Desperttando con Adoración Guamán: “El programa político no lo va a marcar el TTIP, lo está marcando ya la Comisión Europea”

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Adoración Guamán es profesora titular de Derecho del trabajo y de la seguridad social en la Universitat de València. Entre otras obras ha publicado, en solitario o en coautoría, «La Libertad de información de los trabajadores», «Derecho del trabajo y defensa de la competencia», «¿Qué hacemos con la Universidad?» (Akal, 2014), «Educación pública, de tod@s y para tod@s: las claves de la “marea verde”», «Lecciones sobre Estado Social y Derechos Sociales», «El Huracán neoliberal. Una reforma laboral contra el trabajo», «Derechos sociales, integración económica y medidas de austeridad: la UE contra el constitucionalismo social», «TTIP. El asalto de las multinacionales a la democracia» (Akal, 2015) y «El Trabajo Garantizado. Una propuesta necesaria frente al desempleo y la precarización» (Akal, en prensa). En la actualidad dirige la Fundación por una Europa de los Ciudadanos (FEC) y participa en el Grupo Ruptura.

En la entevista concedida para El DesperTTador 3.0, hablamos sobre cómo se está llevando a cabo la negociación de los diferentes tratados de libre comercio entre la UE y Estados Unidos y Canadá, sus posibles consecuencias para los derechos sociales y laborales para la ciudadanía española y europea, así como los diferentes movimientos sociales y políticos que se han movilizado para parar el proceso llevado en secretismo por diferentes organismos.

¿En qué consiste el asalto del TTIP a la democracia?

El TTIP, como los otros tratados de comercio de nueva generación  que se están negociando, va mucho más allá del objetivo de liberalizar el comercio, rebajar aranceles y liberalizar servicios, para enfocarse en una dinámica que va encarada a la regulación, o la desregulación, y a establecer mecanismos que subvierten el procedimiento de toma de decisiones democrático y dar entrada a ellos a los lobbies y, por otro lado, romper la relación entre política y ciudadanía para establecer una relación directa entre política y multinacionales, en un ambiente donde los ciudadanos dejamos de controlar. Por eso es un asalto a la democracia.

El TISA se enfoca a los servicios y el CETA y el TTIP son tratados de nueva generación de ámbito holístico muy amplio, más enfocados al ámbito regulador y también a la protección de la industria

¿Esto cómo lo complementan acuerdos como el CETA y el TISA?

El CETA y el TISA son partes complementarias del TTIP.  El CETA es un hermano gemelo previo, un TTIP 1.0, tanto en cuanto en que se empezó a negociar antes mostrando ya mecanismos similares, aunque con un menor grado de obligatoriedad.

El CETA es el tratado con Canadá, que se acabó de negociar en septiembre de 2014, y que (en nuestra opinión) es el más peligroso en este momento porque su aprobación  quiere acelerarse y se pretende aprobar dentro de poco (podría estar aprobado a final de año). Tiene una estructura muy similar al TTIP  y en algunos aspectos, cómo en la cooperación reguladora, pero si en otros aspectos como en los servicios.

El TISA es el más oscuro de todos porque conocemos poco sobre el contenido del tratado. Se trata de liberalizar los servicios fuera del marco de la OMC, porque la OMC no está dominada plenamente por EEUU; por ello, EEUU ha creado un marco propio para liberalizar servicios de manera totalmente libre, y para eso ha trasladado la unción de servicios al MAP, impulsada por los llamados “pueblos amigos de los servites” (que ahora ya superan los 50, contando con los 28 de la UE), y que se negocia en Ginebra.

En resumen, el TISA se enfoca a los servicios y el CETA y el TTIP son tratados de nueva generación de ámbito holístico muy amplio, más enfocados al ámbito regulador y también a la protección de la industria.

¿Por qué no se está llevando la suficiente transparencia en la negociación de estos tratados? 

