La hidra de Génova

Manuel Báez Duarte, miembro de Comunicación de Ahora Madrid y miembro de Podemos

Tras la dimisión de Esperanza Aguirre e Ignacio González, miembros destacados del Partido Popular de Madrid, cabría preguntarse si el Sol se está poniendo en Génova, señalando el irremisible principio del fin de la formación aviar, cuya gaviota parece estremecerse en los hilillos de chapapote a los que su presidente hacía referencia en el caso Prestige.

Sin embargo, cometeríamos un error de calado si diéramos por muerto a un partido que ha logrado sobrevivir a holocaustos que habrían destruído a cualquier formación, capitalizando mantras que repiten una y otra vez y convirtiéndolos en materia de estudio religioso. “Buenos gestores”, “política responsable” o “eficiencia” son algunas de las etiquetas que se adjudican a sí mismos y que, por algún motivo, parece pasar a formar parte del imaginario colectivo.

La corrupción parecía haber acabado con el partido de Mariano hace mucho tiempo, ya por la época del 15M, igual que un año antes de las elecciones del 20 de diciembre. Sin embargo, el PP es especialista en regar el campo institucional de cadáveres políticos, mártires que sacrifican por la causa y son sustituidos por otras figuras que la formación capitaliza hasta el siguiente escándalo por corrupción.

Vivimos ese proceder con Bárcenas, Rato, Gallardón… y lo vivimos hoy con otras figuras populares como Aguirre o González. Uno de los lemas reactivos del PP consiste en derivar la responsabilidad únicamente hacia el señalado, nunca hacia su equipo, de forma que la corrupción quede circunscrita a un área determinada, como un ganglión, sin afectar al tejido político que la rodea. Pero una y otra vez la realidad nos demuestra que se trata de una estratagema. O bien son realmente corruptos, o bien todos los dirigentes del PP son tan ineficientes que no se percatan de la actuación de los otros miembros del partido, así como de la desaparición de millones y millones de euros.

Sea cual sea el motivo, es evidente que no merecen la confianza de la ciudadanía y que se trata de una estructura de corrupción sistémica y generalizada, con una clara estructura de protección y sacrificio cuando llega el momento de señalar a los cabezas de turco, aunque en este caso Roma sí paga a traidores.
Una vez más, el Partido Popular nos hablará de la bondad de Cifuentes, que formó parte del consejo de administración donde González instauró una trama que costó millones y millones de euros a la ciudadanía de Madrid, utilizando el Canal Isabel II para beneficio privado de sus amigos, los amigos del PP.

Por eso, es clave señalar que no se trata de Esperanza Aguirre, de Rato, de Aznar, de Bárcenas o de González. Que no se trata de Cifuentes, que también es culpable y ha formado parte de una trama corrupta, y aprendido “la buena gestión” de sus predecesores. Ni siquiera se trata de Rajoy. Se trata de un partido que se comporta como una organización criminal, que manipula las palabras, el lenguaje y los hechos con maestría. Un partido admirable en cuanto a tácticas para mentir se refiere, un caso de sociopatía que haría las delicias de la estructura publicitaria de Goebbles, al que se refería, irónicamente, la propia dimisionaria.

Por supuesto, nadie sabía nada. Nadie sabe nunca nada

 

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