J.A. Pérez Tapias sobre la guerra del PSOE: “Esto tiene todas las características de una rebelión antidemocrática”.

Dos días después de que Pedro Sánchez anunciara la convocatoria de un congreso extraordinario del Partido Socialista, y de unas primarias en las que pudieran votar todos los militantes de la organización, 17 de sus compañeros de la Ejecutiva Federal presentaron su dimisión a través de una declaración firmada. Querían forzarle a abandonar la dirección de la organización. Entre los rebeldes se encuentran siete miembros de la federación andaluza; Tomás Gómez, a quien Sánchez destituyó como secretario general del PSM en febrero de 2015, Ximo Puig (presidente de la Generalidad valenciana), Carme Chacón y Micaela Navarro, presidenta honorífica de la formación.

Según Antonio Pradas, diputado afín a Susana Díaz y encargado de llevar las firmas de los dimisionarios hasta la sede de Ferraz, estas dimisiones son suficientes para convocar una gestora que tomaría las riendas del partido hasta un subjuntivo congreso. A las 17 bajas, este grupo pretende sumar otras dos anteriores —las de José Ramón Gómez Besteiro y Javier Abreu como vocales—, y la de Pedro Zerolo, que murió en junio de 2015. El grupo apela a que falta más de la mitad de ejecutiva —20 miembros de 38—, e interpreta que Sánchez debería dimitir.

Para César Luena, secretario de organización del Partido Socialista, estas marchas no cambian el curso de la organización, que ya había previsto un comité federal —paso necesario antes de convocar un congreso—, y el cónclave, acompañado de primarias, del que saldría una nueva ejecutiva.

José Antonio Pérez Tapias (Sevilla, 1955) disputó a Sánchez la secretaría general del Partido Socialista en julio de 2014, al igual que lo hizo Eduardo Madina. Entonces, era el candidato del grupo Izquierda Socialista, la única corriente ideológica reconocida formalmente por el PSOE, y considerada el ala progresista del partido. A Sánchez, al contrario, se le identificaba con la tendencia más moderada del grupo. Sin embargo, uno y otro coinciden, hoy, en su voluntad de llegar a un acuerdo parlamentario con Podemos para evitar un Gobierno del Partido Popular. Y Tapias reitera su posición, al teléfono, poco después de conocer las dimisiones en Ferraz.

¿Le sorprende lo ocurrido?

No del todo, aunque esto tiene todas las características de una rebelión antidemocrática. Es un uso abusivo de los estatutos. Esto venía de días atrás, se venía escuchando en boca de dirigentes relevantes, y conocíamos la posibilidad de que dimitiera la mitad de la ejecutiva. Yo confiaba, aún, en que quedara un poso de prudencia política, de cultura de partido y de respeto hacia sus compañeros de mesa. Esperaba que no llegáramos a este punto.

¿Es la única voluntad de los dimisionarios tumbar ese gobierno alternativo que busca Sánchez?

Se mezclan dos cuestiones. Lo primero, una protesta ante el congreso y las primarias anunciados, según ellos, de forma precipitada, el lunes. Querían parar eso. También, llevar el partido hacia esa abstención que facilitaría un gobierno del Partido Popular. A nadie se le escapa eso. Espero que estos compañeros den cuenta, con todas las consecuencias, de su decisión, que aclaren el porqué. Dudo que los dimisionarios puedan mirar a los militantes a la cara.

Este movimiento, ¿ha venido de las bases, o hay alguien por encima?

¡Están un poco confusos, el arriba y el abajo! Hay un engranaje de poderes territoriales, muy repartidos, y hay federaciones cuyos dirigentes están posicionados, claramente, en contra del secretario general. Podrían haber trabajado sus aspiraciones a través de cauces democráticos, o en los mismos medios de comunicación. Este mismo sábado —1 de octubre— podrían haber discutido en el comité federal convocado. Pero esos líderes se han adelantado, y han forzado la dimisión de estos 17 miembros de la ejecutiva. Han querido hurtar ese debate, ese ejercicio democrático. Pedro Sánchez ha padecido presiones impresentables. Habla el diario El País de un partido secuestrado: pues no lo está. Más bien, al contrario. Algunos líderes pretenden secuestrar a sus compañeros.

