España anhela una legislatura larga del PP

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Leopoldo de la Serna Rivera. Analista financiero y empresario.

En primer lugar he de pedir disculpas por todo el tiempo que he estado sin hacer uso de mi pluma, es decir, dejando a España a merced de aquellos que no quieren devolverla a la posición de grandeza que le corresponde históricamente. Ciertamente he podido, durante la interinidad del Gobierno, dejar de un lado mi faceta como creador de opinión y así poder centrarme en mis actividades económicas, aquellas que garantizan que el país cuente con la suficiente actividad como para que el paro se siga reduciendo a un ritmo tan extraordinario como el presente. Podría añadir, en cualquier caso, que mi periodo de inactividad periodística ha venido motivado de igual forma por la prudencia que requería un tiempo de inestabilidad, un periodo en el cual, a causa del egoísmo de los partidos izquierdistas, los ciudadanos hemos sufrido la incapacidad para tomar medidas de un gobierno en funciones, o lo que es lo mismo, maniatado.

Ese tiempo pasó, afortunadamente. Ya tenemos un nuevo gobierno, gracias desde luego al Partido Popular, ese partido cuyo poderío mostrado en la victoria en las tres últimas elecciones generales hace quedar en ridículo a aquellos insensatos que niegan su legitimidad para gobernar. Tenemos gobierno además, aunque en menor medida, gracias al atisbo de cordura de la parte sensata del PSOE, aquella que cuenta con el necesario sentido de Estado y que es consciente de que no atesora los sufragios suficientes como para encabezar un gobierno. Entramos de este modo en una etapa de normalidad durante la cual deberemos profundizar en las reformas que han hecho posible que España crezca de nuevo. Debido de hecho a la necesidad de mantener dicho ritmo de avance es necesario que el sentido de Estado al que aludo no deba limitarse tan solo a la abstención que ha hecho posible la llegada de un nuevo gobierno, formado por preparadísimos estadistas y gestores, sino que debe responsabilizarse de garantizar una legislatura larga que permita la necesaria estabilidad. Respecto del nuevo Gobierno conviene tener en cuenta que en el mismo tienen cabida mujeres, pero no por  el mero hecho de serlo, como así pretenden algunos, sino por el contrario con la preparación adecuada como para ocupar puestos de tal responsabilidad, como es el caso de María Dolores de Cospedal, cuya buena labor al frente de la Secretaría general del Partido Popular le ha brindado la oportunidad de liderar un ministerio tan importante como el de Defensa. No me cabe duda de que uno de esos muchos méritos que han hecho de Cospedal una perfecta candidata fue la forma en la que brillantemente transmitió a la ciudadanía el modo en el que se pactó la indemnización en diferido del delincuente Bárcenas.

De cara a garantizar que la parte sensata del PSOE triunfe sobre los sanchistas y su cercanía con aquellos que quieren romper España, es necesario que la gestora sea capaz de mantener cohesionado el partido y evite escenas tan lamentables como la ruptura de disciplina de voto acontecida en la votación de la investidura. Los que a lo largo de estos días han sido conocidos como “díscolos” son en realidad verdaderos antisistema, irresponsables incapaces de darse cuenta de las nefastas consecuencias que sus acciones pueden acarrear. Su decisión, que dicen emanada directamente del corazón, muestra sin lugar a dudas su incapacidad para actuar debidamente en la gestión de lo público. No debe sorprendernos si tenemos en cuenta que provienen en su mayoría del PSC, un partido que coquetea insistentemente con la necesidad de llevar a cabo un referéndum que de la posibilidad de quebrar nuestra querida unidad nacional. Por tanto, si la gestora quiere que el PSOE se mantenga como principal fuerza de la oposición, debe castigar duramente a aquellos que se consideran por encima de la disciplina que impone la organización, y, como decía el portavoz de la gestora, Mario Jiménez, en ‘Herrera en COPE’, “El PSOE no debe subordinar su estrategia a la de los populistas”.

  1. No estoy de acuerdo.

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