La negociación de los tratados de comercio e inversión y de todos los tratados internacionales para la Unión Europea siempre se ha llevado en una confidencialidad total. De hecho, cuando acusaban a la comisaria del oscurantismo del TTIP decía que el TIIP es el tratado más transparente y tenía razón porque de los anteriores no sabemos nada.

Esto se alega a que es por una razón pura de diplomacia. Las relaciones diplomáticas siempre se han llevado en secreto y dar toda la información cuando tu estas en una negociación podría implicar perder poder en esa negociación, porque das información a la otra parte. Evidentemente, en una situación como la actual, en la que la Unión Europea tiene una obligación de transparencia esto no tiene cabida: no puede negociar algo tan importante sin dar información de ello.

Han publicado documentos, de hecho existen las “Reading roms” (donde solo pueden entrar los diputados), pero evidentemente esto no es suficiente.

El problema es que si se firma este tratado con Canadá, al tener una zona de libre comercio plenamente integrada entre ese país y Estados Unidos, las empresas norteamericanas podrían entrar a través de Canadá.

¿A qué riesgos se pueden presentar, por ejemplo, los Estados al expropiar una empresa que consideran fundamental para el bien común, si está protegida por el TTIP?

Ahí entramos en lo que llamamos “la protección del interés de los inversores extranjeros”; esta es la tercera parte del tercer pilar del TTIP y es un mecanismo muy utilizado, de hecho se contabilizan más de 2.000 tratados bilaterales de protección de la inversión en el mundo, más de 1.000 de países de la UE con otros países. Por tanto, tratados bilaterales de protección de la inversión extranjera existen.

¿Cuál es el plus que les da el TTIP? El TTIP, al igual que el CETA, lo que intenta es establecer una protección del inversor extranjero que englobe a los 28 con EE.UU y Canadá. El problema es que si se firma este tratado con Canadá, al tener una zona de libre comercio plenamente integrada entre ese país y Estados Unidos, las empresas norteamericanas podrían entrar a través de Canadá.

¿Cuál es el mecanismo para proteger la inversión? Un tribunal de arbitraje, lo que le llaman ISDS o IPS. Consiste en dar un plus a las inversiones extranjeras y al inversor extranjero, que si en un momento dado su beneficio se ve limitado o recudido por una acción estatal podrían demandar al Estado ante un tribunal de arbitraje, para ser compensados; ha habido muchas situaciones en la que la empresa ha pretendido, además de una compensación, que el Estado cambiara una norma, y ese es el principal problema. En el capítulo actual introducido en el CETA y el TTIP, el ISDS incluye las cláusulas que se orientan a proteger el derecho a regular, es decir, no se puede usar el ISDS contra determinadas normas pero, en realidad, el concepto de inversión, de beneficio y el de protección son tan amplios que un pequeño reconocimiento al derecho a regular no asegura que los tribunales no vayan a ser utilizados para tumbar normas y redes totales.

El ISDS tiene dos cuestiones fundamentales, que son muy graves: la discriminación y la aplicación de una parte del derecho para proteger al inversor y no al Estado

¿Pasarán los inversores el mismo estatus jurídico que los Estados, respecto al ISDS?

En un principio, Estado y empresa tienen estatus distintos pero sí que existe la posibilidad  y, de hecho, se han dado muchísimos casos en los que empresas y Estados se sientan en los tribunales de arbitraje con las mismas normas, y esto es lo grave. Porque, además, el mecanismo del ISDS tiene dos cuestiones fundamentales, que son muy graves: la discriminación y la aplicación de una parte del derecho para proteger al inversor y no al Estado. De esta forma cuando los dos se enfrentan en un tribunal de arbitraje, lo hacen en igualdad de condiciones, sin tener en cuenta que el Estado defiende los intereses del conjunto de la ciudadanía y el inversor defiende sus propios intereses y su beneficio.

Jurídicamente no es correcto, pero podríamos decir que sí que estamos poniendo en paridad de armas, en un tribunal de arbitraje, a inversor y a Estado.

¿Qué ejemplos internacionales de tratados similares podemos encontrar en vigor?

