El Estado: de la creación de mártires y mitos políticos

Miguel Fernández de la Peña. Un madrileño en Poble Nou.

En medio de la caótica situación en la que se encuentra la política española tras las elecciones vascas y gallegas, la crisis del PSOE y el mantenimiento del bloqueo político en el Congreso de los Diputados, asistimos a una nueva entrega de la apasionante historia de “El problema catalán”. Esta semana toda la prensa del país se hacía eco de la petición de la Fiscalía Superior de Catalunya de 10 años de inhabilitación para Artur Mas a causa de su papel en la consulta del 9 de noviembre de 2014.

Resulta complicado aceptar la posibilidad de que abrir cauces que permitan a los ciudadanos expresarse en las urnas se pueda convertir en delito

De nuevo el asunto catalán se vuelve a enfocar desde la perspectiva del derecho, cuando evidentemente, y no porque así lo sostenga Democracia y Libertad (la antigua Convergencia), se trata de un problema político. Si bien es cierto que la fiscalía debe actuar en defensa del cumplimiento de la ley a lo largo y ancho del país, y por tato debe presentar cargos contra todo político que actúe en contra de la misma, tratar de acabar con la carrera política de Más por medio de la inhabilitación resulta ridículo, y más cuando no ostenta en la actualidad ningún cargo. Es más, la posible inhabilitación permite a los nacionalistas ahondar una vez más en el discurso de que el Estado está reforzando su represión, ya que resulta complicado aceptar la posibilidad de que abrir cauces que permitan a los ciudadanos expresarse en las urnas se pueda convertir en delito. El juicio sirve, además, para introducir de nuevo la figura de Mas en la actualidad, lo que le ha permitido salir a escena de nuevo esgrimiendo una evidencia: el juicio servirá para “ampliar la base política del soberanismo”.

Mas podría consagrarse como un perfecto primer Presidente para la recién constituida República Catalana.

Lo cierto es que Más siempre me ha resultado interesante en tanto que perfil político. Se trata de un magnífico orador, dotado de un cierto carisma y capaz de encarnar los valores que desde el nacionalismo catalán se han tratado de impregnar el proceso de desconexión con España. La forma en la que ha encauzado el proyecto nacionalista resulta brillante, al menos desde el punto de vista mediático. De hecho, no somos pocos los que consideramos que Carles Puigdemont resulta un indigno heredero, a pesar de lo cual el procés no parece verse afectado (de hecho conocíamos estos días que el Presidente de la Generalitat anunciara la celebración de un referéndum durante el año que viene). Realmente no se requiere de un nuevo líder carismático, ya que no cabe duda de que se trata de una iniciativa política muy bien enraizada en, al menos, cerca de la mitad de la sociedad catalana. En cualquier caso, los nacionalistas catalanes no deben temer la posibilidad de que el proceso se vea encallado ya que el Estado español siempre estará dispuesto a echarle una mano por medio de la creación de mitos políticos como Mas, alguien que, después de inhabilitado para ejercer la política en el marco nacional actual, podría consagrarse como un perfecto primer Presidente para la recién constituida República Catalana.

El Tribunal Constitucional ha perdido toda legitimación popular en Cataluña

El enfrentamiento con los nacionalistas periféricos por medio de medidas que a la larga resultan del todo contraproducentes se está convirtiendo en una de los divertimientos favoritos de la derecha española. Quizás no sea tan descabellado pensar que sacan partido de ciertos enfrentamientos que se producen periódicamente en la política nacional. De hecho, ¿no suponía para muchos una profunda satisfacción el ver a Arnaldo Otegui entre rejas? Pero es más, ¿cuánto tiempo era necesario mantenerlo en prisión para que se convirtiera en un símbolo para los nacionalistas vascos pertenecientes a todas las corrientes ideológicas? Que le pregunten a los socialistas vascos si los buenos resultados de Bildu tienen algo que ver o no con la participación activa de Otegui en la campaña de las autonómicas de hace unos días. Inhabilitado o no, como lo podría estar Más, Otegui se mantendrá siempre presente en la política de la que para él es su nación, gracias, entre otras muchas cosas, a la irreflexiva intervención de las autoridades españolas. Quizás estas se den cuenta algún día de que las leyes del Estado y su aplicación férrea no pueden ser el único instrumento para la buena convivencia de distintos pueblos. Para ello primero deberán darse cuenta de que el Tribunal Constitucional ha perdido toda legitimación popular en Cataluña, de modo que incumplir sus sentencias a partir de este momento no representará un peligro, sino que más bien será un mérito curricular para los políticos catalanes.

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