Todo es caos bajo las estrellas; la situación es inmejorable

Zakaría Franco. Miembro del Área de Relaciones con la Sociedad Civil y Movimientos Sociales de Podemos Comunidad de Madrid.

A la vista de un joven, que como quien dice, acaba de aterrizar en el loco -atractivo y agitado- mundo de la política, lo que se atisba en el horizonte, en el más cercano y el más lejano, es tremendamente excitante: “todo es caos bajo las estrellas; la situación es inmejorable”.

El partido que fundamentaba todo nuestro sistema político se desmigaja minuto a minuto, palabra por palabra. Esta situación, inimaginable en el corto plazo, nos obliga a una profunda reflexión, que por cierto, nos inunda día a día, por la cuenta que nos trae.

He de reconocer que aventurarse a escribir después de los innumerables artículos, de las múltiples opiniones y las numerosas referencias de los últimos días, se me antoja complicado, a la par que me induce a un pesimismo -más estúpido que inteligente- a cerca de las propias conclusiones que uno pueda sacar; tal vez escribo para eso, para poder explicarme a mí mismo qué demonios está pasando.

Si me inclino por el análisis simple diría que lo que está pasando es clara y asquerosamente una lucha de poder entre dos sectores que,  lamentablemente, se parecen más que se diferencian. Una lucha que, como bien ha señalado Ignacio Escolar, responde a lo aprendido. Qué hipocresía aquella de quienes defienden la democracia, incluso la interna, cuando actúan de la manera más autoritaria posible al no ver el foco de la cámara grabando. Pero como politólogo en potencia (menos mal) tendré que meterme en esas salas oscuras y solitarias de guerra para poder desarrollar mucho más profundamente el momento actual que sin lugar a dudas se antoja histórico y referencial para una generación como la mía; una generación que aprende a crecer, a hacerse adulta, en términos socio-políticos, a marchas forzadas.

Durante los últimos días hay una serie de capítulos y reflexiones que no paran de llenar mi mente, sobre todo por la lectura que he empezado en estos días, “El precio de La Transición”, del maestro Morán. La gran mayoría datan del verano pasado cuando por culpa de las magníficas referencias de mis compas decidí empezar “El PCE y el PSOE en (la) transición”; vaya una casualidad más causal con todo lo que está pasando.

Sánchez, Díaz, González, López… apellidos, es decir, personas físicas, que llenan los espacios donde impera la “todología” de los comentaristas, cuasi futbolísticos, que mayoritariamente empañan cualquier oportunidad de reflexión seria, más que nada porque cada una y cada uno intenta instaurar un paradigma cómodo para su medio de comunicación. Nos invitan a pensar que esto no tiene nada que ver con una crisis de régimen, que, como mucho, es el resultado de una indeterminación ante la evidente solución pacífica y democrática que, para ellos, resulta evidente: el gobierno de Mariano Rajoy, el justo vencedor de las elecciones. ¡Si es que es la lista más votada!, opinión que podemos ponerle la firma tanto de Francisco Marhuenda como la de Javier Fernández, el “pacificador” o el “perfecto gestor” que ya toma las riendas del PSOE.

Escudriñando mis recuerdos sobre esa interesante tesis de Andrade Blanco, intento construir un hilo conductor que va más allá del 15-M, punto (y aparte y/o final, eso ya lo veremos) transcendental sobre nuestra historia reciente. Y me ubico en los tiempos de los debates sobre marxismo que impregnaban las cartas y conversaciones de gente como mi abuelo en el seno de la organización socialista. Este hecho, el abandono del marxismo, no solo era un movimiento de carácter electoral, también, inherentemente a ello, desideologizaba, de arriba abajo, un partido que se había caracterizado por unos discursos “felipistas” muy marcados y más identitarios que los “carrillistas”. Tomemos estos acontecimientos como referencia que marcarán los pasos del temido PCE y después los resultados de las elecciones de 1982.

15-M, Rubalcaba al mando del PSOE, el PP mayoría absoluta e IU celebrando aquellos “increíbles” 11 escaños. Aquellas elecciones reconozco que me provocaron una profunda desilusión; una sensación amarga después de los días esperanzadores en aquella abarrotada plaza de Sol. Ahora resulta más “fácil” comprender aquello. El 15-M no solo éramos las personas que inundábamos aquellas plazas, también fue el “click” que daba el pistoletazo de salida a una nueva etapa, un puzle donde se encontraban las piezas más determinantes a la hora de explicar un “nosotros”: el PSOE era un señalado al que decíamos que no nos representaba, no solo políticamente. Se empezaba a decir adiós a un régimen, y por lo tanto, se empezaba a decir adiós a un partido; el consenso se había roto.

Muchas personas, sobre todo aquellas que parece que han nacido para “pincharte”, te preguntan que dónde está ahora el 15-M; sobra decir que todo esto es 15-M también. Esas ondas sísmicas, mucho mejores que las del terremoto de Ferraz, son las que están agitando nuestra historia.

Parece que volvemos a ver esas acciones desideologizadoras en el PSOE con su artífice número uno, el experto en gas natural, Felipe González. Su botón rojo activado aceleró el proceso de la inviabilidad de un posible gobierno progresista. El debate político como vemos es imposible, y como alguien se atreva se verá las caras con el que se asombra con el resultado en el País Vasco, después de todo lo que hizo; imagínate lo difícil que se antoja un debate ideológico dentro del PSOE. Corbyn en este  PSOE no podría existir. Comparto el análisis de mi Secretario General a la hora de organizar este enmarañado plan en “reacomodadores” y “restauradores”, y hay que tener mucho cuidado con cualquiera de esas “dos almas”. Josep Borrell ahora nos respeta profundamente, y cuando no duda en soltar a los 4 vientos ese respeto debemos tener cuidado: pongámonos la vacuna ante los editoriales de estos días.

Esto es una ruptura, y en Unidos Podemos no solo están los hijos de aquellos con carnet del PSOE: también están nuestras madres, nuestros padres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas. También están, y seguro que estarán, aquellos socialistas de corazón que se cansaron de tanta mentira, de tanta incoherencia política, desde la entrada en la OTAN, pasando por la reconversión industrial hasta los innumerables casos de puertas giratorias, con el mito González a la cabeza.

Cuando todo es caos bajo las estrellas tenemos una situación inmejorable para demostrar que Unidos Podemos es la alternativa no solo de futuro, sino de presente, porque el clan pro-oligarquía ya ha salido a la palestra; ya no tienen miedo a salir en cámara. Tenemos que seguir mano a mano construyendo ese referente que va a dar la batalla contra la más miserable casta. Debemos tener presentes todos aquellos errores cometidos. El “blitz”  lo tenemos todas y todos en nuestras manos. Construyéndonos en las calles, cavando nuestras trincheras en la sociedad civil, siendo marea. La ruptura implica cambio, y tenemos que empezar a construir esa sociedad que queremos, desde ya. ¡Vamos!

Etiquetado Como

Deja un comentario