Según César Luena, estas dimisiones no cambian, en absoluto, el calendario del partido.

Hasta donde cuentan los estatutos, eso plantea la necesidad de celebrar un congreso y nombrar una nueva ejecutiva, lo cual ya estaba convocado. Así que el secretario de organización tiene razón. También habrá que celebrar el comité federal previsto para el sábado, y en el que se formalizarán estas convocatorias: como mucho, habrá que incluir nuevos puntos en el orden del día.

Hay quienes, en sus cábalas, hasta dan por dimitido a Pedro Zerolo.

Y no es juego limpio, ni elegante, en absoluto.

¿Le sorprende alguna dimisión? Micaela Navarro era la presidenta honorífica del Partido Socialista.

Sí, pero es militante de la federación andaluza. Y no me sorprende que sobre ella juegue Susana Díaz, desde posiciones que son conocidas por todos. Lamento que, desde ese puesto de responsabilidad, y con el carácter honorífico que le acompaña, dé un paso como este. Temo que produzca una desazón enorme en la militancia. Me sorprende Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana gracias a un pacto de legislatura y de gobierno con Compromís, y que cuenta con el apoyo parlamentario de Podemos: lo mismo que pretendía Pedro Sánchez.

¿Tendrán un candidato en el próximo congreso, estas 17 personas?

Aunque los plazos son muy ajustados, y es cierto que esto provoca un inconveniente, la misma Susana Díaz había expresado su disposición a presentarse. Ahora, tendrá que resolver, primero, su papel como presidenta de la Junta de Andalucía. Creo que la militancia, que volverá a tener la palabra, tendrá muy en cuenta lo ocurrido. Parte de ella, al menos, está atónita e indignada. También, por la imagen pública que estamos dando.

¿Hubo mala fe, por parte de Pedro Sánchez, al ajustar el calendario del congreso?

Más bien, precipitación, o desesperación. Algún error táctico. Pero creo que no le quedaba otra salida, porque las presiones que ha habido son injustificables, de lobby, y han llevado al secretario general al acorralamiento. Se le ha atado de pies y manos cuando trataba de forjar alianzas y pactos fuera del partido. Esto viene de muy atrás. Lo importante es que, en el congreso, cuando toque, se pregunte a la militancia.

Esa militancia, ¿se pronunciará a favor de un pacto entre PSOE y Podemos?

Sí, la militancia quiere un gobierno alternativo. Es lo coherente, y es la única manera de transformar ese no en un sí: un sí a un gobierno y a un pacto que lo haga viable. No dudo, también por lo que veo en los sondeos, de que la militancia sigue estando muy a favor de esa propuesta. Mucho más animados ante esa idea que las ejecutivas y los cuadros del partido.

Cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general, hace dos años, se creyó que representaba la propuesta más conservadora del partido.

Creo que él, como los ciudadanos, ha cambiado su sensibilidad ante lo que ocurre en nuestro entorno, más crudo que hace dos años. La crisis institucional del Estado, el conflicto territorial, el mismo bucle de la Unión Europea o el drama de los refugiados nos han llevado a otro contexto. Al Partido Socialista, además, no le queda otro remedio que entrar en dinámicas de alianzas y pactos, porque la izquierda ya no se puede defender en solitario. Entonces, yo era el único [de los tres candidatos a secretario general] que defendía el diálogo con Podemos y abrirnos a lo que esto significaba. Su peso ha crecido desde entonces, claro, y hay que dar nuevas respuestas.

La fotografía con Albert Rivera, en febrero, dista mucha de colocar a Pedro Sánchez en la izquierda.