El tratado a partir del cual empieza a formarse esta dinámica y esta arquitectura jurídica internacional, es el NAFTA. El Tratado de Libre Comercio de las Américas es el antepasado directo del TTIP  y del CETA. Aunque la UE no ha entrado en esta dinámica de tratados bilaterales hasta 2006, cuando hay una primera comunicación en la UE decide cambiar de rumbo y, sobre todo, con el Tratado de Lisboa, que es cuando la UE cambia la normativa interna para permitir que toda la política de comercio e inversión sea competencia exclusiva de la Comisión y, por tanto, tiene libertad de movimiento.

Ahora mismo en vigor está el tratado con Corea; este tratado es interesante porque es un tratado mixto que se terminó de negociar en 2010 y que, antes de ser siquiera aprobado por el Parlamento Europeo, entró en vigor de forma provisional y estuvo 5 años así, porque el Consejo así lo decidió. De hecho, el Parlamento español lo aprobó en 2012, casi por unanimidad, incluso por los partidos de izquierdas, que votaron porque nadie pensaba que pudiera tener estos efectos tan dañinos y Corea ya tenía cooperación reguladora. Finalmente el tratado con Corea se aprobó en el 2015 pero estaba en vigor desde 2011, es uno de los problemas de estos tratados: entran en vigor por la puerta de atrás y, una vez desregulariza, volver a regularizarlo sería muy complicado.

En muchos parlamentos autonómicos y los ayuntamientos Podemos, IU e incluso en alguno donde gobierna el PSOE están aprobando mociones contra esos tratados

¿Cómo podría concienciarse a la ciudadanía, hay movilización suficiente para hacer altavoz?

Ahora sí. Llevamos ya desde 2014 movilizándonos con las campañas y afortunadamente tenemos el apoyo de la parte institucional: hay eurodiputadas que desde un principio decidieron abanderar la lucha contra el TTIP y esto ha potenciado mucho las campañas. La última filtración de Greenpeace y la forma en la que se han movido esos papeles filtrados, también ha impulsado mucho la campaña.

Por un lado hemos tenido, al principio, un trabajo muy dormido y de base de los movimientos sociales y de las campañas (que empezó en Alemania y bajó y en España, que también ha sido muy potente). Luego hemos tenido ese apoyo institucional, con la eurodiputada española Lola Sánchez abanderando esta lucha y su equipo sacó los documentos de Greenpeace. Todo ese tipo de cosas han impulsado las campañas muchísimo.

En muchos parlamentos autonómicos y los ayuntamientos Podemos, IU e incluso en alguno donde gobierna el PSOE están aprobando mociones contra esos tratados, es decir, hemos conseguido mover a los movimientos sociales, aglutinar mayorías sociales e institucionales que creo que marcan el camino. Si seguimos así el TTIP lo podríamos parar pero nos preocupa mucho el CETA y el TISA, aunque el TTIP se ralentice si el CETA entra provisionalmente en vigor tendría unos efectos igual de negativos y si deciden acelerar el TISA, sin que se tenga más acceso a la información, será igualmente problemático.

El programa político no lo va a marcar el TTIP, lo está marcando ya la Comisión Europea con sus recomendaciones por países (a nosotros y a otros países como Grecia, Portugal e Irlanda).

¿Si el TTIP se aprobará daría igual quien gobernase en España?

Sí, pero del problema no es el TTIP en sí; el problema es el momento en el que el TTIP puede llegar a firmarse a espaldas de la ciudadanía. El programa político no lo va a marcar el TTIP, lo está marcando ya la Comisión Europea con sus recomendaciones por países (a nosotros y a otros países como Grecia, Portugal e Irlanda).

Es curioso porque, si miramos las recomendaciones por países para 2016,  nos damos cuenta que el programa del PP, aunque no lo incluya, nos lo van a imponer, porque ha negociado con la Comisión Europea las recomendaciones para España con la Comisión Europea, sea quien sea quien gobierne. Y este es el problema que venimos denunciando: hay que enfocar al culpable y el culpable es la Unión Europea y  el entramado jurídico e institucional que se ha construido, que está poniendo en serio peligro a la democracia y alejándola de la ciudadanía.

