se ha llevado a cabo una sucia estrategia de guerra informativa: no se ha demostrado su culpabilidad ni han ido a juicio, pero ya están inculpados por parte de una prensa que cae constantemente en la descalificación cuando se trata de miembros del partido de referencia del centro-derecha de nuestro país.

Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo evitamos que semejantes sinvergüenzas puedan acceder a puestos de responsabilidad dentro de los cuales puedan desarrollar sus corruptelas? Solo hay una manera de que los mediocres y ladrones salgan de la política, y esa es incentivando verdaderamente que los mejores y más preparados gestores entren en ella. Para ello es necesario introducir de nuevo el debate sobre la retribución de los cargos públicos. Se trata de una cuestión que hace ya un tiempo fue introducida en la agenda pública por parte de una gran luchadora por la libertad como es Esperanza Aguirre. Como acertadamente señaló, un sueldo como el suyo en la Presidencia de la Comunidad de Madrid no era, y sigue sin serlo, suficiente retribución para una persona de su condición y capacidad. A este respecto debemos señalar que el compromiso público no es capaz de garantizar el sacrificio que supone un cargo como tal, y es normal que por tanto los mejores gestores se vean en la obligación de ir a las empresas privadas en un intento de recuperar los salarios que su preparación y saber justifican. No se equivoquen, no existe lo que la trasnochada izquierda llama “puertas giratorias”: los empresarios contratan a antiguos políticos para sus empresas debido a su valía como gestores. No se puede limitar el acceso de los antiguos cargos públicos a los puestos en administraciones ya que en ese caso las empresas de nuestro país perderían a grandes referentes en el emprendimiento empresarial. Además esta constituiría una intromisión en la vida empresarial propia del totalitarismo estalinista que no debemos permitir en nuestra avanzada sociedad.

Ante la evidente precariedad a la que se ven abocados los representantes, sólo la inquebrantable integridad de la gran mayoría de los cargos del PP es lo que les hace mantenerse firmes frente a la posibilidad de recibir dinero ilegalmente. A este respecto la solución pasa evidentemente por aumentar el salario de nuestros políticos acercándolo a los sueldos medios de los grandes empresarios. Dicho aumento de suelo garantizaría que los más preparados gestores fueran a parar al servicio público, además de suponer una medida que evitaría que aquellos que son incapaces de aceptar los valores propios del virtuosismo de la derecha cayeran en la tentación de buscar en la corrupción el necesario complemento salarial.

En semejante debate no cabe de ninguna manera plantear que los sueldos se deberían en cambio bajar. No caigamos en la demagogia. Tan solo los populistas son capaces de proponer una medida tan disparatada como ineficaz, y lo cierto es que lo hacen no por deseo propio, ya que su natural sed de dinero en la búsqueda de financiar proyectos de índole subversiva les ciega, sino que llevan a cabo semejante disparate al carecer de cargas familiares y al ser conscientes de que trabajando en la empresa privada ganarían mucho menos de tres sueldos mínimos.

  1. Farsante, fariseo!!!!!!!! Al gulag!!!!!

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