(Bolivia) En defensa del “gobierno canalla”.

Juan Ignacio Estevez Rubín de Celis. Politólogo latinoamericanista.

Gracias a la información que se comparte a través de las redes sociales, pude leer el último artículo del ensayista boliviano Guillermo Mariaca, quien vuelve a criticar al gobierno de Morales al que en este caso califica como Un gobierno canalla. No pondré en tela de juicio la verosimilitud de los hechos que describe Mariaca para finalmente argumentar en contra de dicha canallada. Tampoco discutiré si su vehemencia es justificada o no porque entiendo que, con independencia de las opiniones vertidas, la construcción de su subjetividad es condición suficiente para poder ser como es y decir lo que dice.

Sin embargo, si me interesa intentar explorar, aunque sea de forma absolutamente superficial y, si se quiere, grotesca, aquello que no dice cuando dice. Me explico: como muchos otros, entiendo que la disputa política es, ante todo, un lucha por el sentido; una lucha por dotar de una significación propia y hegemónica a aquellos discursos sobre los que se asienta la legitimidad política. El ejemplo más claro es el de democracia: nos es indiferente discutir qué entendemos por democracia, qué significa la democracia o desde qué paradigma o tradición política queremos defenderla. Lo que nos interesa, a sabiendas de que es un dispositivo híper-legitimador de un orden político, es apropiarnos de dicho significante, haciéndolo exclusivo y excluyente: yo soy un demócrata y defiendo la democracia, mientras que tú eres un tirano que quiere destruir la democracia.

Como veis, la estructura narrativa del discurso político puede, en ocasiones, articularse sobre una serie de vectores claramente identificables, de fácil argumentación y con pretensión de apropiación de ciertos significantes flotantes. Ahora bien, nada es tan sencillo como verter una acusación deslegitimadora; es necesario algo de “floritura”. En este sentido, Mariaca, como muchos otros, como muchos de nosotros, utiliza los acontecimientos políticos que mejor considera oportunos para darle un fondo de sustentación a su argumento último: “la democracia ha mutado en tiranía (…) este Gobierno es tan canalla como la más canalla de las dictaduras”.

No sé si de una forma consciente o inconsciente, Mariaca se convierte en una suerte de experto en la lucha por el sentido de lo político. Así, si el proyecto político de Morales pasaba por articular una serie de demandas representadas por un universo de significación que podría ser “la descolonización del Estado”, Mariaca intenta revertir el significante de algunas de ellas, convirtiendo a Morales en el verdugo de las mismas: si el proyecto de descolonización implicaba dar fin con la discriminación y racismo hacia los pueblos indígena-originario campesinos, Mariaca asegura que el “racismo se ha multiplicado”; si el proyecto pasaba por dar fin a la pobreza de los sujetos subalternos, Mariaca asegura que “la pobreza es ahora más profunda y más general”; si el proyecto de Morales buscaba combatir las desigualdades, ahora “Evo Morales no es un igual; siempre fue el que ordenaba que le amarren los huatos [atar los cordones]”; y así un sin fin de ejemplos más.

Convertir a Morales en responsable de la discriminación, la pobreza o la desigualdad, es un ejemplo claro de cómo se da en el terreno de lo social una lucha política por los sentidos y los significantes que tienen, en última instancia, una pretensión de hegemonía. Si quienes como Mariaca consiguen una sedimentación del discurso que sitúe a Morales y a su gobierno como el ejemplo de la tiranía y la dictadura contra la que el pueblo debe luchar, el proyecto de Morales habrá iniciado el camino conducente a su desaparición. Ese es el reto que tiene el proyecto de Morales para los próximos años; a saber, seguir dotando de contenido y de significación a un discurso que supo construir un sujeto político dispuesto a identificar a aquellos responsables de la miseria de muchas de sus gentes. No será una tarea sencilla, como tampoco lo será para la oposición política al MAS; pero sospecho que dicha complejidad se verá atenuada si el adversario político construye un discurso intentando establecer un paralelismo entre Morales y Hitler, argumentando que “Hitler también nació popular”. No obstante el paralelismo, es de agradecer que Mariaca también reconozca que el de Morales es un proyecto popular o, mejor dicho, nacional-popular.

 

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  1. uno cualquiera 10 mayo, 2016, 4:11 pm

    Te como to el pelo Pantene!

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