¡Maldito, traicionaste a Pedrito!

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo.

El ritmo frenético de la actualidad nos permite en pocas ocasiones retomar temas fundamentales. Parece que surgen noticias a diario que nos impiden tener perspectiva de los grandes acontecimientos en nuestra sociedad. Hace unos días se dio uno de esos grandes momentos (lo cual no implica que sean buenos) tras la abstención del PSOE en la segunda votación de investidura. Ahora quieren que dejemos el asunto en paz, porque resulta que Ramón Espinar es un especulador, y eso debe acaparar toda nuestra atención.

Podemos hacer miles de lecturas de lo acontecido el sábado. Incluso el más superficial de los análisis nos llevará a ver una cámara con cuatro partidos fundamentales agrupados en tan solo dos bloques: los que permiten y apoyan un nuevo gobierno del líder del partido más corrupto de la historia de España, y los que se niegan a entregar el poder a dicho partido. A partir de este punto podríamos señalar otras cuestiones de cierta trascendencia como el intento del PSOE de acallar a los críticos con la abstención, su apuesta por sancionar a los que votaron NO, la manifestación que trató de rodear el Congreso exigiendo que los socialistas no se abstuvieran, etc.

No acostumbro a personalizar la política, es decir, me niego a considerar que el ámbito público depende de sujetos únicos que a través de su acción deciden del curso del destino hacia un lado y otro -¿alguien se ha planteado, cambiando de tema, que quizás si Trump es elegido nada cambie bajo el sol teniendo en cuenta que una vez que se llega a la Casa Blanca el candidato debe de aceptar toda una serie de limitaciones en su mandato, empezando por las impuestas por el Congreso?-. En esta ocasión optaré por flirtear con dicha personalización y me fijaré en un sujeto concreto dentro del PSOE, aunque sea de un modo anecdótico. Se trata de Antonio Hernando Vera, reconocidísimo portavoz de grupo parlamentario socialista en el Congreso.

El sábado, Gabriel Rufián, representante de ERC, contra quien se volcó en bloque los representantes de la gran coalición, llamó “traidores” a los socialistas que aceptaron el mandato de la gestora y optaron en consecuencia por la abstención. La historia del PSOE es para muchos, en especial aquellos más cercanos a la izquierda, una historia de continuas traiciones, que han pasado por medidas tales como el abandono del marxismo-leninismo, los GAL, la entrada en la OTAN, la reforma del artículo 135 de la Constitución, etc. Lo cierto es que Rufián estaba simplemente representando a todos aquellos catalanes de izquierdas e independentistas para los cuales el PSOE perdió toda credibilidad años atrás, de tal modo que solo cabe presentarlos como traidores a la izquierda y partícipes de un régimen incapaz de gestionar la cuestión catalana. No les estaba insultando, simplemente esgrimía un determinado tipo de argumentario político. De hecho, lejos de presentar una idea estrambótica, se trataba de algo que ya puso Hernando en su propia boca el 11 de julio de este mismo año al sostener en una rueda de prensa que abstenerse en la investidura sería “traicionar” a sus 5 millones de votantes. ¿Aclarémonos, traicionaron sí o no? Como considero que dicha pregunta tiene una respuesta evidente me centraré en otra traición, la verdadera, la personal, la que escuece.

¿Qué hizo Hernando con su amigo Pedrito? Hace tan solo unas pocas semanas jugaban contentos en el patio de Ferraz y aseguraban que serían duros contra el delegado de la clase, y no le darían su apoyo de forma alguna. Marianito estaba asustado, y no conseguía convencerlos ni ofreciéndoles algunas golosinas con el propósito de no tener que celebrar de nuevo una votación. La crítica situación fue abordada por el dire de la escuela, Felipín, quien, con ayuda del profe Juan Luis, fue capaz de convencer amablemente a Hernando, sin presión alguna, por supuesto. A partir de ese momento se consumó la verdadera vendetta del segundo del candidato socialista a delegado, de tal modo que permitió a Marianito volver a delegadear, con las consecuencias nefastas para la clase que eso acarreará, a la vez que no quiso acompañar a Pedrito al rincón de los castigados: no quiso acompañar a quien hizo que pasara de simple alumno a portavoz. Da igual, Susanita ahora será quien comparta confidencias y juegos con él. Ya solo nos queda ver si Pedrito es capaz de seguir erosionando la cohesión interna del grupo de amiguitos socialiastas por medio de su campaña a lo largo y ancho del cole para ganarse la confianza de cada alumno.

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