Los negocios de la Corona con Arabia Saudí, la teocracia que viola sistemáticamente los DDHH

El Rey Felipe VI viajará a Arabia Saudí el 12 y el 14 de noviembre para desbloquear un contrato de más de 2.000 millones entre Navantia, sociedad pública dedicada a la construcción naval militar, y Riad.

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Por todos es conocida la buena relación existente entre los borbones españoles y los monarcas sauditas. Se trata de un idilio nunca cuestionado, y que fácilmente se legitima debido al interés económico de nuestro país en las inversiones que pueda llevar a cabo el país arábigo. En este caso se trata de una visita, que se producirá entre el 12 y el 14 de noviembre, y que tratará de desbloquear un contrato de más de 2.000 millones entre Navantia, sociedad pública dedicada a la construcción naval militar, y Riad.

Esta es una de las tremendas bondades del fin de la interinidad del gobierno: el Rey ya puede de nuevo representar a España en el ámbito internacional de forma continua, lo que le permitirá atender a una visita que estaba programada inicialmente para mediados del pasado febrero. Acompañado de tres ministros y 28 empresarios, el monarca español llevará a cabo una negociación con uno de los pocos regímenes del planeta que se atreve sin miramientos a reconocer que no acepta reglas democráticas de tipo alguno. Cabe destacar que en el Democracy Index de 2015, estudio anual llevado a cabo por la revista The Economist en un intento por evaluar la calidad democrática de los países del mundo, Arabia Saudí ocupa el puesto 160 de 167, considerado de este modo como uno de los países más autoritarios del planeta. Finalmente, se trata de un gigantesco país cuya forma de gobierno es la monarquía absoluta, un régimen que se permite, entre otras cosas, vulnerar casi la totalidad de los derechos humanos, hasta tal puno que Amnistía Internacional ha pedido en numerosísimas ocasiones que se le expulse del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, cuya participación está prevista entre 2013 y 2016.

De hecho, la asistencia del Rey no solo se retrasó debido a la interinidad del Gobierno sino también a causa de la reciente ejecución en Riad de 47 personas, entre los que podemos encontrar al clérigo chií Nimr Baqr al Nimr. Lo que debería convertirse en razón más que suficiente para revisar las relaciones entre nuestro país y semejante régimen, fue pasado por alto por parte de la opinión pública de una manera incluso frívola. En este sentido cabe señalar las palabras del periodista de ELPAÍS Miquel Alberola, para quien “La posible presencia del Rey en Arabia Saudí en aquel momento se convirtió entonces en munición del debate político.” Donde se dice “munición del debate público” debía haberse escrito ciertamente “consenso en torno al fin de las relaciones comerciales con los sauditas”. Resulta todavía más curioso como dicho periodista presenta su sorpresa ante lo que es una petición más que legitima: “Podemos, que ahora se ha convertido en la tercera fuerza parlamentaria española, incluso puso en tela de juicio los contratos firmados por empresas españolas con este país, como Adif y Renfe para llevar el AVE a La Meca.” Parece que las fuerzas políticas españolas deben tener la misma cercenada capacidad para expresar su descontento con Arabia Saudí que la que tienen los súbditos de Salmán bin Abdulaziz, el rey saudita. Censurémonos, no vaya a ser que perdamos contratos para nuestras empresas.

Como ya dijese Richard Bennett, director de la oficina de Amnistía Internacional ante la ONU, “Lo que es especialmente escandaloso es el ensordecedor silencio de la comunidad internacional, que ha cedido una y otra vez a la presión de Arabia Saudí y ha antepuesto los negocios, las armas y los acuerdos comerciales a los derechos humanos a pesar del historial de este país de comisión de violaciones graves y sistemáticas de derechos humanos con total impunidad.” Se trata de algo fácilmente comprobable en el caso español, cuya opinión pública se felicita por ver que los reyes Felipe VI y Salman bin Abdulaziz dan continuidad a la amistad que durante años han mantenido fielmente sus antecesores, Juan Carlos I y Abdalá bin Abdelaziz. Nada de lo que sorprendernos si atendemos al hecho de que España lleva condecorando a reyes sauditas desde tiempo atrás, con distinciones tales como el Collar de la Orden del Mérito Civil, la Insigne Orden del Toisón de Oro o la Gran cruz de la Orden del Mérito Civil.

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo.

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