El retorno de lo político

olmocalvo_spanishcrisis_020

y

 La victoria de Trump marca un punto de inflexión geopolítico que ha hecho que muchos empiecen a hablar de la era populista, escandalizados por la irrupción avasalladora del magnate neoyorquino en la capital del Imperio. Conviene, ante acontecimientos de esta magnitud, pararse a pensar en las causas y las consecuencias. Algunos llevamos años teorizando y pronosticando cómo la difuminación de las fronteras políticas en el progresivo consenso al centro conllevaría un “retorno de lo político” entendido como antagonismo entre proyectos políticos radicalmente distintos. En la medida en que la “Tercera Vía” –aplicada en los partidos socialdemócratas tradicionales– aceptó la hegemonía neoliberal, allanó a su vez el camino a una ló- gica populista que reinstituyera “el pueblo” como sujeto colectivo. Qué contenido o significado adquiriera éste marca la diferencia fundamental: la irrupción del pueblo en una articulación discursiva no basta para aunar en una misma categoría y los ejemplos van desde Trump, Le Pen o Podemos.El populismo de derechas guarda similitudes y reminiscencias con el fascismo de los años 30, pero su categorización teórica como tal esconde más de lo que enseña. El populismo de derechas plantea soluciones nuevas a problemas nuevos en un mundo globalizado y no parece ser una ofensiva oligárquica para acabar con todos los contrapesos de la democracia liberal y sustituirla por un régimen totalitario. Trump es un populista de derechas en el sentido que representa y canaliza una serie de demandas y subjetividades que habían quedado alejadas o invisibilizadas por el establishment de Washington. Ahí están el empobrecimiento de las capas populares, la crisis de expectativas de la clase media blanca, la pérdida de hegemonía mundial respecto a China y la decadencia de los elementos tradicionales de identidad como masculinidad, raza, familia o religión. Cada barbaridad de Trump ha sido interpretada por amplios sectores de la población como un golpe a lo “políticamente correcto”, que ha pasado de representar un lenguaje emancipado a un consenso cultural de las élites tradicionales. Esto es un síntoma de la pérdida de hegemonía cultural de las clases dirigentes en Estados Unidos y explica cómo Trump ha conseguido condensar elementos provenientes de los sectores subalternos en una figura que representa mejor que nadie “el sueño americano”, con todos sus claroscuros pero con un evidente componente aspiracional. Los resultados de las elecciones en Estados Unidos no representan tanto la victoria de Trump como la derrota del establishment personificado en Hillary Clinton.

En España es impensable que gane un Trump gracias a la vacuna democrática que supuso el 15-M y en la medida en que Podemos siga siendo una fuerza popular y transversal

La clave política es reconocer que las mismas demandas e identidades excluidas por el establishment podrían haber sido resignificadas y rearticuladas en un sentido radicalmente contrario y progresista, como hizo Bernie Sanders. Só- lo él podría haber disputado realmente la campaña a Trump: “A future you can believe in” es el reverso de “Make America great again” porque ni se repliega en el rechazo moral ni en la política resistencialista, sino que asume el reto de combatir políticamente en el mismo terreno, atacando el populismo de derechas donde más le dolería, en la rearticulación de sujetos y pasiones colectivas. Lo único capaz de desplazar un deseo es otro deseo, aún más fuerte y opuesto. No debería sorprender que un porcentaje tan alto de negros, latinos y mujeres haya votado a Trump, igual que una gran parte de la clase obrera que hace dé- cadas tenía el carné del Partido Comunista Francés hoy vote a Le Pen. Cualquier análisis riguroso debería partir de este carácter profundamente flotante y volátil: si no construimos pueblo nosotros lo harán ellos. En España es impensable que gane un Trump gracias a la vacuna democrática que supuso el 15-M y en la medida en que Podemos siga siendo una fuerza popular y transversal. Las “políticas concretas” seguirán siendo condición necesaria para ganar, pero ya no suficiente. En la medida en que las élites tradicionales sigan atrincherándose en la tecnocracia, la hegemonía seguirá de parte del poder neoliberal, pero el espacio contra-hegemónico se lo disputarán las fuerzas populistas de derecha e izquierda.

*Pablo Bustinduy, secretario de Relaciones Internacionales de Podemos y diputado en el Congreso por Madrid y Adrià Porta, especialista en discurso de la Secretaría Política de Podemos

** Fotografía de Olmo Calvo durante las manifestaciones del 15M

Publicado en el siglodeuropa.es

Etiquetado Como

Deja un comentario