La Gran Coalición: También en los medios de comunicación

PRISA prosigue su guerra contra Podemos tras acabar con el sector afín a Pedro Sánchez y propiciar la gran coalición, también existente en los medios de comunicación tradicionales.

Los grandes medios de comunicación de este país, principalmente los escritos, nunca tuvieron la intención de informar, sino más bien de influir. Es fácil observar esta tendencia cuando asuntos relevantes quedan en segundo plano por otras informaciones sacadas de contexto. También cuando el medio en cuestión obtiene una información que no saca a la luz hasta varios días después de obtenerla, con la intención clara de tener impacto sobre uno u otro proceso.

Esta práctica hoy la lidera el Grupo PRISA y se materializa en El País y La Ser con la historieta de Ramón Espinar, a la que el resto de medios y prensa de pensamiento único se han adscrito inmediatamente. Cebrián, dolido por las declaraciones de Pedro Sánchez en las que dejaba caer que su periódico era un panfleto propagandístico de los sectores financieros y de las multinacionales de este país, ha dado carpetazo sobre la crisis del PSOE y ha centrado el debate público en otras cuestiones.

El problema, una vez más, no es que los lectores que le queden a El País se lo traguen. El problema sigue siendo que todos los medios de comunicación tradicionales centran sus portadas en la venta de una vivienda para jóvenes por la imposibilidad de asumir su pago.

Lo de Ramón Espinar es una jugada maestra, todo hay que decirlo: manchas la imagen de un Senador de tu principal adversario político –y por tanto al partido entero-, candidato en proceso de primarias para liderar la formación morada en Madrid; mientras escondes de la portada a Pedro Sánchez y el aireo de tus vergüenzas, así como el hundimiento del partido que antes jugaba al turismo, y ahora es subalterno del PP.

Es preocupante, por otro lado, que esta estrategia les lleve funcionando tanto tiempo. Desde la irrupción de Podemos, ya se van enumerando unos cuantos “casos” mediáticos: Monedero, Errejón, Pablo Iglesias, Tania Sánchez, Echenique y, ahora, Espinar. Si anclamos los diferentes bombazos mediáticos con su contexto político, todos han servido para tapar escándalos reales y hacer de tapón a un régimen que cada día pierde más legitimidad. ¿Qué tienen en común todos ellos? Que ninguno cayó en ilegalidad alguna, y que desaparecieron cuando dejaron de servir para tal función. De hecho, muchos de los que “destaparon la noticia” están en procesos judiciales o han sido condenados por injurias o extorsiones (véase Manos Limpias, Eduardo Inda, Alfonso Rojo, etc.).

Entonces, ¿qué se puede hacer ante este escenario? Al igual que con el sistema de partidos y las instituciones españolas, que se vieron obligadas a transformarse y dar paso a nuevas voces contrahegemónicas que sirvieran de contra peso, en los medios de comunicación sigue latente la necesidad de cambio y democratización. El problema es que es mucho más difícil hacer rendir cuentas por la mentira y la manipulación cuando no puedes votar.

Hace falta una ciudadanía crítica e informada -ya en proceso- que sea capaz de cuestionar o contrastar lo que los medios de comunicación tradicionales no hacen por intereses propios. Hacen falta, paralelamente, proyectos comunicativos profesionales y contra-hegemónicos que equilibren el tablero mediático. Hace falta, en definitiva, un cambio real, al igual que en el resto de poderes del sistema político español.

El DesperTTador 3.0 // Editorial

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