En diciembre, el comité federal concluyó, en una resolución que sigue vigente, que no debíamos pactar con quienes favorecieran la secesión. No se mencionó a Podemos, literalmente, pero se daba a entender. A los llamados poderes fácticos, además, les resultaba más cómodo ese otro pacto, que Rivera trató de vender a la derecha y Sánchez, a la izquierda. Pero aquel documento no tocaba ciertos principios que, de haberse firmado junto a Podemos, sí estarían expuestos. Al cambiar de socio, esos poderes fácticos se han movido, y de qué manera. La oposición a este gobierno alternativo, fortísima, no respondía solo a criterios ideológicos, sino a toda suerte de intereses.

¿Han influido, en estas dimisiones, las derrotas electorales del domingo?

Hubo quien dijo que estos resultados fueron históricos, subrayando su carácter negativo. Y sí, eran malos, pero estos no se generan de la noche a la mañana. Si lo miramos de cerca, veremos que Podemos ha ascendido en Euskadi y en Cataluña: lugares donde el Partido Socialista, ante los problemas territoriales, y a diferencia de ellos, ha sido incapaz de dar respuestas claras. Y eso no significa decantarse hacia la independencia.

Esa militancia, ¿se pronunciará a favor de un pacto entre PSOE y Podemos?

Sí, la militancia quiere un gobierno alternativo. Es lo coherente, y es la única manera de transformar ese no en un sí: un sí a un gobierno y a un pacto que lo haga viable. No dudo, también por lo que veo en los sondeos, de que la militancia sigue estando muy a favor de esa propuesta. Mucho más animados ante esa idea que las ejecutivas y los cuadros del partido.

Cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general, hace dos años, se creyó que representaba la propuesta más conservadora del partido.

Creo que él, como los ciudadanos, ha cambiado su sensibilidad ante lo que ocurre en nuestro entorno, más crudo que hace dos años. La crisis institucional del Estado, el conflicto territorial, el mismo bucle de la Unión Europea o el drama de los refugiados nos han llevado a otro contexto. Al Partido Socialista, además, no le queda otro remedio que entrar en dinámicas de alianzas y pactos, porque la izquierda ya no se puede defender en solitario. Entonces, yo era el único [de los tres candidatos a secretario general] que defendía el diálogo con Podemos y abrirnos a lo que esto significaba. Su peso ha crecido desde entonces, claro, y hay que dar nuevas respuestas.

La fotografía con Albert Rivera, en febrero, dista mucha de colocar a Pedro Sánchez en la izquierda.

En diciembre, el comité federal concluyó, en una resolución que sigue vigente, que no debíamos pactar con quienes favorecieran la secesión. No se mencionó a Podemos, literalmente, pero se daba a entender. A los llamados poderes fácticos, además, les resultaba más cómodo ese otro pacto, que Rivera trató de vender a la derecha y Sánchez, a la izquierda. Pero aquel documento no tocaba ciertos principios que, de haberse firmado junto a Podemos, sí estarían expuestos. Al cambiar de socio, esos poderes fácticos se han movido, y de qué manera. La oposición a este gobierno alternativo, fortísima, no respondía solo a criterios ideológicos, sino a toda suerte de intereses.

¿Han influido, en estas dimisiones, las derrotas electorales del domingo?

Hubo quien dijo que estos resultados fueron históricos, subrayando su carácter negativo. Y sí, eran malos, pero estos no se generan de la noche a la mañana. Si lo miramos de cerca, veremos que Podemos ha ascendido en Euskadi y en Cataluña: lugares donde el Partido Socialista, ante los problemas territoriales, y a diferencia de ellos, ha sido incapaz de dar respuestas claras. Y eso no significa decantarse hacia la independencia.

Fuente: Ctxt.es

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  1. Este señor tiene todos los visos de ser honrado y socialista, de los de SOCIAL. Ya quedan muy pocos en el PsoE que puedan decir lo mismo.

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