¿Esto cómo afectaría al funcionamiento de la UE una vez firmado el tratado?

Sean de derechas o de izquierdas, los europeístas más convencidos del propio Colegio de Brujas de Bruselas, están en contra del TTIP porque creen que es un hachazo al derecho comunitario tal y como históricamente se ha concebido.  El TTIP realmente encaja mal con las competencias del Tribunal de Justicia, con las competencias de la Comisión al Futuro, con un Consejo que se estaba intentando que redujera el poder en el ámbito intergubernamental y se moviera más hacia las mayorías cualificadas.

El TTIP, en realidad, encaja mal con Europa en el sentido clásico; el TTIP da una patada más hacia arriba cuando los mecanismos democráticos estorban ; cuando esto pasa da una patada para eliminar el parlamento europeo, eliminar todas las competencias que podría tener este. La cooperación reguladora se trata de eso: de eliminar al parlamento europeo, de que cuando llegue a este una decisión sea analizada por tecnócratas y lobbys que digan por donde hay que ir.

¿Crees que la ciudadanía debería darle más importancia con todo esto a las elecciones europeas? 

Sí, por supuesto, pero no debemos perder de vista que ahora mismo el parlamento europeo es una magnífica caja de resonancia pero sigue sin tener las competencias. Quizás sería más importante que nosotras, desde la ciudadanía y las campañas de los partidos políticos empezáramos a hablar más de Europa y consiguiéramos una ciudadanía crítica y consciente para que en el momento en el que haya un cambio de gobierno que se plantee no aceptar la imposición que nos viene dada de la UE la ciudadanía sepa lo que está pasando y sea capaz sostener a ese gobierno “rebelde” para garantizar la defensa de los derechos de los ciudadanos.

El Parlamento Europeo es importante y se está haciendo una labor magnífica de denuncia por parte de los nuevos eurodiputados de Podemos, pero el GUE/NGL es un grupo minoritario y el Parlamento Europeo si tuviera más poder la UE no funcionaría así. Por eso yo creo que lo principal sería hablar de Europa y denunciar lo que es Europa y lo que se está haciendo en el UE y que el TTIP es una herramienta de UE y que, en realidad, cuando decimos “esto viene de Europa” quiere decir que ha sido decidido por los Estados miembros que muchas veces dicen “lo decido en la UE y me quito peso político en la decisión”. Si miramos las últimas recomendaciones por países la UE nos indica como reformar nuestro sistema universitario: no salió el proyecto de la Ley Wert pero se mete por la UE con una suerte de legitimidad y sin el peso político de haberlo decidido.

¿Crees que podría haber un antes y un después en las relaciones políticas, sociales y laborales a la firma de estos tratados?

Por supuesto, porque van a abrir una avenida aún más ancha para que nuestras normas en materia de protección social de derechos laborales sean cada vez más exiguas y se reduzcan, para que haya más posibilidades de privatización de servicios públicos porque, aunque el TTIP no obliga a privatizar, si da plena libertad a los Estados para hacerlo, para que las empresas tengan una mayor movilidad que, sin unos mínimos laborales conjuntamente establecidos, significa una reducción de derechos sociales y laborales.

Además afectaría a la ciudadanía y las decisiones, cuanto menos se implique a la ciudadanía en la toma de decisiones menos cosas se consiguen y la democracia se va debilitando y convirtiéndose en un mero ritual. Ahora mismo la reacción frente al TTIP, el CETA y el TISA creo que es una reacción que puede llevarnos a generar mayorías y conciencias, como ocurrió en su momento con el movimiento antiglobalización que impulsaron en América Latina gobiernos del cambio; estas luchas son un buen ejemplo para demostrar que la movilización conjunta puede llevarnos más allá de simplemente parar estos tratados.

 

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