Pokémon Go, tecnología y reconfiguración social

Antonio Murillo. Politólogo e investigador social.

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Si hay algo que nadie podría negar es que Pokémon Go ha sido todo un acontecimiento. Lo ha sido para Nintendo, cuyas acciones han crecido como la espuma y lo ha sido para la tecnología móvil y la redefinición de las fronteras de lo online y lo offline. También en la esfera mediática, donde no hay día o medio que no aborde el boom desembocado tras la salida de la aplicación. Probablemente también lo será en el mundo académico, ajustándose a sus tiempos de investigación y publicación. Pero si algo ha transformado de manera inmediata, en cuestión de días (si no horas) ha sido la realidad social de miles de jóvenes -y no tan jóvenes- en su día a día: usos del móvil, reconfiguración del espacio, comportamientos diarios y relaciones sociales.

¿Es esta transformación beneficiosa o perjudicial? Hay discursos que van apareciendo desde ambos sentidos. En primer lugar, el discurso más antiguo–pues está conectado a otros procesos previos en relación- es el de los tecnófobos. Éstos mantienen su tradicional argumento, ahora potencializado por el juego, de que las tecnologías están acabando con algo que podríamos denominar “esencia humana o de las relaciones sociales“, idea que se materializa en: “vaya panda de imbéciles jugando todo el día al móvil”.

El argumento, algo exagerado pero extraído de lo cotidiano, señala las problemáticas que atrae el “vicio” o dependencia que puede acarrear el juego con un uso abusivo. Esto tiene que ver, en términos de comportamiento político y social, con un paso más allá en la alienación de la juventud y la despolitización de la misma -señalan algunos puristas de izquierdas-, o en la idea general de ensoñación o evasión de la realidad que vivimos con el móvil en las manos y los ojos en la pantalla.

En contraposición, hay otro discurso opuesto, menos concreto, que completa el eje dialéctico -con infinidad de posiciones intermedias o variaciones entre ambos polos, obviamente-. Este tiene que ver con los defensores de la plataforma, que antes de Pokémon Go ya defendían los avances que posibilita la esfera online y los nuevos avances tecnológicos. Con la dinámica del juego, además, aumentan los seguidores de esta corriente, pues emergen nuevos argumentos de peso: el juego incentiva la realización del deporte en la juventud (pues exige, para jugar, una movilidad permanente); hay nuevos procesos de sociabilidad y de creación de nuevas redes sociales físicas y de refuerz de otras que eran débiles (pues el juego también las incentiva para avanzar en gimnasios, creando alianzas, compartiendo recursos, etc.). La esfera online/offline, y la eterna división de la realidad material y la virtual, quedan puestas en cuestión más que nunca antes: el juego requiere relaciones sociales y movilidad física y material para progresar. Bien es cierto que estas relaciones pueden ser “juego-céntricas”, cosa que no afirmó pues no tengo más datos empíricos que la experiencia.

Beneficioso o perjudicial para la esencia social es algo que deberían debatir los filósofos. ¿Movilizador o desmovilizador en lo político? Tendrá que demostrarse si tiene más peso que la televisión u otras dinámicas o procesos más tradicionales. ¿Culturalmente rico? No deja de ser un videojuego, pero que sin duda altera nuestra percepción de la realidad y el espacio -donde antes había una iglesia, ahora también hay una Pokeparada-.

El riesgo principal, en mi opinión, es el que puede tener cualquier “vicio”: la evasión de una realidad complicada para la juventud española, en este caso, aunque real un muchas partes del mundo. La gente quiere ser feliz y realizarse aunque sea en una realidad paralela, antes que estar triste o enfadada. El apaciguamiento, por tanto, es un problema potencial -como lo ha sido con todas las novedades tecnológicas- a tener en cuenta. Pero nunca ha sido la tecnología quién tiene la tarea de movilizar a la sociedad. Resultados buenos o malos tienen que ver con su uso, y es la misma sociedad la que tiene la obligación de estar alerta y despierta ante sus problemáticas, independientemente de las actividades que hagan diariamente.

Caer en extremismos que hablen de una nueva alienación más potente que la ya existente, simplemente es no comprender nada desde que existen los conceptos online y offline. La lucha sigue porque los problemas permanecen.

 

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