Hablemos del “antes” y “el durante” Fidel

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Durante estos días se suceden en nuestros medios de comunicación las críticas a los tibios homenajes que en nuestro país se están desarrollando en torno a la figura del Comandante Fidel Alejandro Castro Ruz (1926 – 2016). Parece imposible encontrar un testimonio que sea capaz de desarrollar un argumento en torno a lo que ha supuesto el castrismo en Cuba a los largo de estos más de 50 años. Resulta desgarrador oír una y otra vez a la derecha mediática (y a esa falsa izquierda que rescata a la banca y entrega gobiernos al PP) insistir una y otra vez que el dictador fallecido no merece reconocimiento alguno. Considerar a Castro como un dictador es algo tan común que ni se pone en cuestión y que tanto cuesta negar ante esta ola de incapacidad crítica que nos inunda. Por tanto, optando por no tomar partida a lo largo de este artículo en torno a la legitimidad democrática del mandatario cubano, me dedicaré a tener en cuenta algunos de los más evidentes logros de los “barbudos”.

¿Cómo era Cuba en los años 50? Nadie quiere saberlo en la España de hoy día, de modo que pongámonos a la tarea de remover esa historia que otros no quieren recordar (ya saben, la izquierda que da el coñazo con los abuelos que siguen en las cunetas). La Constitución cubana de 1940 se presentaba como una vuelta a la democracia tras la dictadura de Gerardo Machado, lo cual suponía en la práctica el mantenimiento de la exclusión de una gran parte de la población de la política y la represión continua sobre los miembros de los partidos en la oposición, asesinatos de muchos de ellos incluidos. El principal responsable de dicha represión fue Fulgencio Batista, quien, valiéndose de su liderazgo dentro de las Fuerzas Armadas, dio un golpe de Estado el 10 de marzo de 1952 ante la imposibilidad de que su candidatura ganase las elecciones. Para legitimar la dictadura, se organizaron unas fraudulentas elecciones el 1 de noviembre de 1954, en las cuales se erigió como ganador Batista por medio del uso del chantaje, la intimidación y el fraude. Ante esto casi todos los partidos políticos del país retiraron sus candidaturas.

Durante la dictadura de Batista las empresas privadas estadounidenses dominaron la economía de la isla.

Durante la dictadura de Batista las empresas privadas estadounidenses dominaron la economía de la isla. Ejemplo evidente de ello es el aumento excesivo concedido a la tarifa telefónica, servicio proporcionado por una empresa estadounidense (como casi la totalidad de la actividad económica). Además, para que Batista fuera capaz de mantener su poder, el Gobierno estadounidense le proporcionó armas en numerosas ocasiones, manteniendo de este modo su gobierno títere. En este sentido, la principal aspiración de EEUU era mantener a Cuba bajo el control de Batista debido a la fuerte oposición del dictador al comunismo, precisamente en un período de máxima tensión de la Guerra Fría.

El gobierno de Batista siempre estuvo dispuesto a pactar con la mafia estadounidense para que construyesen una red de hoteles y casinos a lo largo de todo el malecón habanero a cambio de un suculento botín. No es casualidad que este episodio haya trascendido el ámbito de lo real y haya tenido su eco en la ficción: en El Padrino II, Michael Corleone viaja a la isla interesado por el intento de Batista de “atraer inversiones”. Dejando de lado lo anecdótico, lo cierto es que el gobierno de Batista se caracterizó por acarrear una pérdida del poder adquisitivo del pueblo, un acercamiento constante a EEUU, una apuesta por el turismo estadounidense, el aumento del hambre, la prostitución y los juegos de azar, y sobre todo, por una escandaloso uso de la represión ejercida por parte de las fuerzas militares y paramilitares. Las libertades de expresión, reunión y huelga fueron liquidadas y se estableció la pena de muerte.

El avance del país respecto de los tiempos anteriores a la revolución lo podemos ejemplificar a través de dos de los fundamentales servicios en el desarrollo de una vida digna, como son la educación y la sanidad.

En medio de ese caldo de cultivo, el 1 de enero de 1959 los revolucionarios llegan a La Habana, en la cual se daba un vacío de poder con el abandono de la isla del dictador. A partir de este momento la historia de Cuba experimentaría un giro de 180 grados. El avance del país respecto de los tiempos anteriores a la revolución lo podemos ejemplificar a través de dos de los fundamentales servicios en el desarrollo de una vida digna, como son la educación y la sanidad. No es casualidad que Cuba se encuentre en un nivel alto respecto del IDH: 0,769 (siendo el quinto país latinoamericano). Si en el año 1959 los niveles de analfabetismo rondaban el 30%, a partir de los años setenta este había desaparecido casi por completo, y en mayo de 2008, la UNESCO colocó a Cuba en primer lugar entre los países de América Latina en su informe sobre Educación para Todos, ocupando el puesto 23 en la clasificación mundial. No se trata de una casualidad: en Cuba la educación es gratuita, desde los centros primarios a las universidades.

En la sanidad la gratuidad es también una constante. En cambio, como muestra Sicko (2007), la película documental de Michael Moore en torno a la sanidad en EEUU, en la superpotencia norteamericana es necesario contar con un seguro médico, los cuáles se adquieren por un precio desorbitado, si se quiere tener cobertura media. De hecho, el documental termina con el director del mismo acompañando a Cuba a un grupo de estadounidenses para tratar de recibir la atención que sus enfermedades merecen y adquirir (por un precio módico, debido a las subvenciones) los medicamentos que en EEUU se venden a precios astronómicos. Podríamos tener en cuenta además otros verdaderos logros como una esperanza de vida de 79 años o aparecer como el único país del mundo con un desarrollo sostenible (según WWF). ¡Y todo esto ha sido posible a pesar del embargo estadounidense del que nadie quiere hablar!

Resulta muy satisfactorio saber que ni los adalides de la manipulación mediática han podido silenciar a los miles de cubanos que se han acercado a la Plaza de la Revolución a rendir un último homenaje su líder.

Para finalizar debemos subrayar el amor y el respeto que el pueblo cubano ha profesado durante todo este tiempo a su comandante. TVE, durante su cobertura del fallecimiento de Fidel, no ha sido capaz de encontrar en La Habana a más de dos personas anticastristas que no lideren algún movimiento de oposición, hasta tal punto que han querido dar más difusión a los pocos cientos de derechistas y ricos cubanos “exiliados” en Miami. Algo similar le ha pasado a Carlos Herrera en la COPE, que, entrevistando al opositor Norberto Fuentes se ha encontrado con frases como esta: “Ése país [antes de Fidel] era una reverenda mierda, no servía para nada. Cuando llegó Fidel triunfó y convirtió un país de mamboleta, de prostitutas, de tahúres y de americanos y lo convirtió en una de las naciones más importantes del mundo.” Resulta muy satisfactorio saber que ni los adalides de la manipulación mediática han podido silenciar a los miles de cubanos que se han acercado a la Plaza de la Revolución a rendir un último homenaje su líder.

Miguel Fernández de la Peña. Politólogo.

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  1. Miguel Fernandez, muy buen artículo, lo imprimare para que más de cuatro desinformádos o peor todavía, mal informados por nuestra prensa vendida y al servicio de los poderosos. Un saludo, Miguel Fernandez

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