Una confluencia cooperativa para ganar

Manel García Biel

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No hay duda que en el cercano 26 de Junio habrá una novedad que puede provocar un cambio profundo en el sistema político español. La irrupción por primera vez de una amplia confluencia del conjunto de las fuerzas de izquierda y de progreso del estado. La oportunidad de las nuevas elecciones ha hecho que esta unidad muchas veces pedida se concrete en una amplia confluencia, o un frente amplio de las fuerzas progresistas alternativas.

Porque no sólo trata a pesar de su importancia del acuerdo Podemos-IU. Es algo más amplio y profundo. Se trata de la unidad de estas fuerzas estatales junto con Equo, y a la que a la vez se suman de la casi totalidad de las izquierdas de los diferentes territorios con desgraciadamente la única excepción del CHA. En la confluencia están Compromís, Iniciativa por Cataluña-ICV, Anova y el MÉS de Baleares, junto con agrupaciones en torno a personalidades como “BCN en comú”, “Mareas” etc.

Es pues de una amplia confluencia o coalición de fuerzas plurales todas ellas partidarias de un cambio en profundidad de la política y las políticas hasta ahora hegemónicas de la derecha y del bipartidismo.

La pluralidad de las formaciones diversas es su fuerza principal y por lo tanto el principal factor a preservar. Es evidente que la propia pluralidad comporta dificultades para hacer una política única y homogénea pero esta puede ser su grandeza. El diálogo y el debate interno tienen que ser el principal factor para homogeneizar esta amplia coalición. Hay que trabajar con un claro espíritu cooperativo aprovechando lo mejor que aporta cada cual. Porque también puede llegar a ser su principal debilidad en caso contrario. Una cooperación política supone todo el contrario al  predominio de una parte por importante que sea. En la confluencia hay quién representa un nuevo impulso en la forma de hacer política, una nueva marca ganadora pero a la vez carente de experiencia institucional, de bagaje ideológico y de estructura organizativa. Otros tienen militancia experimentada pero un discurso interno quizás un poco caduco. Y otros más pequeños representan la pluralidad del estado y a la vez un cúmulo de experiencias y bagajes políticos, organizativos e ideológicos. Hay que valorar la importancia de los liderazgos pero sin menospreciar las aportaciones derivadas de la experiencia política. Recordemos a título de ejemplo como se conformó Syriza a partir de la unión de fuerzas diversas y plurales que llegaron a convertirla en alternativa real de gobierno.

No hay duda que se ha creado una oleada de ilusión que hay que potenciar hasta conseguir ganar la batalla política y esto sólo se puede hacer sin sectarismos, sin liderazgos personalistas y con mucho diálogo común a partir de cesiones y renuncias por parte de todos los confluyentes. Huir de hegemonías partidarias y potenciar el valor de la cooperación colectiva. Lograrlo es una cuestión de tiempo y de trabajar juntos. La izquierda y las fuerzas progresistas si trabajan unidas pueden dar un tumbo importante en la situación política española y señalar un camino para otros países europeos en un momento especialmente crítico. Todos tienen aciertos y errores en sus trayectorias. Ahora hace falta un discurso nuevo y común que mire hacia el futuro con voluntad de gobierno y por lo tanto sin estridencias, un discurso que mezcle la seriedad política del discurso, la moderación en las formas y una renovación ideológica motivadora.

Los objetivos comunes están claros. Revertir las regresiones derivadas de los últimos gobiernos en los ámbitos económicos, sociales y políticos. Acabar con el bipartidismo hegemónico. Democratizar y llenar de pluralidad la política. Regenerar la vida política pero también la social y económica del país. Conseguir una pacificación de los enfrentamientos territoriales. Poner a la gente y sus derechos como prioridad de un futuro Gobierno de Cambio y Progreso. Será imprescindible renegociar con la UE la problemática del déficit e impulsar una política económica y fiscal que garantice una mejora en las capacidades del estado para hacer posible la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía. Hacer frente de forma urgente a la situación de emergencia social existente entre una parte importante de la ciudadanía, pero también darle centralidad al principal problema del país: la carencia de trabajo digno y con derechos. Poner el trabajo en la centralidad de la política ya que sólo la creación de trabajo digno y con derechos puede eliminar futuras situaciones de emergencia social y ayudar a reactivar la economía e impulsar el crecimiento de los recursos públicos derivados de un cambio en el sistema fiscal que sea justo equitativo y progresivo.

Estos y otros aspectos de una política de cambio y progreso sólo se podrán hacer a partir de una amplia mayoría parlamentaria. Por ello la primera medida de la confluencia de las fuerzas de izquierdas y progresistas es extender la mano en todo momento al PSOE. No escondemos el hecho de que en estos momentos el socialismo español se encuentra instaurado en el social-liberalismo, hijo ideológico de la deriva del “felipismo”. Pero desde la confluencia hay que plantear al socialismo español su disyuntiva: a) regenerarse compartiendo gobierno con las fuerzas de izquierda y progreso a partir de una relación amable y sin resabios o b) continuar en una deriva hacia la derecha que lo puede conducir a la irrelevancia política en la vía del PASOK griego.

Pero  la confluencia de izquierdas y progresista tiene que tener en cuenta que la carencia de un acuerdo con el PSOE sería también una derrota política propia puesto que impediría en este momento tanto el ámbito interno como externo llevar a cabo el programa de cambio. Porque sólo una alianza con el centro-izquierda que representa el PSOE permitiría un gobierno estable y mayoritario, y la presencia del PSOE en el gobierno también ayudaría a evitar una actitud agresiva por parte de los poderes de la UE.  Se debe aprender de Portugal donde la izquierda ha iniciado una política de cambio a partir de un gobierno socialista al que apoyan las fuerzas de izquierdas como lo Bloco d’Esquerda y el PCP y que ha conseguido ser aceptado con políticas diferentes como interlocutor de la UE.

El futuro gobierno de cambio tiene que estar formado por la confluencia de izquierdas y progreso y el PSOE de acuerdo con los resultados electorales. Hay que evitar ya por parte de la confluencia disputas estériles y salidas de tono tanto en la campaña electoral como en un proceso de negociación posterior. Desde la confluencia hay que ponerle las cosas fáciles al PSOE, por lo tanto se debe que evitar contestar a los posibles ataques que llegarán desde posiciones socialistas y responder siempre con la mano extendida y la propuesta de unidad futura. El nuevo liderazgo de la confluencia debería ser receptivo a escuchar la voz de la experiencia de aquellos que lo pueden asesorar, desde Compromís, ICV y/o incluso IU.

En nuevatribuna.es el 16 de Mayo de 2016. 

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