Manifestación a las puertas de sede del Consejo de la UE contra la firma del CETA

Ayer cerca de 300 personas se manifestaron frente a la sede del Consejo de la UE, donde tuvo lugar la firma del acuerdo comercial entre la UE y Canada (CETA). Con pintura roja, simbolizando la sangre que derramará la entrada en vigor de este acuerdo, varios activistas cubrieron la fachada del edificio.

Pese a la inicial negativa de Bélgica a la firma del tratado, el liberalismo sigue su paso y este domingo la Unión Europea y Canadá firmaron el acuerdo comercial que permitirá la entrada en nuestro continente de productos y prácticas laborales originarias de el país  canadiense y, por extensión, de Estados Unidos.

Donald Tusk, Jean-Claude Juncker y Robert Fico (por la UE), y Justin Trudeau (por parte de Canadá) se reunían ayer en la sede del Consejo de la UE en Bruselas para firmar este acuerdo, pero se encontraron con cientos de manifestantes que quisieron mostrar su indignación y total oposición a lo que supone un auténtico atentado a la salud y los derechos laborales de los ciudadanos europeos.

EL CETA, el caballo de Troya del TTIP

Pese a la condición de simpático y tolerante del país canadiense, su maquinaria laboral no dista nada de la agresividad de la de su país vecino: EE.UU. con el que no oculta una gran relación comercial y un hermanamiento en cuanto a modelo productivo. Por este motivo, la aprobación del CETA actúa como el tapado en una verdadera relación comercial con Estados Unidos: los acuerdos entre los dos países hermanos se establecerán también, de manera indirecta, con la UE con la firma de este tratado.

Acuerdos como el CETA o el TTIP son sumamente perjudiciales para la hegemonía de los países y, sobre todo, para la salud y libertad de sus habitantes.  Actualmente, la UE posee un sistema de control de calidad del que carecen los países americanos: la restricción al uso de transgénicos, de productos clonados, de tratados químicos en carnes y pescados, etc. Si bien , los acuerdos cuentan con una clausula por la que se respetan estos estándares, bien es cierto que no es del todo verdad: la existencia de unos tribunales de arbitraje compuesto por abogados lobbistas muy cercanos a las empresas, demuestran que en caso de conflicto las empresas serán las beneficiadas. Este tipo de prácticas afectarán, como ya hacen en estos países, en la salud de nuestros habitantes, con problemas como obesidad, diabetes o nuevas enfermedades procedentes de alimentos brutalmente tratados.

Por otro lado, el modelo productivo americano entraría de lleno en nuestras fronteras: la producción masiva, basada en una reducción de costes brutal a cualquier precio, hará peligrar de forma considerable los ya mermados derechos laborales de los trabajadores europeos, que verían aún más precarizados sus empleos.

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