El problema de fondo en el PSOE: la disputa por la hegemonía en la izquierda

Antonio Murillo. Politólogo 

“Ser sexis” es un objetivo importante en política. Esas palabras usaba Pablo Iglesias para dar peso a lo importante es que un proyecto político llame la atención, ilusione, consiga alterar emociones y comportamientos políticos. El otro tiene que ver con saber leer un contexto complejo política y socialmente, y poner las bases para representarlo –que es casi lo mismo que transformarlo-.

Desde la fractura provocada por el 15M, el PSOE para muchos dejó de ser un partido de izquierdas. Un centro progresista en el mejor de los casos, aunque la etiqueta “PPSOE” conectó muchas voces a igualar los dos rostros del bipartidismo como parte del problema en nuestro país.

La irrupción de Podemos, que supo dar un diagnóstico perfecto en este escenario, arrasó discursivamente a los de siempre, y esto asustó a muchos. Los del partido morado ofrecieron un proyecto político contra-hegemónico a ese bipartidismo desgastado. Pero sobre todo supuso un proyecto diferente y verosímil para liderar la izquierda en este país, lo que en términos preelectorales se denominó “sorpasso” electoral.

No se consiguió sumar lo suficiente para tal adelantamiento: el desgaste propiciado de las fuerzas hegemónicas –bipartidismo, medios de comunicación, patronal, etc.-, sumado a un acercamiento de posiciones exagerado a su rival ideológico más cercano (en el sentido electoral), en referencia al PSOE, debido a la coyuntura de estancamiento político, fueron causas más que suficientes.

Se llegó a pensar que Podemos dejaba de ser tan sexi como al principio, que perdía vuelo por la batalla por la hegemonía –que debía traducirse, en último lugar, en resultados electorales que adelantaran a sus competidores-. El PSOE, pese a tener sus peores resultados históricos, resopló aliviado por mantenerse segunda fuerza.

Esto ha llevado a Podemos a la tarea actual de replantear la estrategia a medio y largo plazo por alcanzar su objetivo, menos centrada en la carrera electoral, y no ausente de tensiones ideológicas internas por encarar dicho cambio.

Sin embargo, llegaron las elecciones vascas y gallegas, y el partido socialista se ha hundido. El “sorpasso”, lejos de tener unas repercusiones políticas en sus diferentes comunidades autonómicas, afecta gravemente al equilibrio del establishment o el llamado régimen del 78. Pero principalmente, sin lugar a dudas, altera la relación de fuerzas en el espacio de centro-izquierda, relegando a los socialistas.

Una lectura muy extrema de unas elecciones autonómicas con contextos muy complejos, todo hay que decirlo. Posición que han ocupado los críticos encabezados por Susana Díaz, y que han visto en el acercamiento de Pedro Sánchez a Podemos para formar un Gobierno alternativa la puntilla final al partido como fuerza principal en la izquierda.

Mi principal duda es que pasará si finalmente es el sector extraordinariamente conservador de Susana Díaz quien coge las riendas del PSOE. Me viene a la mente el ejemplo del PASOK, que en su lucha por su propia supervivencia se acercó demasiado a la derecha, y se quemó. También es cuestionable que un giro a la izquierda, acercándose a la visiones más rupturistas defendidas en Podemos, les evite ser subalternos de los mismos.

El problema del partido socialista es que no tiene un proyecto propio, sino que bebe de otros desde hace demasiado tiempo. Ha entrado en una lógica de suma cero: cualquier alternativa parece perjudicarles. Ya no es sexi para la juventud de este país, y los más mayores que seguían votándoles religiosamente empiezan a cansarse de tanto escándalo interno.

Por tanto, la pregunta a la que me lleva todo esto es: ¿hay alguna posibilidad política real de que el PSOE, así como otros partidos socialdemócratas en países con contextos similares, levanten el vuelo y lideren la hegemonía de la izquierda? Dependerá en gran parte de lo que consigan las alternativas que se enfrentan a este escenario.

Pero no olvidemos que el objetivo real no es lograr el domino la izquierda española o europea, que sin duda es un paso previo fundamental. El peligro real para el bienestar de las clases subalternas y trabajadoras tienen que ver con otro modelo de sociedad que sube como la espuma, y que no tiene demasiados adversarios políticos: el neoliberalismo que recorta derechos a los que menos tienen, los que dominan las instituciones para la protección de las empresas y multinacionales, los que cuya máxima aspiración es hacer residual el Estado de Bienestar en beneficio del libre mercado. ¿En qué bando está el PSOE? Permanecer en la ambigüedad les hará residuales. 

  1. Este problema se le ha planteado al PSOE cuando ha salid Podemos rompiendo el bipartidismo que durante casi cuarenta años se han relevado en el poder. El PSOE actuaba como un partido de izquierdas, pero “no lo era” el voto de la izquierda que se le entregaba al PSOE le hacían valer para el apoyo de los poderosos en Bruselas. Cuando se han visto en la necesidad de pastar con una verdadera izquierda para desbancar al PP del poder. Felipe Gonzales y sus subordinados con la gran ayuda de los principales medios de comunicación vendidos, han dado este golpe de manos para que no se lleve adelante una posible coalición de izquierda, para gobernar España.

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  2. El problema de fondo en el PSOE: llevar un discurso de izquierdas pero servir a los poderosos. Esto crea grandes contradicciones entre votantes y bases con sus dirigentes!!!!!!

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