No se equivocaron; te mintieron

 

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Hace poco más de una semana presentábamos en El Desperttador un artículo en torno a la cobertura que de las elecciones EEUU había hecho la prensa española. Mientras en nuestro país todos los medios se afanaban por presentar a Clinton como la única candidata con opciones de salvarnos del infierno que podría suponer la elección de Trump, la prensa estadounidense se encontraba dividida entre partidarios del republicano y partidarios de la demócrata. Huelga decir que los medios que apoyaban a esta última no les cabía duda alguna de que ésta ganaría las elecciones, como es el caso de The New York Times, periódico que ha sufrido una serie de cancelación de sus suscripciones debido a la incapacidad de anticipar el resultado, como así reconoció Jim Rutenberg, columnista del medio, en el foro internacional del Paley Center que se celebra durante estos días en la Ciudad de México.

Como ya dijéramos en el artículo de hace una semana, el triunfo de Trump solo fue inesperado para todos aquellos que se van visto bajo el influjo de unos medios de comunicación destinados a hacer de Hillary, la candidata del Wall Street, la única candidata mentalmente sana.

Para tratar de acercarnos al fenómeno que supone una reunión de las grandes agencias de periodismo del mundo tomaremos como referencia una noticia publicada en El País, que muestra ampliamente el poder de estos conglomerados mediáticos. El inicio de la noticia resulta muy esclarecedor: “El INESPERADO triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses acaparó buena parte de las discusiones del foro internacional, que reúne anualmente a los directivos de las principales empresas de comunicación y el entretenimiento en el mundo.” Como ya dijéramos en el artículo de hace una semana, el triunfo de Trump solo fue inesperado para todos aquellos que se van visto bajo el influjo de unos medios de comunicación destinados a hacer de Hillary, la candidata del Wall Street, la única candidata mentalmente sana. Como ya denunciara Julian Assange, fundador de Wikileaks, los bancos, la Inteligencia, el sector armamentístico, el de divisas y otros muchos sectores apoyaban a Clinton. El error de Assange fue el de olvidarse de que, aunque, como bien sostenía, muchos medios emprendiesen una campaña contra el republicano, muchos otros se mantuvieron fieles a este, como es el caso de la FOX, el New York Post, NBC, Las Vegas Review-Journal (propiedad del magnate Sheldon Adelson), The Blaze y Drudge Report, entre otros, por no hablar de la fuerza de su campaña en las redes. De hecho, el director para Redes Sociales de Donald Trump, Daniel Scavino, ha sido durante la campaña más influyente que la cadena de televisión CNN, según William Powers, investigador del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Si sus predicciones resultan fallidas, aquellas predicciones que en realidad corresponden con sus deseos, solo tienen que sostener que se trata de un fenómeno extraño, imprevisible e incluso desajustado de la realidad, como si fuese consecuencia de la más incomprensible y oculta conspiración.

Si el inicio de la noticia antes citada es significativo, el título de la misma asombra por su poca sutileza: “Grandes medios entonan un ‘mea culpa’ tras la victoria de Trump”. De este modo El País, en lo que parece ser un ejercicio de honestidad involuntaria, viene a mostrar de una forma evidente cómo funcionan los medios de comunicación. Ciertamente no se dedican a mostrar cómo funciona la política o como debiera funcionar; no escriben con el propósito de ilustrar a la ciudadanía. Su único objetivo es obtener capital proveniente de una serie de gente que considera que dicho medio tiene una perspectiva ideológica afín. A partir del momento en que cuentan con suficiente prestigio y recursos como para convertirse en un actor relevante en la construcción de la opinión pública, manipulan la información de tal modo que sirva para el mantenimiento de sus intereses. Por ello, si sus predicciones resultan fallidas, aquellas predicciones que en realidad corresponden con sus deseos, solo tienen que sostener que se trata de un fenómeno extraño, imprevisible e incluso desajustado de la realidad, como si fuese consecuencia de la más incomprensible y oculta conspiración. Nunca aceptarán que Trump contaba con apoyos significativos o que era capaz de desplegar un discurso que respondía, aunque fuera desde nuestro punto de vista de todo nocivo, a ciertas demandas de los estadounidenses. En cambio, se limitarán a sostener que cometieron un error, uno justificable, ya que la mayoría de los medios sostenían lo mismo. Por tanto, ¿por qué los medios “entonan el mea culpa” tras la victoria de Trump? Lo hacen porque no fueron capaces de ser lo suficientemente influyentes como para que el pueblo estadounidense votase lo que ellos querían. En cambio, los medios españoles si fueron capaces de hacerte creer que Clinton era la candidata buena, o al menos la menos mala, y que por tanto debieras apoyarla. Ahora, una vez que Trump ha sido elegido, esos mismos medios se darán prisa en sostener que el candidato vencedor no es tan malo, que ya ha comenzado a moderarse, y que, si Obama dice que no debemos alarmarnos, no pasará nada malo. Al fin y el cabo, deberemos seguir siendo aliados de EEUU,… ¡aunque el presidente fuera el mismo demonio!

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo.

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